Para entender la política exterior chilena

 

*Gabriel Villalba Pérez

Para entender la actual situación chilena – boliviana es menester comprender diversos sucesos históricos y así tener una lectura política e histórica cabal. Bolivia obtiene su independencia en 1825 con un territorio costero de 400 km. Tras diversos tratados de límites incumplidos sistemáticamente por Chile, en 1879 se inicia la invasión militar chilena apoyada por capitales británicos al puerto boliviano de Antofagasta. La historia liberal clasificó a este acontecimiento como “La Guerra del Pacifico”. Con el territorio boliviano ocupado militarmente se firmó el “Tratado de Paz y Amistad” en 1904 el cual dejó a Bolivia sin acceso al pacífico, sin embargo, en las cláusulas del tratado se dispone la construcción de un ferrocarril por parte de Chile que pueda posibilitar el acceso boliviano a la costa, además de establecerse derechos de libre tránsito a favor de Bolivia, clausulas incumplidas hasta hoy.

En 1964 Bolivia rompe relaciones diplomáticas con Chile. En 1975, pleno auge del Plan Cóndor. Los dictadores Banzer y Pinochet restablecen las relaciones diplomáticas entre ambos países. Ante las infructuosas negociaciones para dotarle a Bolivia de una salida soberana al mar, en 1978 se rompen definitivamente las relaciones diplomáticas entre Chile y Bolivia, adicionalmente el dictador chileno Augusto Pinochet procede a minar la frontera con Bolivia. Desde esa época hasta la fecha ambos Estados mantienen únicamente relaciones consulares.

Los sucesos contemporáneos siguieron la misma tónica, la irrenunciable política estatal para volver al pacifico con soberanía por parte de Bolivia y la dilación a toda negociación por parte de Chile que se comprometió a negociar con Bolivia para dotarle de un acceso soberano al pacifico en la OEA desde 1979 a 1983, en 1986 en la negociación de cancilleres que se denominó “Enfoque Fresco”, siguieron futuras negociaciones en el año 2000, posteriormente en 2003 las conversaciones de alto nivel entre los presidentes Mesa de Bolivia y Lagos de Chile, también en la Cumbre de las Américas de Monterrey del 2004, siguieron las negociaciones entre los presidentes Rodríguez Veltzé y Lagos en 2005, y finalmente la “Agenda de los 13 puntos” en 2006; todas negociaciones infructuosas para dotarle a Bolivia una salida al mar pacifico con soberanía.

Por los antecedentes mencionados el presidente Evo Morales Ayma el 24 de abril de 2013 decide acudir a la Corte Internacional de Justicia cuyo petitorio en su inciso a) solicita se declare que Chile tiene la obligación de negociar con Bolivia con el fin de alcanzar un acuerdo que otorgue una salida plenamente soberana al Océano Pacífico.

Pero las constantes agresiones chilenas contra Bolivia como el incumplimiento flagrante del Tratado de 1904, la frontera minada, la detención de tres soldados por cruzar la frontera en 2013, la detención arbitraria y enjuiciamiento de 7 funcionarios de aduana y 2 militares que combatían el contrabando fronterizo, la falta de voluntad política por parte de las autoridades chilenas para resolver el paro aduanero que genera a Bolivia una pérdida de $us 5 millones diarios en exportaciones que no llegan a embarcarse y de $us 6,5 millones en minerales que deben exportarse, violaciones a los derechos humanos fundamentales de transportistas bolivianos, discriminación y pésimas condiciones de almacenamiento de nuestros productos de exportación, entre otras agresiones desmedidas siguen latentes.

Esas son las constantes represalias chilenas hacia un Estado boliviano que decidió dejar de ser sumiso ante los intereses oligárquicos continentales y los capitales transnacionales. Hoy Bolivia se posiciona como un referente económico, político y cultural en la región.

Chile con las represiones propias de un estado cuyas instituciones siguen el más estricto patrón pinochetista y una política internacional de agresión e imposición. No es un hecho menor a ser tomado en cuenta que el lema de su escudo de armas sea “Por la razón o por la fuerza”, lema que refleja una diplomacia anquilosada en el siglo XIX que hasta hoy no está pudiendo leer los grandes cambios cualitativos que se están dando en el continente en el marco de la diplomacia de los pueblos y la cooperación sur – sur. La política internacional chilena de ensimismamiento le está impidiendo ver el potencial de una integración regional en un mundo multipolar cada vez más caótico y desmedido donde el continente tiene mucho por desarrollar con la reserva más grande de litio del mundo, siendo el continente con mayores reservorios de agua dulce del mundo, el continente con la mayor biodiversidad y sin duda el nuevo polo de desarrollo en los nuevos ciclos tecnológicos mundiales.

*Por Gabriel Villalba Pérez, abogado, escritor, periodista, militante de la Generación Evo y conductor del programa radial y televisivo Sangre Combativa.

Twitter: @GaboVillalbaP