Sucesos argentinos desde una perspectiva geopolítica prospectiva: Complejo securitario-digital, espionaje global y pos-verdad (o la gran mentira)

*Por Nicolás Canosa

Introducción

Las intercepciones a las conversaciones telefónicas, nada menos que a la ex presidenta Cristina Kirchner, que filtran sectores del poder judicial y luego son materia prima de operaciones mediáticas, dan cuenta de la gravedad político-institucional del espionaje, como también demuestra la ausencia de privacidad real de la ciudadanía en las comunicaciones actuales.

El fenómeno del espionaje global, el rol de los servicios de inteligencia y la vigilancia masiva en el marco de lo que se comienza a denominar como un “complejo securitario digital”, está abriendo nuevos escenarios para el “campo de la guerra” como para el “campo de la política”. En el caso particular de Estados Unidos, epicentro de este dispositivo que se despliega y consolida a nivel mundial, aquí se sostiene que no reemplaza sino que convive –y construye poder- junto al “complejo militar industrial”, término utilizado por Eisenhower en el discurso de despedida como presidente en 1961, advirtiendo del peligro de la “influencia injustificada” de este sector para el futuro de los Estados Unidos y  sus “posibles efectos desastrosos”[1]. Aquí abordaremos lateralmente y a modo de ejemplificación algunos hechos ocurridos en Argentina, Brasil, Bolivia y Colombia que evidencian como Nuestra América se encuentra en la mira de este “complejo securitario-digital”.

Realizar un diagnóstico y proyección en términos geopolíticos, culturales y militares es una tarea imprescindible para quienes creemos en la necesidad de una geopolítica de defensa regional para la paz y enmarcamos nuestra lucha por la liberación continental en el “campo de la política”, siguiendo la distinción entre éste y “el campo de la guerra” que realizará Jorge Bolívar en su libro Estrategias y juegos de dominación. En este artículo, nos centraremos en su dimensión geopolítica, abriendo la oportunidad para nuevas publicaciones acerca de las otras dos dimensiones mencionadas.

La comprensión del proceso de la mundialización, complejo si los hay, requiere del diálogo y de la intervención comprometida de referentes políticos e intelectuales, de la contribución y dedicación de diferentes disciplinas académicas, por caso la psicología y la sociología para analizar el impacto de ella en su dimensión socio-cultural. No se podrá entender el fenómeno de la “globalización” o “mundialización” en su profunda gravitación sin un estudio especial que nos sitúe en el hecho de estar transitando una acelerada revolución digital, en la cual las redes sociales poseen enorme trascendencia en la actualidad y podemos pronosticar que esta tendencia se elevará cada vez más durante el siglo XXI, tanto para el espacio personal y las relaciones sociales de los seres humanos, así como para los fenómenos políticos nacionales e internacionales.

El rumbo de la mundialización, como contrarrestar estas tendencias desde una lógica solidaria y humanista que no contribuya a la cultura del descarte[2], constituye un gran desafío para este siglo XXI, en el cual los pueblos que habitamos la Tierra, respetando y aceptando la pluralidad de identidades e historias, debemos ser los protagonistas.

 

PARTE I Proyección geopolítica: Complejo securitario digital, espionaje global y pos-verdad (o la gran mentira)

I Complejo securitario digital: “una arquitectura de la opresión”

Ignacio Ramonet, sostiene en su libro “El imperio de la vigilancia. Nadie está a salvo de la red global de espionaje”[3] que el ciber-espacio se constituye como un “quinto elemento”, dando lugar a nuevas formas de concebir la defensa y las estrategias de seguridad de un país/región y que, en efecto, ha nacido un nuevo complejo securitario-digital que adquiere cada vez mayor relevancia, el cual consiste en una alianza entre las mayores empresas privadas globales de la Internet y la principal potencia militar: los Estados Unidos. Complejo que, a mi criterio, lejos de suceder al complejo militar-industrial, convive y se potencia con él.

El espionaje, incluso masivo, no es nuevo. Ya luego de la segunda guerra mundial Gran Bretaña, Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda y Canadá habían diseñado un programa de intercepción de comunicaciones a nivel global (UKUSA). Lo que resulta destacable es la perfeccionabilidad, sofisticación y alcance de estos sistemas de vigilancia y de obtención de información tanto para la persecución/acción política como para los réditos de las empresas que comprando la información, conocen mejor los gustos e inclinaciones de los posibles consumidores. Categóricamente, el español sostiene que “en la era de Internet, la vigilancia se ha vuelto omnipresente y totalmente inmaterial, imperceptible, indetectable, invisible. Además, ya es, técnicamente, de una excesiva sencillez”[4].

Un hecho no menor es que la más conocida de las doce agencias de inteligencia de los Estados Unidos (la CIA) haya sido vulnerada, en apariencia por agentes propios, revelando miles de documentos secretos. Santiago O´Donnell nos resume que “se trata de una serie de instructivos, escritos en clave informática, con programas de virus y troyanos para pinchar con la última tecnología todo tipo de teléfono, computadora y televisor inteligente, incluyendo comunicaciones justo antes y después de ser encriptadas en smartphones de iPhone y Android por personas que pensaban que sus comunicaciones eran seguras precisamente porque eran encriptadas”[5].  Para tomar dimensión de lo que esto significa veamos la opinión de un dedicado en la materia: “Esto es como encontrar todo un cargamento de armas en el campo de batalla y tomarla (…) Es bastante decepcionante que permitiéramos que esto saliera a la luz (…) Realmente se reduce al hecho de que nuestros adversarios saben lo que estamos haciendo, lo que estamos usando” dijo Jeff Bardin, que trabajó en inteligencia con la Fuerza Aérea de los Estados Unidos y ahora CIO de la firma de seguridad cibernética Treadstone 71”[6].

Por otro lado, merece una breve caracterización otra de las agencias más importantes de Estados Unidos, que gracias a las revelaciones de Edward Snowden, hoy podemos conocer mayores elementos de su capacidad de despliegue. La Agencia de Seguridad Nacional (NSA) “emplea directamente a unos 30.000 agentes, y dispone de aproximadamente 60.000 personas más, reclutadas por empresas privadas. De todos los presupuestos destinados a los servicios secretos estadounidenses, el más importante es el de la NSA”[7]. Además, realizó acuerdos con decenas de empresas telefónicas, de ingeniería informática y electrónica y con servicios de inteligencia de otros países para obtener mayor y mejor cantidad de información.

Ante lo cual, se refuerza la advertencia que hicimos al comenzar el artículo y nos impone la necesidad de tomar conciencia acerca de los condicionamientos y ausencia de verdadera privacidad que nos traen las nuevas redes sociales y tecnologías de la comunicación, dominadas por grandes empresas de la comunicación y la web, sin responsabilidad real ante los usuarios.

Como señala Snowden, estamos ante una minuciosa y peligrosa “arquitectura de la opresión”. Esta es la esencia del complejo securitario-digital, que todo indica tendrá cada vez más incidencia en el siglo XXI.

II Espionaje político global

No podemos dejar de subrayar algunos acontecimientos que demuestran como el fenómeno del espionaje y de la infiltración de los servicios de inteligencia se vuelven centrales en el escenario geopolítico, condicionando las relaciones internacionales de los países, como también los movimientos en la escena política nacional.

Un caso paradigmático en nuestra región fue el espionaje masivo que realizó Estados Unidos mediante el programa de vigilancia de las comunicaciones de la NSA al gobierno de Dilma Rousseff en Brasil, develado por Edward Snowden, lo cual generó un conflicto diplomático y la suspensión de un viaje hacia el país del norte por parte de la presidenta destituida en el año 2016. El comunicado de la Presidencia brasileña fue contundente: “Las prácticas ilegales de interceptación de las comunicaciones y datos de ciudadanos, empresas y miembros del gobierno brasileño constituyen un hecho grave, que atenta contra la soberanía nacional y los derechos individuales, y es incompatible con la convivencia democrática entre países amigos”[8].

La política doméstica reciente de los Estados Unidos también se ve notoriamente conmovida por estos conflictos. Desde el período de campaña entre Trump-H. Clinton y el tiempo ya ejercido por el gobierno del magnate republicano, hasta la impactante filtración de documentos secretos de la CIA por parte de Wikileaks, en principios de marzo del 2017. Veamos.

Como sostuvimos en un artículo reciente[9] el principal factor explicativo de la derrota de Clinton es su vinculación directa con los sectores de poder que promovieron una globalización financiera que agudizó una tendencia desigual en el seno de la potencia mundial, que deterioró las condiciones de vida vastos sectores de la sociedad norteamericana. No obstante, hubo otros condimentos que contribuyeron a limar su figura y facilitar el ascenso de Trump. En este sentido se inscriben las filtraciones de Wikileaks a la cuenta de correo electrónico de Hillary, desnudando posibles casos de corrupción en la Fundación Clinton, de donaciones millonarias de países extranjeros (Qatar) mientras ejercía como Secretaria de Estado de Obama y el saboteo a Bernie Sanders, candidato que disputó la interna demócrata[10]. Sumado a esto, afectó directamente once días previos a la elección del 8 de noviembre, cuando el FBI “descubre” correos electrónicos comprometedores de Clinton y se propone investigarlos.

La respuesta del Partido Demócrata durante y después de la derrota ha sido indicar que la Rusia de Vladimir Putin estuvo detrás de escena favoreciendo la llegada de Trump a la Casa Blanca, sin dar aún ninguna prueba al respecto. Asimismo, las escuchas telefónicas al fugaz Consejero de Seguridad Nacional de Donald Trump, Michael Flynn, realizadas por servicios de inteligencia y difundidas luego por el New York Times, provocaron su renuncia. Esta revelación mediática sostuvo que Flynn habría tenido conversaciones secretas con el embajador ruso en EEUU acerca de las sanciones impuestas por Obama. Como último ejemplo del protagonismo en la escena política del espionaje, el presidente republicano del comité de inteligencia de la Cámara de representantes, ha denunciado que Trump y su equipo ha sido espiado por Obama[11].

Como fenómeno local, es alarmante (aunque se tome en algunos ámbitos de modo risueño) como se constituye como materia prima para operaciones mediático-políticas las escuchas telefónicas entre la ex presidenta Cristina Kirchner y Oscar Parrilli, filtradas por miembros del poder judicial a “periodistas” destacados por su labor ideológica a favor de la alianza gobernante y por acuerdos millonarios con los mismos (me refiero a Luis Majul), como con portales amarillistas como Infobae y Clarín. Si bien es cierto que sirven como cortina de humo para los ajustes y medidas antipopulares emprendidas por el gobierno de Macri, en el fondo, estas acciones expresan la vulnerabilidad institucional de la democracia actual, jaqueada por la matriz de poder conformada por los grandes medios de comunicación, el partido judicial, los servicios de inteligencia (locales y extranjeros) y los sectores políticos al servicio de la especulación financiera y la concentración de la riqueza. El historial de los vínculos de Macri con la CIA, los aparatos de inteligencia y el espionaje de opositores políticos y sus familiares, lo describe de manera impecable Gabriela Cerruti en su artículo “Macri te espía”[12].

 

III La gran mentira o pos-verdad

Es conocido que tanto la campaña de Trump como la del NO a la Paz en Colombia[13] fueron enfocadas con gran perspicacia, imaginación y capacidad, mucho dinero invertido y desprecio por la verdad. De allí que cada vez más se hable de la pos-verdad, que prefiero llamar, en rigor por su sustancia real, como por propia posición filosófica alrededor del fenómeno, como la gran mentira “donde importan más las emociones provocadas que las verdades de los hechos. Este tipo de sentimiento ha florecido, incitado por la relevancia cada vez mayor que han ido adquiriendo las redes sociales en la definición de las dinámicas políticas frente a los medios de comunicación tradicionales”, según Ariel Goldstein[14].

Asimismo, la campaña por el NO a la reelección de Evo en febrero del 2016 estuvo basada en una mentira que se constituyó en una estafa electoral, como bien se relata y estudia en el documental “el Cartel de la Mentira”[15]. En sus reflexiones posteriores a este resultado, en su muy difundido artículo “derrotas y victorias”[16], Linera sostuvo que las redes sociales se conformaban como un nuevo escenario de lucha y que “la masificación y novedad de este nuevo soporte material de comunicación ha generado una sobreexcitación comunicacional que ha sido bien aprovechada por las fuerzas políticas de derecha, que dispusieron recursos y especialistas cibernéticos al servicio de una guerra sucia como nunca antes había sucedido en nuestra democracia y que ha vertido toda la lacra social en el espacio de la opinión pública (…) Nosotros atinamos a una defensa artesanal en un escenario de gran industria comunicacional. Al final, esto también contribuyó a la derrota. A futuro, está claro que los movimientos sociales y el partido de gobierno deben incorporar en sus repertorios de movilización a las redes sociales como un escenario privilegiado de la disputa por la conducción del sentido común”.

Para que consideremos la real dimensión de esta problemática y el impacto que posee en las dinámicas electorales, veamos los argumentos de un especialista en la temática como Martín Hilbert. Éste relata que existen empresas que a partir del análisis de las conductas en Facebook pueden predecir aspectos de nuestra personalidad y orientaciones ideológicas y políticas, para lo cual Trump contrató a Cambridge Analytica.

“Usaron esa base de datos y esa metodología para crear los perfiles de cada ciudadano que puede votar. Casi 250 millones de perfiles. Obama, que también manipuló mucho a la ciudadanía, en 2012 tenía 16 millones de perfiles pero acá estaban todos (…) Obama fue como el pionero en esto. En la campaña de 2012, para su reelección, invirtió en esto mil millones de dólares, mucho más que en comerciales de TV. (…) En promedio, tú tienes unos 5000 puntos de datos de cada estadounidense. Y una vez que clasificaron a cada individuo según esos datos, lo empezaron a atacar (…) Te doy un ejemplo. Si Trump dice “estoy por el derecho a tener armas”, algunos reciben esa frase con la imagen de un criminal que entra a una casa, porque es gente más miedosa, y otros que son más patriotas la reciben con la imagen de un tipo que va a cazar con su hijo. Los algoritmos crearon 175 mil versiones de este mensaje –con variaciones en el color, en la imagen, en el subtítulo, en la explicación, etc.- y lo mandaron de manera personalizada”[17].

Aquí el fenómeno de la “posverdad” (que en verdad es una gran mentira) y la posibilidad de su explotación en su máxima expresión, sabiamente aprovechado por el equipo de campaña de Trump y a contramano de las preferencias de los mismos que proporcionan esas herramientas con sede en “Silicon Valley” (Facebook, Amazon, Apple, Netflix, entre otras grandes empresas globales), que ya se comenzaron a pronunciar contra Trump[18].

Demostrar como los sucesos políticos argentinos no están separados de una dinámica geopolítica regional y mundial, la cual nos empeñamos en analizar, caracterizar y transformar, no sólo es el motivo de este artículo, sino también de la existencia de nuestro Centro de Estudios, de los seminarios de formación en geopolítica organizados y de este portal en el cual compartimos reflexiones sobre distintos aspectos de la realidad geopolítica en sus múltiples dimensiones que nos afectan inevitablemente en la realidad cotidiana.

 

[1]http://carpetashistoria.fahce.unlp.edu.ar/carpeta-3/fuentes/la-guerra-fria/el-complejo-industrial-militar-segun-eisenhower

[2]EvangeliiGadium, Francisco

[3]El imperio de la vigilancia. Nadie está a salvo de la red global de espionaje, Ignacio Ramonet, 2015.

[4] Idem

[5] https://www.pagina12.com.ar/25002-un-duro-golpe-para-la-cia

[6] http://www.voanoticias.com/a/cia-wikileaks-documentos-hackers-ciberseguridad/3755179.html

[7]El imperio de la vigilancia. Nadie está a salvo de la red global de espionaje, Ignacio Ramonet, 2015.

[8] http://www.lanacion.com.ar/1620782-dilma-rousseff-suspendio-su-visita-oficial-a-eeuu-por-el-escandalo-del-ciberespionaje

[9]https://cenack.com/la-politica-no-ha-muerto-contribucion-al-dialogo-colectivo-sobre-el-estado-de-la-globalizacion-y-el-mundo-con-trump/

[10]https://actualidad.rt.com/actualidad/221441-revelaciones-wikileaks-comprometen-hillary-clinton

[11]https://actualidad.rt.com/actualidad/233916-miembros-administracion-trump-vigilancia-obama

[12] http://www.nuestrasvoces.com.ar/entendiendo-las-noticias/macri-te-espia/

[13] Sobre la acción del uribismo y las redes sociales como factor desencadenante en el plebiscito por la Paz en Colombia se puede visitar este artículo que escribí tras los sucesos: https://cenack.com/colombia-unidad-o-balcanizacion/

[14] https://www.pagina12.com.ar/11533-el-ano-de-la-indignacion-movilizada

[15]https://www.youtube.com/watch?v=GbFvWnGU72U

[16] http://www.telesurtv.net/opinion/Derrotas-y-Victorias–20160308-0030.html

[17] http://pajarorojo.com.ar/?p=31790

[18] https://www.pagina12.com.ar/18563-la-rebelion-de-silicon-valley-contra-trump