Macri ancla el barco de la patria a la periferia

 

* Manuel Valenti Randi.

Marco teórico

Como Nación, es importante pensarnos dentro de un lugar específico del concierto de naciones, porque la Argentina nunca se manejo ni se manejará aislada del mundo, por el simple hecho de que desde la llegada de los españoles a América, Latinoamérica se encuentra encuadrada en el sistema-mundo globalizado, de forma subordinada y dependiente respecto a los imperios de turno. De esta manera, la región se conforma dentro de un sistema mundial dividido en centro y periferia.

Esta nota pretende hacer un aporte al análisis de la política exterior llevada a cabo por Macri desde una perspectiva geopolítica situada (geopolíticamente situados en la periferia del sistema internacional, desde Latinoamérica en lo general y Argentina en lo particular); entendiendo, como decía Jauretche, que se debe “pensar lo universal, visto desde acá”.

 

Contradicción histórica principal

Históricamente adentrándonos en el plano nacional, y siguiendo a grandes rasgos el curso histórico de nuestro país, entendemos que desde hace más de 200 años existen dos modelos de país diametralmente opuestos respecto a sus concepciones políticas, económicas, sociales y culturales. El primero cree en que la única forma de salir de nuestro lugar de dependencia y periferia es a través de una proceso de insubordinación fundante, como explica Marcelo Gullo, el cual consiste en un proceso de insubordinación ideológica contra el pensamiento hegemónico establecido, sumado a un adecuado impulso estatal. Se identificará también con las ideas de Patria grande, donde el Estado interviene en la economía y catalogado por los sectores oligárquicos como la “barbarie”. El otro tiene como proyecto la Patria Chica, basado en el desarrollo de los países latinoamericanos de forma independiente unos de otros y competitiva, librecambista y autoproclamado como “civilizados”. Está conformado por una elite local instruida en el liberalismo y  subordinada a los centros de poder mundial.

Este sistema internacional, regido por el  capitalismo de mercado, ordena a la periferia de acuerdo a las necesidades de los actores centrales, estatales y sus empresas privadas. Al mismo tiempo, puertas adentro, en cada Estado, el poder político organiza su economía atada a las reglas de juego mundial. Históricamente los sectores nacionales que se han vistos beneficiados bajo este sistema en la Argentina,  fueron los mismos: los agroexportadores, los sectores importador y exportador, y aquellos ligados al capital financiero. Hoy estos sectores son parte del gobierno de Macri, sumado a representantes de intereses externos, a través de CEOS de la empresas y bancos internacionales como funcionarios del gobierno nacional.

 

Contexto internacional

Actualmente, en la era neoliberal, la política está puesta al servicio de la economía y la economía al servicio del sistema financiero internacional, conducido en gran parte por empresas multinacionales estadounidenses. Estados Unidos sigue siendo la potencia económica, militar, política y cultural más fuerte del mundo. Pero su poder se encuentra resquebrajado por las contradicciones internas y nuevas potencias emergentes. La disputa interna norteamericana se da a grandes rasgos entre el sector del complejo militar- industrial- financiero (ligado al Tea Party), con una política exterior de carácter unipolar unilateral. Esto quiere decir que se piensan como la única potencia del globo que toma decisiones por si sola “sin generar consensos”. Están relacionados  ideológicamente con el sector más belicista. A su vez el mismo desarrolla una política pro- israelí en Medio Oriente y están en contra de una posible alianza con Irán. Por otro lado se encuentra el sector ligado al capital financiero transnacional, conectado a la red financiera internacional con sede en las más grandes plazas financieras del mundo (Nueva York, Londres, Hon-Kong, Berlín). Obama es más allegado a este sector y tiene una política exterior de carácter unipolar multilateral, donde piensa a Estados Unidos como único polo de poder mundial pero que delimita las reglas de juego internacional a través del “concenso” con los otros países. En términos geopolíticos, la estrategia de Estados Unidos es correr el eje de Medio Oriente y pasar a Asia, América Latina y Europa, tratando de balancear el poder en Eurasia, salir del plano militar intervencionista y recuperarse en el económico.

Este plan de acción se encuentra enmarcado en la disputa de EE.UU. por la hegemonía internacional con los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) en lo general y con China en lo particular, por ser la potencia económica más fuerte despues de Estados Unidos. En la guerra económica buscan cercar a estos países en su región y  ahogarlos económicamente, por lo cual impulsan los acuerdos transregionales. El objetivo es controlar el pacífico y cercar a China. Para ello crearon el TPP (Acuerdo trans-pacífico por su siglas en Inglés) un acuerdo de libre comercio con 12 países de Asia y América Latina, donde los países firmantes suman el 40% del comercio mundial. De esta manera logran aislar a China de los países con los cuales comerciaba en su región y los de América Latina a través del Pacífico. Por otro lado Estado Unidos impulsa el TTIP (Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión por su siglas en inglés), un acuerdo de características similares con la Unión Europea, donde intentan enterrar la posibilidad de la alianza de Europa, con el objetivo de quebrar la nueva “ruta de la seda”, que va desde China pasa por la zona de Eurasia, Medio Oriente,  Rusia y se conecta con Europa.  De acuerdo a quien gane las elecciones en Estados Unidos dependerán las políticas que este lleve adelante en la disputa geopolítica, más allá de los intereses permanentes y el “destino manifiesto” de su país como árbitro del conflicto internacional.

 

La próxima etapa del sistema internacional ya no se encuentra signada por las alianza regionales, o los Estados industriales continentales como Estados Unidos, si no por las alianzas trans-regionales, donde se cumple lo que Perón pronosticaba en el 74´ en su libro el “Modelo Argentino Para el Proyecto Nacional”. En este legado político nos indicaba que luego de la etapas regionales se iba a ir hacia una mundialización de la integración. La misma puede darse de dos maneras: a través del respeto de la soberanía de los Estados y la autodeterminación de los pueblos como bases para la integración mundial; o a través de un grupo de Estados y grupos económicos de escala global que someten a otros Estados, quiebran su soberanía y generan así miseria y hambre en los pueblos, bajo condiciones humillantes de trabajo acentuando las desigualdades entre los que más y menos tienen.

Esta disputa se encuentra enmarcada en una crisis financiera internacional, que inició en el 2008, en Estados Unidos y luego la trasladaron a Grecia y España, entre otros. La crisis pone en jaque a los grandes bancos y economías más poderosas del mundo, como la actual posibilidad de quiebra del banco más importante de Alemania, el Deutsche Bank. El Papa denuncia el agotamiento de este sistema que no tiene base en la generación de capital a través del trabajo, sino que genera riquezas ficticias a través de mecanismos financieros. Francisco es uno de los pocos líderes con repercusión internacional que hoy denuncian la gravedad de la situación. El peligro de esto es que sin medidas que protejan las economías más débiles o emergentes los países centrales van a intententar transmitir, como lo están haciendo en realidad, la crisis a esas economías. Un ejemplo es el ataque financiero que sufrió China en 2015 el cual le generó grandes caídas en las bolsas y devaluación. Sumado a esto la guerra de monedas entre Estados Unidos, China, Rusia y la Unión Europea, sin protección de las monedas nacionales y el nivel de divisas, los países son muy permeables a ataques financieros.

 

Plano nacional: acciones y consecuencias de la nueva política exterior de Macri

Con la victoria de Macri, el país vuelve a insertarse de forma subordinada y ancla la posición en la periferia del sistema ordenado por el capitalismo financiero internacional. Argentina deja de tener una política exterior autónoma en base a sus intereses y pasa a seguir las directivas de la política exterior de los centros de poder mundial. En palabras de la canciller Susana Malcorra: “Macri me pidió tener una visión de la Argentina de afuera hacia adentro”. La política exterior del país deja de ser la extención de la política nacional hacia afuera, si no que nos sometemos al lugar en el que el capitalismo financiero internacional nos pone en la nueva “división internacional del trabajo”.

Como cualquier gobierno, la relación en las decisiónes del sector externo e interno política y económicamente están íntimamente relacionadas y muestran el nuevo alineamiento geopolítico del gobierno de Macri. Por lo tanto, sus objetivos de política exterior están relacionados con la decisiones en el plano nacional, tanto en el ámbito económico desde los aspectos financiero, monetario, fiscal, laboral y productivo. Como sus decisiones políticas y  los actos de valor simbólico llevados a cabo por el presidente muestran la forma en que quieren insertar a la Argentina en el mundo, su matriz cultural e ideológica, demuestran en definitiva, qué intereses defiende.

En el plano geopolítico el gobierno de Macri decide exacerbar la ruptura del Mercosur y alejarse del BRICS. En la última reunión de la Alianza del Pacífico el 30 de Junio, en la cual participó como miembro observador, Mauricio Macri dijo: “el Mercosur debe finalizarse y salir del descongelamiento para converger en el futuro en un acuerdo de libre comercio”. Por eso  decide romper el eje Caracas-Brasilia-Buenos Aires, construido por Chávez, Lula y Néstor Kirchner, cristalizado en la creación del UNASUR, convocando a todos los países de Suramérica a construir un proyecto de integración político, económico y social soberano. El nuevo eje pasa a ser la Alianza del Pacífico en la cual participan Méjico, Chile, Perú y Colombia como miembros plenos, todos éstos menos Colombia, son países firmantes del TPP. En la reunión antes mencionada agregó: “Queremos ser parte activa en el mundo para ayudar a resolver los problemas globales, dinamizar el Mercosur hacia el siglo XXI y converger hacia la Alianza del Pacífico”. Por eso da la decisión del Plan Belgrano donde va a fortalecer la infraestructura del noreste argentino para tener una mejor  salida al pacífico. Las relaciones asimétricas de poder económico, financiero y militar nos ponen en un situación de desventaja,  por lo cual, los intercambios comerciales si se dan sin ninguna regulación, van a ser desventajosos para nuestro país. Para ingresar en el tratado del TPP es necesario tener regímenes laborales flexibles como el que Macri quiere implantar con la ley laboral presentada en lo últimos días. A su vez afecta la competitividad de los productos latinoamericanos en detrimento de su capacidad de inversión de mercados extranjeros entre otras implicancias.

Para lograr insertarnos en este esquema geopolítico en lo interno es necesario romper con el proyecto de justicia social, soberanía política e independencia económica iniciado hace 12 años. En lo económico se puede diferenciar en distintos aspectos. Resecto al sector financiero donde la Argentina había logrado desendeudarse, el gobierno de Macri busca volver al mercado de capitales acordando con los fondos buitre con la excusa de destrabar la posbilidad de salir a tomar deuda con bancos internacionales de crédito; de esta manera Argentina se endeudará y perderá soberanía ya que tendrá que acatar los condicionamientos de los organismos que le presten el dinero y a su vez los gastos en intereses de deuda serán altos, bajando así el presupuesto en inversión social.

En el sector monetario la desregulación del mercado de divisas y la quita de restricciones al giro de las mismas al exterior, permiten que nuestra moneda sea manejada por el sector financiero de acuerdo a sus intereses y las empresas multinacionales instaladas en el país no esten obligadas a reinvertir una parte de las grandes ganancias que generan en Argentina. Al 16 de abril se tomaron U$ 16.500 millones en deuda y entre enero y abril de este año se fugaron U$3.500 millones al exterior.

La desregulación fiscal y la quita de impuestos como a la minería y al campo, permiten aumentar el margen de ganancias de los grandes productores, empresas exportadoras  y multinacionales dedicadas a la minería y al agro. Esto disparó los precios de los alimentos, lo que generó una transferencia de recursos hacia el sector agrícola según las mediciones de entre $ 60.000 y 80.000 millones.

En el plano laboral los despidos masivos buscan generar una masa de desocupados que quite margen de negociación a los gremios y permita bajar los costos de producción para que sea, por un lado, más rentable para el sector empresario y sean más competitivos en el mercado internacional. Macri estuvo en Europa en el mes de julio y el diario La Nación reprodujo un debate que tuvo con él gremialista de SMATA (mecánicos), Oscar Romero, sobre la competitividad y posibles inversiones de automotrices extranjeras “No podemos perdernos esa fábrica. Depende de ustedes que podamos bajar los costos”.

Estas medidas muestran que se quiere pasar de un esquema productivo donde se proteja el desarrollo de las fuerzas productivas nacionales a uno subordinado al capitalismo financiero internacional y las multinacionales, basado en la producción de productos de bajo valor agregado, tanto primarios como industriales. Esto sería garantizado con el proyecto de flexibilización laboral antes mencionado que pulverizaría los derechos laborales adquiridos por los trabajadores.

La “ pesada herencia” económica, como dice el actual gobierno, creada por el gobierno de Néstor y Cristina Kirchner, en la cual nos dejaron un país desendeudado, con una economía estable, indicadores macroeconómicos positivos y en crecimiento, hacen que la disputa por los grandes negocios que se pueden hacer con la riqueza de nuestro país conviertan a Macri en la madama que busca venderla al mejor postor.

Por Manuel Valenti Randi, estudiante de Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de Lanús), director del CENACK.