Los posibles impactos económicos en Argentina del “America First”.

*Perié Alejo

Mucho se ha venido especulando desde la victoria de Donald Trump en las elecciones de los Estados Unidos y sus consecuentes medidas de gobierno que intentará llevar a la práctica en sus próximos años de mandato presidencial. Diversos analistas e intelectuales que participan en múltiples medios de comunicación han advertido sobre los cambios posibles en el escenario económico internacional que se podría configurar tras la implementación del “America First” como estrategia económica-política del gobierno estadounidense. Particularmente una de las posibles configuraciones que se avizoran, y que se desarrollará someramente en las líneas siguientes del presente artículo, es la revalorización de la moneda estadounidense y sus posibles efectos en los flujos financieros a escala global, repercutiendo posiblemente de forma aguda tanto en economías desarrolladas como en aquellas consideradas “emergentes” o en vías de desarrollo (incluimos dentro de esta última categoría a la Argentina).

Efectivamente, tres semanas después de haberse producidas las elecciones en Estados Unidos, la divisa norteamericana tuvo una de sus más agudas apreciaciones en relación a las monedas de otras economías desarrolladas, llegando a superar en un 40% al valor que tuvo en el 2011. Esta apreciación también se constató con las divisas de algunas economías emergentes como China e India. El porqué de esta fluctuación monetaria – de la cual se puede encontrar registro no obstante desde hace ya algunos años atrás – se explica por las medidas económicas que conformarán la estrategia económica de Donald Trump.

En una forma sintética y sencilla de explicarlo, grandes inversionistas y fondos de pensiones globales esperan – y apuestan a – que las medidas económicas de Trump (reforma del sistema impositivo a través de impuestos aplicados al flujo transfronterizo de bienes y otras exenciones impositivas beneficiosas para los sectores estadounidenses más concentrados y de mayores ingresos, junto con planes en infraestructura que fomentarán un mayor gasto de fondos públicos) conduzcan a la Reserva Federal de los Estados Unidos a aplicar un aumento de su tasa de interés con el propósito de contrarrestar y mantener un nivel aceptable de inflación, avivada por esta expansión del gasto público y la traslación de la reforma impositiva a los precios de los bienes importados. Consecuentemente, un incremento de la tasa de interés, generará una modificación en el comportamiento de los flujos financieros, ya que aquellos grandes inversionista globales preferirán destinar sus inversiones a bonos del tesoro norteamericano u otras opciones atadas a la cotización del dólar, evitando alternativas de inversión de mayor volatilidad, y producirá como resultado final un aumento del precio del dólar a nivel internacional.

Ahora bien, esta situación probable nos conduce al planteo de dos preguntas intrigantes. La primera, enfocada a cuáles serán los posibles efectos de esta revalorización monetaria a nivel internacional, pregunta que nos lleva a una respuesta contextual -general y global-, para dar luego espacio a la segunda pregunta de carácter particular o local, referida a cuáles serán las repercusiones que deberá afrontar la Argentina en esta posible nueva etapa de un dólar recargado, teniendo en consideración la nueva estrategia de “reinserción al mundo” del gobierno argentino a través de su política de endeudamiento acelerado y reprimarización productiva.

La revalorización de la moneda estadounidense provocará posiblemente alteraciones importantes en el sistema económico mundial. Basta destacar su supremacía no desafiada aun como medio de intercambio y reserva de valor internacional para asumir como previsibles las futuras repercusiones en los flujos comerciales y financieros del sistema internacional.

The Economist, en su edición económica del 3 de diciembre de 2016, señaló algunos aspectos que hacen fundamental a la divisa norteamericana en el sistema económico mundial y cómo su encarecimiento podría ocasionar impactos importantes a nivel global. Uno de los aspectos señalados recae en la importancia de la “zona del dólar”, compuesta por países que mantienen el valor de sus monedas en línea con el de la divisa verde, la cual representa el 60% de la población mundial y del PBI global. El segundo, hace referencia al progresivo aumento del financiamiento en dólares en los últimos años, producto de las positivas tasas de crecimiento de los mercados emergentes hambrientos de dólares por un lado y por las bajas tasas de interés en los Estados Unidos que han empujado a importantes actores financieros a modificar sus portafolios de inversiones en busca de alternativas más rentables como bonos de países emergentes y grandes empresas situadas en los mismos. Este financiamiento llego a representar casi 10 billones de dólares hasta el 2015 (de acuerdo a cifras publicadas por el Banco de Pagos Internacionales – Bank for International Settlements -), de los cuales un tercio fueron a parar a los mercados emergentes. Un tercer elemento a tener en consideración, en esta situación de revalorización monetaria estadounidense, se caracterizará por el encarecimiento del servicio de las deudas contraídas por diversos países, e inclusive grandes empresas, y así también de créditos futuros. Lo cual repercutirá negativamente en el nivel de actividad de estos países que han venido transformando aquellos flujos de deuda – barata – en un aumento de créditos financieros-productivos a nivel local (lo cual ha generado nuevas burbujas especulativas dicho sea de paso). Por último, y especialmente atinente a aquellas economías que basan su situación económica- comercial en la exportación de sus materias primas, se generará una desvalorización de los commodities a nivel internacional producto de un valor más alto de la divisa que sostiene su cotización e intercambio.

Dicho esto, nos toca ahora enfocarnos en nuestra segunda pregunta y analizar cómo Argentina, gobernada por el frente Cambiemos, abordará estas alteraciones monetarias y financieras generadas por el “America First”. Para configurar una respuesta factible y razonable basta con traer al frente los tres elementos que caracterizan fundamentalmente la estrategia económica del gobierno nacional: Endeudamiento Externo; Reprimarización Productiva; y Liberalización Financiera.

La confluencia de estos tres elementos en la nueva estrategia macrista de reinserción de la Argentina en el Mundo, permite avizorar un escenario alarmante para el país. El endeudamiento externo se verá envuelto en condiciones más restrictivas y costosas producto de una tasa de interés y un dólar más caro, lo cual llevará además a un servicio de cumplimiento de deuda también más costoso. La reprimarización productiva, producto de la estrategía oficial del gobierno destinada a convertir a la Argentina en el “supermercado del mundo”, se verá perjudicada por la desvalorización de los commodities anteriormente mencionada. Por último la liberalización financiera permitirá que los flujos de capitales busquen alternativas más estables saliendo de la Argentina y dejando al país carente de los dolores necesarios para el sostén de su actividad productiva reprimarizadora.

La dependencia argentina hacia el dólar, acentuada por las medidas económicas del gobierno del Presidente Macri, y en un contexto de revalorización internacional de esa divisa, de un endeudamiento externo vertiginoso, y de una depreciación del precio de nuestro principales productos de exportación (que además son los principales generadores genuinos de los dólares que la Argentina necesita) no se verá más que agravada, trayendo nuevamente ante nosotros el problema histórico de la restricción externa que ha venido afectando continuamente el desarrollo de nuestra matriz productiva.

Podemos decir entonces, que la estrategia económica del gobierno cae presa de un error de diagnóstico situacional del contexto internacional futuro, y evita en consecuencia la formulación necesaria de políticas acordes que permitan amortiguar los efectos de una divisa norteamericana revalorizada, como pueden ser tanto el uso de la capacidad regulatoria del Estado para evitar la fuga indiscriminada de capitales que aprovechan el arbitraje financiero para generar márgenes de ganancia a través del uso de las tasas diferenciales que se pagan interna y externamente, como la participación activa del Estado argentino en ayuda de los sectores productivo más afectados por la masiva entrada de productos importados.

Basta decir en conclusión que el escenario señalado en las líneas anteriores no deja de ser un escenario probable y lleno de matices y cambios inciertos. No obstante, la tarea de aquellos que se encuentran en posiciones de gobierno debería ser, entre otras, tratar de prever situaciones futuras y generar posibles herramientas que permitan anticiparse y amortiguar los efectos de aquellas situaciones. No obstante, ese en esto mismo en que se observa una importante falencia – por omisión, desconocimiento, o falta de capacidad – del gobierno de Mauricio Macri.

Nota escrita por Perié Alejo. El presente artículo ha sido elaborado en carácter personal y no expresa posición oficial del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de la Nación.