¿El siglo de la oligarquía financiera global?

 

*Nicolás Canosa

“El totalitarismo invertido existe como un conjunto de tendencias fuertes más que como una realidad plenamente materializada”.  Sheldon Wolin

I Estado como estructura de poder en disputa

Definir al Estado en las Ciencias Sociales es un debate que atraviesa a numerosos autores de diferentes corrientes ideológicas. No es el fin aquí abordar en profundidad esta cuestión, sino partir de algunas conceptualizaciones acerca del Estado que nos habiliten analizar con mayor precisión al totalitarismo invertido y la democracia dirigida[1] –al decir de Wolin- en relación a la Alianza que hoy gobierna en Argentina.

Conjuguemos algunas definiciones. Armando Poratti sostiene que “el Estado es una estructura de poder en disputa”[2]. Complejizando  esta enunciación, Álvaro García Linera sostiene que tiene cuatro dimensiones: “todo Estado es institución, parte material del Estado; todo Estado es creencia, parte ideal del Estado; todo Estado es correlación de fuerzas, jerarquías en la conducción y control de las decisiones; y todo Estado es monopolio. El Estado como monopolio, como correlación de fuerzas, como idealidad, como materialidad, constituyen las cuatro dimensiones que caracterizan cualquier Estado en la edad contemporánea”[3]. Mientras que Jessop incita a “explorar la naturaleza del poder del Estado como la condensación material de un equilibrio siempre cambiante de fuerzas políticas (…) el sistema estatal es el sitio de la estrategia”[4]. A partir de este juego de caracterizaciones se abordará la relación existente entre la oligarquía financiera global y los Estados y como esto influye en la vida de los pueblos.

II Estados Neoliberales

La acción de un conjunto de empresas transnacionales y la banca financiera tras la crisis de la edad de oro del capitalismo (1945-1970) fue el primer gran paso para la emergencia de un actor crucial para comprender los juegos de poder y dominación en el siglo XXI. Para ello, una “larga marcha” de ideas contra la intervención del Estado en la economía –que en la práctica de los gobiernos neoliberales se evidencia que lo que en esencia se critica es el modo- y a favor del libre mercado se venía diseminando por las universidades, medios masivos de comunicación y think thanks, por lo menos desde 1947 en la famosa reunión de Mont Pelerin. Economistas, escritores, filósofos y científicos de distintas procedencias geográficas exaltaron una cosmovisión individualista, contraria a la organización colectiva y la solidaridad. No es casual que la autora favorita de nuestro presidente, Ayn Rand, haya sido una de las pioneras en exaltar al egoísmo, considerándolo una virtud y exaltado –incluso con un himno- al “yo” contra el nosotros, en el que dice “La palabra nosotros es como un cemento echado sobre los hombres que se asienta y endurece como piedra y aplasta todo bajo sí (…) YO he terminado con el monstruo del nosotros, la palabra de servidumbre, de pillaje, de miseria, de falsedad y de vergüenza”[5].

Una vez desatada la ola neoliberal desde el gobierno del Estado en América Latina –Chile en 1973, Argentina  en 1976-, comienza a expandirse en casi todo el globo, impulsada por los gobiernos de Reagan (EEUU) y Tatcher (Gran Bretaña). De ese modo, se van configurando un conjunto de Estados Neoliberales que, como afirma Harvey “tenderán a privilegiar un clima óptimo para las empresas frente a los derechos colectivos (y la calidad de vida) de la fuerza de trabajo o frente a la capacidad del medio ambiente para regenerarse (…) en caso de conflicto el Estado neoliberal favorece de manera invariable la integralidad del sistema financiero y la solvencia de las instituciones sobre el bienestar de la población o la calidad medioambiental”[6]. Una generalizada y progresiva redistribución regresiva del salario de los trabajadores, pérdida de derechos laborales y de fuentes de trabajo sacude los pilares del Estado de bienestar en Europa hasta el día de la fecha. Arceo grafica este fenómeno con la siguiente afirmación “el salario de los trabajadores no calificados es, en Estados Unidos, en 2007, 9% inferior al de 1972. Por su parte, los ingresos de los Directores ejecutivos, que eran en ese país, en los años ochenta, 40 veces más elevados que los de sus dirigidos, devienen 400 veces más altos, y las tendencias son las mismas, aunque menos acusadas, en la mayoría de los restantes países centrales”[7].

De esta experiencia emerge como actor crucial la oligarquía financiera global (de ahora en más OFG). El Fondo Monetario Internacional así como el Banco Mundial son dos de sus principales instituciones para presionar e intervenir en favor de sus intereses. En las reuniones anuales del Grupo Bildelberg se discute la estrategia, con mucho secretismo y poca filtración de lo tratado. En los Foros de Davos se evidencia la influencia a escala mundial. La Reserva Federal estadounidense está colonizada por miembros de las principales bancas financieras. La Unión Europea está dirigida por “expertos” al servicio de las corporaciones. La Organización Mundial del Comercio, que sesionará en diciembre en Argentina, es otro vector fundamental de sus intereses. Incluso en asuntos estratégicos para nuestro país, como lo es el Tratado Antártico, interfieren ahora a través de ONG´s y comités científicos para su beneficio.

La OFG no descansa en la construcción de andamiajes jurídicos a nivel internacional (CIADI, por citar un ejemplo) para defender sus intereses contra los Estados que reclamen contra sus empresas, y se entrelaza con fuerzas sociales al interior de cada país para impedir que sectores sociales no neoliberales tengan suficiente capacidad para construir otro tipo de Estado que no sea el Neoliberal, que pueda crear o transformar las instituciones existentes, ni que tome decisiones contrarias a los intereses de las corporaciones. Mucho menos, que tenga la capacidad de irradiar un horizonte simbólico de bienestar y justicia social.

De esto se deriva que la postura aquí tomada es que el neoliberalismo expresado en la fuerza de la OFG no busca destruir al Estado, sino constituirlo y moldearlo –con las particularidades específicas de cada región- al servicio de sus intereses corporativos. En efecto, no hay reducción o minimización del Estado, sino, coincidiendo con Wolin, una integración sistematizada y cultura compartida entre los miembros del Estado y corporaciones sin antecedentes.

III Totalitarismo invertido y democracia dirigida: el caso argentino

Sigamos con la definición de Wolin acerca de ambas conceptualizaciones. En su búsqueda por contraponer los totalitarismos clásicos –Stalin, Hitler, Mussolini- con los actuales, sostiene que el totalitarismo invertido “si bien explota la autoridad y los recursos del Estado, obtiene su dinámica mediante la combinación con otras formas de poder (…) alentando una relación simbiótica entre el gobierno tradicional y el sistema de gobierno “privado” representado por las modernas corporaciones empresariales (…) Representa fundamentalmente la madurez política del poder corporativo y la desmovilización de la ciudadanía”. Para el autor norteamericano la democracia dirigida por las elites económicas que restringe una participación en rigor democrática y popular, es la “cara sonriente del totalitarismo invertido”, siendo los Estados Unidos “un modelo de cómo se puede dirigir la democracia sin que parezca que ha sido suprimida” que pervierte la democracia a partir de una “cultura corporativa que avasalla el ideal de gobierno al servicio del pueblo”.

Mediante estas contundentes aseveraciones podemos aproximarnos al caso argentino, para el cual estas herramientas conceptuales son de gran utilidad para comprender la vinculación con un fenómeno a escala mundial como también su originalidad. Veamos sucintamente algunas claves de su surgimiento, de su ejercicio de gobierno y ejemplos claros del sistema dual de Estado y corporaciones.

En este sentido, Wolin sostiene que en el totalitarismo se “llega al éxito alentando la falta de compromiso político más que la movilización masiva”, construyendo espectadores más que ciudadanos”. De allí se desprende el discurso de la “desideologización” y anti-político que se percibe tanto en dirigentes de Cambiemos como desde las usinas mediáticas. Por otro lado, el autor plantea que “el líder no es el arquitecto del sistema sino un producto de él (…) es el hijo complaciente y agraciado del privilegio, de las conexiones corporativas; un constructo de los genios de las relaciones públicas y de los propagandistas del partido”. El trabajoso proceso de construcción de Cambiemos, donde inciden las fundaciones/think thanks, las vinculaciones de éste con la Asociación Empresarial Argentina (AEA), Sociedad Rural, Coloquio de IDEA, grupo Clarín, que han contribuido enormemente en su acceso a la presidencia se desprende de lo citado. También, el equipo conducido por Durán Barba que homogeniza el discurso y estudia de manera constante a la sociedad para lograr interpelarla con mayor efectividad con su mensaje. Asimismo, es posible visualizar las conexiones corporativas del Grupo Macri, desde la estatización de la deuda privada en plena dictadura, las privatizaciones en los ´90, la cultura de elite en la que se formó el actual presidente, así como sus vínculos con el poder judicial que hizo caso omiso a cada una de las causas por contrabando, espionaje, entre otras.

En el ejercicio de gobierno, es notable el accionar por cooptar y/o eliminar del tablero político a la oposición al modelo societario neoliberal. En ese marco, son vitales “la justicia penal, (que) es tanto una estrategia de neutralización política como una forma de canalizar el racismo instintivo” y la “uniformidad que los conglomerados “privados” de los medios de comunicación le imponen a la opinión”. Desde Milagro Sala, pasando por De Vido, Boudou y Delía, la difamación de los sindicatos y de “la mafia de los abogados laborales” así como el trato judicial y del gobierno de la situación de Santiago Maldonado, dan cuenta del peligro en que se haya el Estado de Derecho y la perversión de la democracia –que echa por tierra el argumento de la derecha moderna y democrática- que se trasluce del conjunto de ofensivas hacia el campo popular. Esto es una semilla para la siembra del miedo, la desmovilización y el desarme moral de los adversarios. El miedo, que no sólo es para disciplinar a la oposición política, sino también al conjunto de los trabajadores. Como dice Wolin: “El miedo un compañero constante de los trabajadores. Los achicamientos, las reorganizaciones, los estallidos de burbujas especulativas, el desmantelamiento de los sindicatos, la capacitación que se vuelve obsoleta rápidamente y la transferencia de empleos al extranjero no solo crean miedo sino también una economía de miedo, un sistema de control cuyo poder se alimenta de la incertidumbre, pero al mismo tiempo un sistema que, según sus analistas, es eminentemente racional”.

Los pueblos desde el gobierno del Estado

Podemos concluir afirmando que la oligarquía financiera global, se configura como un actor principal en el siglo XXI, que busca imponer sus reglas de juego e intereses a nivel mundial, vulnerando en efecto la soberanía de los pueblos y la autonomía relativa de los Estados, conduciendo a éstos a una encrucijada (no por esto, se cree que el imperialismo norteamericano ha dejado de existir o ha disminuido por completo su influencia mundial). Resulta imprescindible analizar de manera más profunda la comprensión de las formas de dominación mediante las cuales este actor se busca imponer sobre los pueblos y reducir las capacidades soberanas de los Estados, con el fin de contribuir a una respuesta común desde los Pueblos –que, desde el gobierno del Estado, son el único actor posible de confrontar y transformar la lógica depredadora de este poder- frente al dominio del capital y del hombre por el hombre. Solo los pueblos podremos transformar la pregunta con la cual titulamos este artículo, que pareciese afirmarse no solo como tendencia generalizada sino materializándose cada vez más, de acuerdo a los acontecimientos que estamos viviendo en el país y en el mundo. Solo los pueblos podemos desde el gobierno del Estado ejercer una contundente respuesta en favor de la Vida, la dignidad y la justicia que niegue lo que aquí nos preguntamos con preocupación en el título de estas reflexiones. La disyuntiva que planteó la Corriente Federal de los Trabajadores en el Encuentro Militante realizado el día de la Soberanía nos convoca a la acción: soberanía de las corporaciones o soberanía nacional.

 

*Por Nicolás Canosa Director de Relaciones Internacionales del Centro de Estudios Nuestroamericano Chávez Kirchner (CENACK-Peronismo Militante). Integrante de la Comisión de Integración Regional y Asuntos Internacionales del Instituto Patria.

 

[1] WOLIN, Sheldon (2008). Democracia S. A. La democracia dirigida y el fantasma del totalitarismo invertido. Katz Editores: Buenos Aires.

[2] PORATTI, Armando y otros (2009). Proyecto Umbral. Resignificar el pasado para conquista el futuro. Buenos Aires: Suterh, Sadop y Ciccus.

[3] GARCIA LINERA, Álvaro (2013). Democracia, Estado, Nación. Recuperado de: https://www.vicepresidencia.gob.bo/IMG/pdf/democracia-estado-nacion-web-2.pdf

[4] JESSOP, R. (2014): El estado y el poder. Revista Internacional Iberoamericana y Teoría

Social. Universidad de Zulia, Venezuela

[5] RAND, Ayn (1985). La virtud del egoísmo. Buenos Aires: Plastigraf SA.

[6] HARVEY, David (2015). Breve historia del neoliberalismo. CABA: Ediciones Akal.

[7] ARCEO, E. (2011): El largo camino a la crisis. Buenos Aires, Cara o Ceca.