Tillerson y la doctrina imperial permanente

*Nicolás Canosa.

*Nota publicada en Motor Económico.

Simón Bolívar advirtió en 1829 en carta al Coronel Campbell que “los Estados Unidos parecen destinados por la providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad”. Seis años atrás, en el país del norte, se establecía la Doctrina Monroe, en la cual se afirmaba que “América debía ser de los americanos”. Bajo la presidencia de Monroe se construyó esta doctrina que respondía a la geopolítica del poder de comienzos de siglo XIX, donde se observaba un claro conflicto que perdurará por décadas entre los intereses de los Estados Unidos y los de las potencias europeas. La Doctrina Monroe establecía que en caso de que países europeos buscasen colonizar algún país de América, los Estados Unidos podrían tomar como una agresión e intervenir en consecuencia. No obstante, el sentido real que adquirió carácter permanente en relación a los países latinoamericanos fue la búsqueda de someter e intervenir en función de los intereses económicos de las empresas norteamericanas y en instalar gobiernos afines a los intereses geopolíticos imperiales.

Rex Tillerson, Secretario de Estado de la presidencia de Donald Trump, visitará en los primeros días de febrero México, Argentina, Perú, Colombia y Jamaica. Antes de emprender el viaje, dio un discurso en la Universidad de Texas sobre la situación en América Latina.  Allí afirmó que “en ocasiones nos hemos olvidado de la Doctrina Monroe y lo que significó para el hemisferio. Es tan relevante hoy como lo fue entonces”. Luego de esta afirmación no debieran quedar dudas de las intenciones imperialistas que se esconden bajo el discurso hipócrita basado en que sus acciones se dirigen a fortalecer “la democracia, la libertad y el respeto a los derechos humanos”. Justo días después en que Trump reafirmó la existencia de la base ilegal de torturas, asesinatos y detenciones de Guantánamo, Cuba. Como un castillo de naipes debiera caerse el argumento sobre la defensa de la democracia, cuando el primer país en visitar por Trump ha sido la monarquía de Arabia Saudí, país con el cual se concretaron acuerdos multimillonarios en provisión de armamentos y que, como el propio Kissinger admite, ha armado a diversos grupos terroristas para conservar o acrecentar su poder regional[1]. En rigor, estas apelaciones discursivas constituyen un apoyo simbólico y un modo de encubrir/legitimar los juegos táctico-estratégicos que despliega Estados Unidos en función de conservar, expandir y robustecer su dominación mundial, ya no tan sólida como quisieran. Develar los modos en que esto se desarrolla debiera ser lo fundamental de un pensamiento geopolítico latinoamericano autocentrado.

Pasemos entonces a reflexionar acerca de la geopolítica y juegos de poder que se pueden traslucir del discurso de Tillerson y las intenciones de EEUU hacia la región. Considero dos aspectos sobresalientes para analizar desde esta óptica.

  1. En términos regionales, la centralidad en la agenda de la situación en Venezuela. Con soberbia imperial, adelantó que: “Si la cocina se calienta demasiado para él (Maduro), estoy seguro de que tiene algunos amigos en Cuba que le pueden dar una linda hacienda sobre la playa y él puede tener una vida agradable allá”[2]. Es posible prever que en las conversaciones con mandatarios presidenciales y cancilleres de los países sudamericanos será un tema infaltable. Ya en México y Argentina conquistó apoyos para la cruzada y fue tema de agenda en las diversas reuniones que el Secretario de Estado realizó con las autoridades de cada país. Si bien el gobierno de Macri no recibió señales de solución a los problemas de carácter económico-comercial con EEUU –biodiesel, limones, cerdo-, si se llevó las felicitaciones del Secretario de Estado por complacer los intereses geopolíticos de la potencia del Norte: “Con el presidente Macri la Argentina ha vuelto a emerger como un aliado para la defensa de la democracia y el estado de derecho. Valoramos el liderazgo y la promoción de la democracia en particular en el caso de Venezuela”[3].

A sabiendas del llamado a elecciones presidenciales para abril de 2018, las acciones dirigidas a impedir la reelección de Nicolás Maduro, quien oficializó su candidatura presidencial el 4 de febrero, comienzan a aparecer con notable centralidad. No es gratis ser la principal reserva de petróleo crudo del mundo. Como sostiene Klare: “considerar el sistema internacional en términos de recursos en disputa ofrece una guía a posibles zonas de conflicto en el siglo XXI”[4]. Además, Venezuela fue el promotor fundamental del proyecto latinoamericanista soberano, ubicándose en las antípodas del panamericanismo/monroísmo imperial.

  1. En términos de disputa geopolítica mundial, se destaca la alusión a la creciente influencia China y Rusia en la región. Las tensiones del mundo multipolar en ciernes aparecen en las preocupaciones nodales del Secretario de Estado. En este sentido, remarcó los estrechos lazos económicos con China de varios países de la región –con Brasil, Chile, Argentina y Perú es su primer socio comercial-, señalando a la potencia rival como “potencialmente depredadora” y argumentando que quieren llevar la región a su órbita. En relación a Rusia, alertó por los vínculos en el ámbito militar, a través de la venta de equipamiento y armas”. Remató afirmando que “la región no necesita nuevos –el subrayado es mío- poderes imperiales”.

Ya en su visita a México pidió “prestar atención” ante posibles injerencias rusas en las elecciones. Manifestando que “nosotros sabemos que Rusia tiene tentáculos en diferentes elecciones en el mundo, por lo que nos han compartido nuestro colegas europeos, y mi consejo para México es que preste atención a lo que está pasando”[5].

Por último, hay que señalar “la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo” como otro de los temas que atravesarán la gira de Tillerson. En este sentido, si bien se concentra la cuestión en México y Colombia, en Argentina cobra importancia ya que este es el modo de justificar los acuerdos en materia de seguridad y defensa.

Un presente cargado de historia

Bolivarismo o monroísmo; Estado continental industrial, como planteaba Methol Ferré, o balcanización en decenas de repúblicas, como ocurrió por la acción británica y nortamericana y las oligarquías locales; Patria Grande o Patria Chica. Regionalismo neoliberal-globalizante o unidad e integración continental soberana. Una tensión, una disputa que invoca la Historia, que domina la escena del presente y que será decisiva para el futuro de nuestra comunidad latinoamericana y caribeña.

Las aseveraciones de Tillerson acerca de revitalizar la Doctrina Monroe están cargadas de historia, con claras muestras de las intenciones de reasegurarse el dominio de una región riquísima en recursos naturales claves como petróleo, litio, agua, entre tantas materias primas y alimentos que abundan en nuestra región. El Secretario de Estado viajará a lo que consideran su “patio trasero”, que si bien ha experimentado sucesos que inclinaron la balanza hacia el interés norteamericano y de las corporaciones transnacionales en los últimos años, mediante golpes de Estado mediático-legislativo-judicial o por las urnas, se encuentra en disputa y atravesada también por los juegos y disputas geopolíticas de poder a nivel mundial.

Quienes nos sentimos herederos, pertenecientes y portadores del pensamiento nacional y latinoamericano no podemos dejar de recordar las palabras de Perón en La hora de los pueblos, libro publicado desde el exilio, donde sostenía que:

“La integración continental de la América Latina es indispensable: el año 2000 nos encontrará unidos o dominados, pero esa integración ha de ser obra de nuestros países, sin intervenciones extrañas de ninguna clase (…) es indudable que el imperialismo yanqui se opone solapadamente a la integración latinoamericana, porque su política ha sido siempre la de separar para reinar”[6].

No fallaba tampoco el mexicano José Vasconcelos cuando planteaba que había dos ideales que atraviesan la historia de nuestro continente desde la etapa de la independencia: el bolivarismo y el monroísmo[7]. Uno de carácter soberano, que como diría Bolívar, busca “la mayor suma de felicidad posible” para nuestros pueblos y otro de carácter colonialista, imperial y explotador. Es una verdad que puede comprobarse en las consecuencias reales que estos proyectos políticos han tenido en la vida social y política de nuestros países. La gira de Rex Tillerson por Nuestra América representa una continuidad histórica en la política exterior norteamericana y es una evidencia de que el imperialismo no es categoría vieja y extinta sino que está vivo y con enorme capacidad destructiva.

* Nicolás Canosa. Director de Relaciones Internacionales del CENACK-Peronismo Militante e integrante de la Comisión de Integración Regional y Asuntos Internacionales del Instituto Patria.

 

[1] KISSINGER, Henry (2014). Orden Mundial. Buenos Aires: Debate.

[2] Recuperado de: https://www.lanacion.com.ar/2105939-advertencia-de-eeuu-por-la-creciente-presencia-de-china-y-rusia-en-la-region

[3] Recuperado de: http://www.ambito.com/911493-macri-recibio-a-tillerson-en-olivos-con-la-relacion-comercial-como-eje

[4] KLARE, M. (2001): La nueva geografía de los conflictos internacionales. Foreign Affairs.

[5] Recuperado de: https://actualidad.rt.com/actualidad/261847-rusia-tiene-tentaculos-tillerson-eeuu-m%C3%A9xico

[6] PERÓN, Juan Domingo (2012). La hora de los pueblos. Buenos Aires: Ediciones Fabro.

[7] VASCONCELOS, José (2014). Bolivarismo y monroísmo. Temas ibero-americanos. Remedios de Escalada: Ediciones de la UNLa.