El objetivo es cambiar el alma:

Neoliberalismo en Chile y Argentina

 

*Nicolás Canosa.

La balcanización de los países de Nuestra América no sólo se da en términos territoriales, sino también en la búsqueda –no inocentemente promovida desde algunos sectores- de alimentar rivalidades estériles entre las sociedades de nuestros países e incluso entre las provincias de cada país.

La hermandad entre Argentina y Chile tiene larga data y, aunque no es el tema en cuestión, es un acto de justicia combatir en un artículo que reflexiona sobre lo cultural la zoncera de que “los chilenos ayudaron a los ingleses en Malvinas”… fue el gobierno violador de Derechos Humanos y neoliberal de Augusto Pinochet. Zoncera a partir de la cual hoy existe una rivalidad innecesaria y contraproducente. Veamos dos ejemplos:

  1. a) Son espacios territoriales liberados por la vocación de unidad de la Patria Grande de San Martín y su ejército libertador, luego constituidas como repúblicas independientes tras el fracaso del proyecto unificador de comienzos del SXIX.
  2. b) La propuesta de Juan Domingo Perón para conformar la unidad político-económica del ABC (Argentina-Brasil-Chile), de carácter estratégico en función de “defenderse de los imperialismos que buscan por las buenas o por las malas los recursos naturales y materias primas”[1], se logró realizar gracias a la voluntad del presidente Ibáñez en el año 1953. Las dificultades internas en Brasil, que derivarán en el suicidio de Vargas, impidió que el país lusitano se sume al acuerdo. Como dato de color, Perón sentía que: “si no hubiese nacido argentino, me hubiese gustado nacer chileno (…) En Santiago de Chile, me sentía como en mi propia patria (…) todo nos une, y nada nos separa, repetía a los chilenos, que me habían puesto el mote de “Che Panimávida”[2].

El neoliberalismo se comienza a conformar orgánicamente desde aquella famosa reunión de intelectuales de diferentes disciplinas en 1947 en Mont Pélerin, Suiza, convocada por Von Hayek y donde asistieron, entre otros, Milton Friedman, de enorme influencia en la formación de dirigentes y cuadros técnicos de los gobiernos neoliberales en América latina a través de la Escuela de Chicago. Según Casas “la escuela de economía de la Universidad de Chicago tuvo una influencia decisiva en la política económica del gobierno militar (…) esta influencia se multiplicó a través de la vinculación que se forjó entre Chicago y la Universidad de Chile primero y, luego, y mucho más estrecha, con la Universidad Católica”[3]

Esas ideas y objetivos geopolíticos comenzaron a manifestarse destacadamente tras la crisis de la “edad de oro” del capitalismo cuyo eje era el Estado de Bienestar que intervenía en la economía y en la distribución del ingreso. La crisis de 1969-1973 por la caída de la tasa de ganancia de las economías centrales fue “la oportunidad para que las corrientes conservadoras propagaran, con fuertes bríos, el cuestionamiento hacia la excesiva presencia estatal en la economía”[4].

Si bien hubo que esperar hasta la llegada al poder de Ronald Reagan en Estados Unidos (1980) y de Margaret Thatcher (1979) en Gran Bretaña para que el proyecto neoliberal obtenga su impulso desequilibrante desde los países centrales, ya en América latina comenzaron a surgir experiencias de esta tradición que se hará dominante a nivel mundial desde los ochenta.

Dos casos emblemáticos son los de Argentina (1976) y Chile (1973), donde surgieron dictaduras sangrientas que produjeron profundas secuelas en términos políticos, sociales, culturales y económicos. El Estado, en ambos países, se había constituido –si bien con gobiernos de distintas tradiciones ideológicas y objetivos- como un eje promotor, regulador y articulador de las políticas económicas, desde 1940 en Chile y desde el año 1943 en Argentina hasta la llegada de los gobiernos dictatoriales. Como afirma Pilar Vergara, el proyecto de Pinochet  es revolucionario porque “se trata de un proyecto de reestructuración global que rompe violentamente con la tradición de la sociedad chilena, tanto en el nivel del Estado e, incluso, las concepciones ideológico-culturales predominantes”[5]. Esta definición es asimilable al proceso sufrido en la Argentina. Por supuesto que con las particularidades específicas y las diferencias en las trayectorias e identidades de los bloques sociales en pugna[6]. Martínez de Hoz, primer ministro de economía de la dictadura argentina dirá que con la llegada del nuevo gobierno “hemos dado vuelta la hoja del intervencionismo estatizante y agobiante de la actividad económica para dar paso a la liberación de las fuerzas productivas”[7]. No obstante, cabe señalar, que el Estado ha tenido un rol predominante y activo en esta transformación.

De allí surgen las críticas muy frecuentes hoy de encontrar en la academia predominante, en los estudios de televisión y los periódicos, dirigidas hacia el Estado por la generación de inflación por el excesivo gasto público y por obstruir la libertad de acción de las fuerzas del mercado.

“El Chile de Pinochet comenzó sus programas de forma drástica y decidida: desregulación, desempleo masivo, represión sindical, redistribución de la renta en favor de los ricos, privatización de los bienes públicos”[8]

Esto se ve expresado claramente en las políticas implementadas por Pinochet en Chile y la dictadura cívico-militar en Argentina –con diferencias específicas con respecto a la tasa de desempleo en comparación con Chile-, sumado a un fuerte endeudamiento externo, como también se verá en otros países de la región en este período, pero con más énfasis durante el auge neoliberal generalizado a la mayoría de los países durante la década de los noventa.

No solo un proyecto económico

Margaret Thatcher sostuvo que “la economía es el método. El objetivo es cambiar el alma”. No muy distinta es el fondo del sentido de la apelación al “cambio cultural” que necesita la Argentina para el presidente Macri.

El proyecto neoliberal se sostiene en un conjunto de ideas fuerza con gran capacidad de interpelación y construcción de sentido común, que desde sus usinas culturales –medios de comunicación, redes sociales, instituciones educativas, ONG´s, think thanks, entre otras- se diseminan en la sociedad y que pueden verse reflejadas en los discursos y acciones de los políticos de la región que se oponen a los movimientos anti-neoliberales.

En una versión extendida de este artículo, presentada en las Jornadas de Sociología de la UBA del corriente año, comparé las ideas fuerza del neoliberalismo expresadas, por supuesto que con matices, en el discurso de los presidentes y altos funcionarios de dos alianzas políticas que representan los intereses más poderosos de Argentina (Cambiemos-Macri) y Chile (Alianza por el Cambio-Piñera), en vínculo con los intereses de las corporaciones transnacionales y con la estrategia geopolítica de Estados Unidos para la región. Compartiré a continuación las conclusiones en función de aportar a la construcción de una lógica cultural emancipatoria, como sugiere Jorge Alemán, que advierta los grandes obstáculos que impone la construcción cultural neoliberal a nuestros proyectos nacionales, populares y democráticos, tales como:

  • Los dis-valores de la sociedad neoliberal –egoísmo, inmisericordia, individualismo, consumismo- que atentan frente a nuestra apelación a un proyecto colectivo, solidario e inclusivo.
  • La  desvalorización  de  la  Política,  principal  herramienta  de  transformación  social, mediante la despolitización promovida por las usinas culturales y replicadas en los políticos que defienden los intereses del neoliberalismo.
  • La búsqueda de implantar el consumo –y la triada antes mencionada del “tener, parecer y aparecer”- como forma de realización.
  • “La globalización de la indiferencia”[9] a los problemas sociales, individuales y a la desigualdad social.

Estos son algunos de los grandes desafíos para quienes estamos convencidos de que el hombre se realiza en comunidad y la comunidad se realiza si sus hombres y mujeres lo hacen[10]. Retos a enfrentar para los que consideramos que no hay destino para las partes si no lo hay para el conjunto y que debemos construir una “cultura del Encuentro” desde valores que sitúen al hombre y su felicidad en el centro de la acción y no al mercado y al lucro. Esta lógica cultural emancipatoria creemos que debe partir de valores imprescindibles como la solidaridad social, el amor al prójimo, una profunda ética de la responsabilidad y una fuerte disciplina del compromiso, concibiendo a la política como servicio y vocación para la liberación de la Patria y de la humanidad.

La disputa cultural en el campo de la construcción de subjetividades quizá sea uno de los aspectos centrales en la tarea de reconstruir mayorías, defender los derechos conquistados en esta última etapa y en la lucha por recuperar el poder político para avanzar hacia mayores y más profundos niveles de justicia social. Asimismo, para sostener en el tiempo los procesos de ampliación de derechos e inclusión social, siendo conscientes que, como afirma Ana Jaramillo[11]:

La transformación de la realidad no es un logro inmediato: hay sabores y sinsabores, hay alegrías y dolores, hay triunfos y derrotas, hay abandonos y perseverancias. Lo que sí sabemos es que nadie nos va a regalar nada, que seremos responsables de lo que hagamos y dejemos de hacer.

 

*Por Nicolás CanosaDirector de Relaciones Internacionales del Centro de Estudios Nuestroamericano Chávez Kirchner (CENACK-Peronismo Militante). Integrante de la Comisión de Integración Regional y Asuntos Internacionales del Instituto Patria.

 

[1] PERÓN, Juan Domingo (2009). América Latina ahora o nunca. Buenos Aires: Cooperativa Punto de Encuentro.

[2] GALASSO, Norberto (2005). Perón: tomo I. Formación, ascenso y caída. Buenos Aires: Ediciones Colihue.

[3] CASAS Juan, “La modernización” (1991) Nuevos políticos y nuevas políticas en América Latina. Buenos Aires: Editorial Atlántida.

[4] LOPEZ Andrés y DIAZ PEREZ José Luis (1990). Tristezas y melancolías del capitalismo. Buenos Aires: Realidad Económica Nº 92/93.

[5] VERGARA, Pilar (1982). Las transformaciones del Estado chileno bajo el régimen militar. Revista Mexicana de Sociología Nº 2, México, abril-junio de 1982.

[6] TORRE, Juan Carlos (1998). “Introducción”, “El ingreso de las reformas estructurales en la agenda pública” (cap. 1), “El lanzamiento político de las reformas estructurales” (cap. 2), en El proceso político de las reformas económicas en América Latina. Buenos Aires: Paidós.

[7] Discurso recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=4sRDwfbOXOY

[8] ANDERSON, Perry (1988). Democracia y dictadura en América Latina en la década del ’70. En Cuadernos de Sociología N° 2, Carrera de Sociología, Universidad de Buenos Aires, 1988.

[9] PAPA FRANCISCO (2013). Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Conferencia Episcopal Argentina.

[10] PERÓN, Juan Domingo (1949). La comunidad organizada. Buenos Aires: Ediciones CEPE.

[11] JARAMILLO, Ana (2014). La descolonización cultural. Un modelo de sustitución de importación de ideas. Remedios de Escalada: Ediciones de la UNLa.