Nuestra América en disputa

*Nicolás Canosa

“Tenemos que dejar de sentir vergüenza de las cosas que defendemos, nos quieren hacer sentir a veces que son posturas que deben ser “revisadas” en nombre de la supuesta racionalidad. ¿Qué es la racionalidad, amigos y amigas, compañeras y compañeros? ¿La racionalidad es bajar la cabeza, acordar cualquier cosa pactando disciplinada y educadamente con determinados intereses, y sumar y sumar excluidos, sumar y sumar desocupados, sumar y sumar argentinos que van quedando sin ninguna posibilidad? ¿O la racionalidad es trabajar con responsabilidad, seriedad, con fuerzas para abrir las puertas de la producción, del trabajo y del estudio para todos los argentinos? Yo quiero adherir a este tipo de racionalidad, es la única racionalidad viable que nosotros tenemos para poder realizarnos.”

Néstor Kirchner

 

INTRODUCCION

Bolivarismo o monroísmo; Confederación de Estados Américanos o balcanización en decenas de republiquetas; Patria Grande o Patria Chica. Regionalismo neoliberal-globalizante o unidad e integración continental soberana. Una tensión, una disputa que invoca la Historia, que domina la escena del presente y que será decisiva para el futuro de nuestra comunidad latinoamericana y caribeña. Ya lo advertía un gran pensador, político y estratega de la integración, poco estudiado por cierto y subestimado en los ámbitos académicos, a quien Methol Ferré denominaba como el primer político latinoamericano del Siglo XX. Juan Domingo Perón en La hora de los pueblos (1968), libro publicado en el exilio, sostenía que:

La integración continental de la América Latina es indispensable: el año 2000 nos encontrará unidos o dominados, pero esa integración ha de ser obra de nuestros países, sin intervenciones extrañas de ninguna clase (…) es indudable que el imperialismo yanqui se opone solapadamente a la integración latinoamericana, porque su política ha sido siempre la de separar para reinar. (Perón, 1968, p. 197)

No fallaba tampoco José Vasconcelos cuando planteaba que había dos ideales que atraviesan la historia de nuestro continente desde la etapa de la independencia: el bolivarismo y el monroísmo (1934, p.19). Uno de carácter soberano, que como diría Bolívar,  busca “la mayor suma de felicidad posible” para nuestros pueblos y otro de carácter colonialista, imperial y explotador. Es una verdad que puede comprobarse en las consecuencias reales que estos proyectos políticos han tenido en la vida social y política de nuestros países.

Ahora bien, el fuego de los ideales es imprescindible para emprender con conciencia nacional y continental las tareas que la Historia demanda. Pero éste debe complementarse con el conocimiento de cuál es el estado de la integración en las distintas etapas históricas de la región y el análisis de cómo se manifiesta las instituciones creadas y, a su vez, la construcción de fuerzas a nivel nacional y regional para generar las transformaciones necesarias para profundizar la unidad e integración continental soberana.

En este sentido, analizaremos en este artículo los dos modos de integración regional en disputa en la actualidad, su modo de inserción internacional, los tipos de acuerdo, la institucionalidad escogida, la amplitud en el esquema de integración y como conciben éstos la participación social. En el próximo artículo a publicar, siguiendo los ejes y disputas aquí planteadas, como también el marco de análisis, repasaremos el surgimiento de UNASUR y nos centraremos en la agenda del Consejo de Defensa Suramericano, exponiendo la fundamentación sobre la importancia de revisar lo ocurrido con ella.

Como marco de análisis, creemos fundamental utilizar las ideas de Aldo Ferrer acerca de la densidad nacional y la densidad regional (Ferrer, 2008;p8). Estos conceptos operativos nos permitirán visualizar los nudos de los cuales dependen las posibilidades reales de la integración y de los aportes que puede hacer cada Estado parte; percibir las complejidades y límites que atraviesa este proceso y advertir cuales son las claves que habría que atacar y poner en marcha con mayor énfasis en la próxima oleada –no garantizada, pero que debemos trabajar para que ocurra- para llegar más lejos y conseguir mejores resultados en la unidad e integración continental soberana.

El economista argentino, sostiene que es imprescindible, para no pedirle más de lo que se puede a un modelo de integración o a una institución –sea el Mercosur, Unasur, Alba, etc.-, conocer la historia particular y las condiciones internas de los países de la región. Es preciso entonces analizar el grado de densidad nacional. Los elementos esenciales para dimensionarla son la cohesión social, los liderazgos nacionales, la estabilidad institucional y el pensamiento crítico. Estos, a su vez, se ven amenazados/obstaculizados por la subordinación ideológica al pensamiento neoliberal; por la intensidad de las fuerzas globalizadoras; y el subdesarrollo, pobreza y fragmentación social que implicó el sometimiento a la estrategia de los países centrales y de las instituciones como el FMI y el Banco Mundial, basadas en el Consenso de Washington, que subsiste a pesar de los avances en la inclusión social de los gobiernos nacional-populares y democráticos.

De este modo, podemos observar los indicadores de los cuales se compone la densidad regional para poder apreciarla:

  • La situación interna de cada país, resoluble en su propio espacio.
  • Las reglas de juego de la integración, que debe ser consistente en distribuir beneficios.
  • La proyección conjunta hacia el resto del mundo, condicionada por las estrategias de cada país (Aldo Ferrer, 2008).

En definitiva, es justo tener en cuenta estas condiciones nacionales y regionales a la hora de realizar análisis políticos y de observar el trasfondo  en el que transcurre la siguiente discusión teórica acerca de la caracterización de los modelos de regionalismo en disputa.

Regionalismo abierto o “Regionalismo neoliberal globalizante” Versus regionalismo autonómico/estratégico o de “integración y unidad continental soberana”

Existe un consenso entre numerosos investigadores y académicos estudiosos de América Latina en definir a la etapa de integración ocurrida durante los años ´90 en denominarla como “regionalismo abierto” (Briceño Ruiz, 2007;  Vázquez, 2016; Perrota, 2013). Sin desmérito de los aportes, contenidos y producciones de estos autores, propongo en este artículo definirla como regionalismo neoliberal globalizante. Esta distinción no es fruto del capricho, sino porque considero que define con mayor precisión el proyecto geopolítico que encarna y pienso que esta nominación hace a la esencia del ideal que la promueve. A su vez, implícitamente, denominar a este modelo de integración “abierto” pudiera hacernos suponer que hay otro tipo de regionalismo que es “cerrado”, que podría adjudicarse al modelo que prefiero denominar Unidad e Integración continental soberana, al cual suele llamarse regionalismo pos-hegemónico (Perrota y Porcelli, 2015), pos-liberal (Sanahuja, 2015) o regionalismo estratégico (García, 2015). Esta suposición, encuentra correlato con el argumento de los sectores que en la actualidad critican a los gobiernos que promovieron este segundo modelo, sosteniendo que “estábamos aislados del mundo” y que “Argentina –por ejemplo- ahora se abre al mundo”.  Una zoncera que debemos contra-argumentar.

Modo de inserción en el mundo

Esto nos conduce a reflexionar y derribar ciertos mitos acerca de cuál es el modo de inserción internacional que ambos modelos de integración proponen. Lo haremos mediante una serie de preguntas provocativas, quizá poco comunes académicamente, pero que considero la forma más apropiada de argumentar y desnudar la crueldad de las consecuencias –multidimensionales- que genera el modo de inserción del regionalismo neoliberal globalizante y la hipocresía discursiva neoliberal al criticar nuestro modo de inserción soberano. Vale aclarar, las afirmaciones que atraviesan los siguientes cuestionamientos a realizar tienen sustento geopolítico real y no son mero discurso panfletario.

¿Es acaso estar “abierto” al mundo suscribir o promover acuerdos de libre comercio que impulsan las potencias que profundizarían la desigualdad social? O, mejor dicho, ¿Es estar dispuesto a firmar acuerdos que entreguen soberanía y generen miseria para el pueblo?

¿Es, por el contrario, estar “cerrados” al mundo poner frenos a los tratados de Libre Comercio, como fue con el ALCA en el 2005, o como se intentó hasta el año 2015 con la Unión Europea, argumentando que si esto se concretara perjudicaría los puestos de trabajo de nuestros compatriotas? [1] ¿Estábamos cerrados o “aislados” quienes promovimos nuevos modelos de integración entre países hermanos como UNASUR, CELAC, ALBA, PETRO CARIBE? ¿Estábamos aislados o “cerrados” quienes organizamos la Cumbre BRICS-UNASUR y generamos alianzas estratégicas con dos países de cada vez mayor peso y relevancia internacional como Rusia y China?

Quizá estábamos alejados y cerrados a la penetración de las corporaciones transnacionales y los poderes imperialistas que ayer, hoy y esperemos que no por mucho tiempo más, dominan y someten a los pueblos del mundo, basándonos en una concepción de la soberanía, la unidad y la integración donde prevalece la autodeterminación de los pueblos y el anti-intervencionismo.

Demos una concesión. Es lamentable, pero algo de cierto hay en el discurso cínico del neoliberalismo: con esta “oleada neoliberal” ingresamos al mundo… al mundo guiado por el “Dios dinero”, el mundo de la explotación, de la globalización de la indiferencia y de la guerra de intereses que afirma el Papa Francisco que está ocurriendo actualmente y que los pueblos debemos enfrentar.

Los casos en Argentina y Brasil son elocuentes del brusco cambio de un modelo de integración soberano hacia otro neoliberal. Nos preguntamos ahora:

¿Qué países y qué sectores financieros son los que celebran, en las Cumbres de grandes empresarios e inversores -como Davos, tenida lugar en el corriente año en el Centro Cultural Kirchner- que Argentina/Brasil volvieron al mundo?

¿La Francia colonialista que todavía bombardea y explota poblaciones en África? ¿Alemania, que extorsiona a países como Grecia-Portugal-España desde la Unión Europea que domina?; ¿la España de Rajoy que tiene un altísimo y creciente nivel de desempleo en la población joven y que cada vez va en mayor picada, al punto que no puede formar gobierno? ¿Gran Bretaña, que todavía tiene COLONIAS en el siglo XXI, una de ellas nuestras MALVINAS ARGENTINAS y que hoy se separa de la Unión Europea? ¿Esa Gran Bretaña, que junto a Aznar de España y Bush de EE.UU. decidieron invadir y bombardear Irak, como salió en los últimos informes [2], y el ex primer ministro británico Tony Blair tuvo que “pedir disculpas” recientemente?

¿El FMI y el Banco Mundial, -que junto a los países centrales de Europa y Estados Unidos durante el Siglo XX- fueron impulsores de las políticas neoliberales implementadas desde los ‘80 a nivel global? Políticas que siguieron varios gobiernos árabes y que sostienen numerosos analistas que en sus consecuencias –desempleo, pobreza, represión y desigualdad- se explica el surgimiento de la llamada “Primavera Árabe”. Esto, de la mano de las guerras iniciadas por la OTAN y el Pentágono en la región, que provocaron la profunda crisis de refugiados y que ahora los gobiernos que la impulsaron se desentienden de sus causas, al tiempo que fomentan la xenofobia.

¿El sector bancario y las corporaciones del globalismo financiero que aterrizan con sus gerentes en los ministerios de nuestros países, reflejando, como dice Federico Bernal, que más que ministerios son cámaras de empresas con poder ministerial [3]?

Tipos de acuerdo

Los avances en los proyectos de integración se pueden explicar por el acuerdo de intereses y posturas de los distintos gobiernos de la región.

Ejemplo de ello fue el avance del Mercosur, creado en 1991 con el Tratado de Asunción, donde se ve con claridad el regionalismo neoliberal globalizante, que emergió durante la década de los 90 y hoy vuelve a hacer pie en la región. Se caracterizó por la “desgravación generalizada, lineal, automática, en un plazo ínfimo, sin ninguna consideración de las inmensas asimetrías entre los Estados y al interior de los territorios ni de los impactos sociales que supondría a una integración administrada” (Vazquez, 2016). Esto, se conjuga con el abandono del Rol del Estado como rector de la economía y se observa un crecimiento del poder de los Mercados. Como afirma Briceño Ruiz sobre el modo de inserción de este modelo: “la integración se concibe como un medio para lograr una inserción más eficiente en la economía mundial globalizada” y se procede a una flexibilización de las normas sobre las inversiones extranjeras (Briceño Ruiz, 2007).

La contracara de este Mercosur neoliberal es el que comienza a surgir a partir de 2003 con la llegada a la presidencia de Kirchner y Lula da Silva, en los dos países vitales para la integración suramericana, con la firma del Consenso de Buenos Aires. Como sostiene Methol: “una alianza entre Argentina y Brasil no es como si fuera una alianza en el Pacto Andino o en otro lado. Es la alianza constituyente de las posibilidades de la unidad de América del Sur” (Ferré, 2002, p.4).

Este Mercosur soberano fue el que en bloque y junto a Venezuela sepultó al ALCA en Mar del Plata, con la presencia de Bush en la Cumbre.

Institucionalidad, amplitud de la integración y concepción de la participación social

El modelo de integración adoptado influye en la institucionalidad, la amplitud o los campos donde se busca generar integración y en la concepción de la participación social.

Enfoque comercial versus Mirada multidimensional

Durante los ´90, la agenda comercial del Mercosur fue prioritaria en el esquema de integración neoliberal, siendo de baja amplitud e intensidad los ámbitos/agendas no comerciales donde se buscaron generar integración entre los países. De este modo, el sector privado-empresarial fue el sector que más ámbitos de participación obtuvo en la etapa, aunque no fue el único.

La institucionalidad construida  durante la década neoliberal y su andamiaje jurídico, de carácter intergubernamental y centrada en la agenda comercial (con fuerte peso en las decisiones de los ejecutivos nacionales, cancillerías y ministerios de economía), funcionó como una limitación para el regionalismo posliberal (Sanahuja, 2015) o para el modelo de integración y unidad continental soberano, como preferimos llamarlo en este artículo.  Este último recupera y pone en primer plano la Política y el rol del Estado como promotor ineludible de la integración regional.

Si bien se encaró en esta etapa, como atestigua Daniela Perrota una reforma institucional profunda, esto no prosperó. Sí se logró fortalecer, en diferente grado, agendas anteriormente no tenidas en cuenta (agricultura familiar, salud, educación, derechos humanos, entre otras), creando espacios al interior del Mercosur para la participación de distintos actores sociales y políticos.

Para destacar, mencionamos la creación del Parlamento del Mercosur (Parlasur), organismo de representación ciudadana; la Unidad de Apoyo a la Participación Social (UPS), organizadora de las Cumbres Sociales del Mercosur y que evidencia un énfasis en la dimensión social de la integración; y el Fondo de Convergencia Estructural del Mercosur (FOCEM), órgano que busca reducir asimetrías entre los países; entre otros espacios que extendieron los espacios y agendas (Perrota, 2016).

Es posible afirmar entonces que el proyecto imperante en la década de los ´90 tenía un enfoque fundamentalmente comercial, mientras que el que emergió la última década se caracterizó por una mirada multidimensional.

A modo de conclusión: pensando la próxima oleada

Si bien fueron enormes e inéditos los avances en la unidad e integración soberana ocurrida durante el Siglo XXI, brevemente vamos a resaltar los desafíos pendientes y que, en caso de que se produzca una nueva oleada nacional y popular en la región, creemos que será necesario diseñar, aplicar y dedicar políticas para solidificar el proceso de integración, siempre considerando la densidad nacional y la densidad regional existente que posibilita el avance  y profundización de los proyectos y planes. Es decir, siendo conscientes que la Política, la determinación de los actores en juego, las voluntades y las correlaciones de fuerza, las densidades y la conciencia nacional y regional de quienes llevan adelante estos procesos en las instituciones y el protagonismo popular, se conjugan como las  condiciones que pueden separarnos del punto de partida y acercarnos al ideal propuesto: el ideal de un continente unido, justo, libre y soberano, para lo cual la integración regional –de manera multidimensional, pero fundamentalmente en el plano industrial, científico y tecnológico- es indispensable.

Coincidimos con Methol Ferré en que la industrialización, la integración y la democracia son tres cuestiones imprescindibles en el proceso de integración soberano al cual adscribimos, del cual depende la realización de cada país (Ferré; 2002).

Será necesario repensar el sistema de decisiones, las limitaciones a la hora de ejecutar proyectos imprescindibles, profundizar en la conciencia nacional y regional –que son complementarias- de los cuadros medios y técnicos que llevan adelante las políticas de integración desde los Estados nacionales y quienes trabajan en las instituciones regionales, para que las buenas intenciones y propuestas de los Jefes de Estado que apuestan a una integración profunda tengan correlato en la realidad, en beneficio de las mayorías populares. Como cuestión pendiente, vale resaltar que “el proyecto de integración regional anterior –se refiere al neoliberal [N. del A]- obturó y colocó límites a la generación de políticas con alcance regional para promover la integración de cadenas de valor, más cercanas al esquema de complementación de la década del ochenta” (Perrota, 2016).

Si bien nuestro enfoque de la integración es multidimensional y no atiende sólo a lo económico-comercial, deberá atender especial atención a la planificación industrial, científico-tecnológica a nivel continental y creación de cadenas de valor regionales que tengan como objetivo el desarrollo, el cuidado del ambiente, la generación de empleo y el bienestar de nuestros pueblos y no el incremento de los dividendos de las empresas y corporaciones transnacionales. Este es el espíritu del modelo de unidad e integración continental soberano.

Por Nicolás Canosa, estudiante de Sociología en UBA, responsable nacional del Frente Cultural del Peronismo Militante y responsable de relaciones internacionales del CENACK.

 

 

Notas

[1] En el 2015 participé representando a Peronismo Militante en la delegación argentina que viajó a la Cumbre Social del Mercosur. Entre los diez puntos centrales a defender en cada comisión, ponencia, debate o foro que el jefe de la delegación, Oscar Laborde, nos comunicó previo al comienzo de la Cumbre se encontraba priorizada el rechazo en pleno al acuerdo MERCOSUR-UE bajo el argumento que la República Argentina no firmaría ningún acuerdo que ponga en riesgo puestos de trabajo de los compatriotas. Esto fue ratificado por la presidenta y sus asesores, como Carlos Bianco, Sec. de RREE de Cancillería. Entre otros puntos, estaba la cuestión Malvinas, la defensa ante la ofensiva buitres, apoyo al reclamo de salida al mar para Bolivia, solidaridad con Venezuela y Brasil ante los intentos de destitución.

[2] http://www.eluniverso.com/noticias/2016/07/06/nota/5675736/tony-blair-se-arrepiente-guerra-irak-se-disculpa-reino-unido

[3] http://www.adnsur.com.ar/2016/07/es-mentira-que-ibamos-hacia-un-escenario-de-escasez-de-gas/