Los Efectos Colaterales de la Opulencia

Capitalismo, Trabajo y Especulación Financiera.

*Silvano Pascuzzo

 

El devenir de los últimos años del Siglo XX, el período que va desde 1970 a 1990, vio derrumbarse muchas ilusiones; desde las promesas románticas de una Revolución liberadora de raigambre humanista, hasta el final de una era de abundancia, consumo y bienestar, al interior del llamado “Mundo Libre”. Luego del desengaño producido por el “Totalitarismo Marxista” – en Hungría y Checoeslovaquia, en Polonia y en un Berlín dividido por una ignominiosa pared de concreto – el auge del “Neoliberalismo” a puesto fin a una etapa y dado inicio a otra distinta, parte de un proceso histórico de largo plazo, en el que el “Capitalismo” parece ser el término clave, el puntal axiológico de un nuevo orden planetario.

Pero ¿qué características iba a asumir, en medio de profundas inestabilidades, la idea de lo que llamamos eufemísticamente “Economía de Mercado”? ¿qué sistema económico hablamos cuándo decimos, sin dudarlo mucho, la palabra “Capitalismo”? Porque sin dudas, el mundo del Siglo XVIII, en el que Occidente terminará de forjar su fe en la “Libertad” y en la “Racionalidad” ha muerto; y éste mundo de hoy, heredero y depositario de sus tradiciones y de sus mitos, parece casi su sombra orlada de oropeles, pero su sombra a fin de cuentas.

El Capitalismo es entonces hoy en día: “Capitalismo Financiero Globalizado”, muy distinto de ese sistema que con confianza un tanto desmedida en las potencialidades del “Hombre Racional”, describiera entre 1750 y 1850 la llamada “Economía Clásica”. Tampoco es el conjunto de “relaciones productivas” que avizorara Karl Marx (1818-1883), caracterizadas por la presencia de ese sujeto colectivo portador de esencias revolucionarias: el “Proletariado”. Ni siquiera es ese “Estado Industrial” brillantemente descrito por John Kenneth Galbraith (1908-2006) allá por los tiempos de Kennedy y de Johnson. Es algo distinto, diferente a todo lo que por inercia o por costumbre, solemos relacionar con la palabra de uso corriente.

En primer lugar, el Capitalismo se ha independizado del “Trabajo Humano”. Puede, en pocas palabras, producir y multiplicar riqueza, apelando cada vez en menor medida a los factores que históricamente fueron su motor. El “préstamo a interés” y la “Globalización” del “patrón dólar”, potenciaron hacia 1975, la valorización del dinero, no sólo como “medio de pago”, sino como único y principal signo de la opulencia y del éxito económico. A partir de entonces, todo comenzó a ser medido en valores monetarios y ningún otro elemento pudo ya sustituir a los flujos electrónicos de fugaz volatilidad en el escenario principal de la vida económica.

Por otro lado, las fuerzas más dinámicas del proceso de generación de mercancías y del intercambio de bienes y servicios, no están en manos de aquellos agentes tan conocidos y citados por toda la literatura socialista del Siglo XIX: el empresario, el burgués, el propietario de los bienes de producción. Ahora es la “Multinacional”, dominada por una “Burocracia” de gerentes y de tecnócratas, la protagonista en el mundo global. En ella, la “propiedad” es algo ficcional, etéreo, basado en la posesión de papeles bursátiles, por medio de la intervención de individuos distantes entre sí, miles de kilómetros y separados por un abismo de particularidades infinitas.

Finalmente, la crisis – ese especial acontecimiento, recurrente y revitalizador, que fuera endiosado como la forja del desarrollo y del crecimiento en las sociedades modernas – no es ahora un asunto que pueda explicarse por las insuficiencias de la “oferta y la demanda” de bienes y servicios; sino que es el resultado de la migración, repentina, cruel y vertiginosa, de los billetes electrónicos que circulan sin respaldo material por el Mundo,a cada hora y a cada minuto, sin cesar.

Es importante, entonces, redefinir lo que entendemos por “Capitalismo”, a los efectos de poder vislumbrar – aunque sea parcialmente – las líneas maestras de su funcionamiento. No es ya posible entender la vida social en el Siglo XXI, sin dar crédito a la evidencia que nos ilustra sobre la fluidez, la provisionalidad y la ausencia de “seguridades” en el escenario cambiante y fenoménico en el que estamos inmersos.Las “estructuras sociales” – esos baluartes de la vida colectiva que según los grandes genios del pensamiento contemporáneo, introducían al individuo en el campo de las “determinaciones cruzadas” – se han desmoronado en medio de los

tiras y aflojes de la “Política”, presentados como elementos relevantes, por los medios masivos de comunicación y las redes sociales.

Es que quizás estemos confundidos por un sinfín de fugaces exposiciones virtuales, de episodios sin valor estratégico, ignorando lo esencial, aquello que ha caracterizado siempre al Capitalismo y que lo ha convertido en lo “que es”: la “especulación financiera”. Porque la inversión de “excedentes monetarios” – la plata y el oro americanos – fue el combustible que puso en funcionamiento al conjunto del entramado económico de finales de la Edad Media. En la “financiación” a interés, en las “sociedades comanditas” y en los bancos, radicó el secreto de la posterior explosión del comercio y de la industria. Acaso, lo que hoy es la regla, el factor preponderante – las finanzas – sea en realidad la “substancia”, el soporte, el “Ser” de eso que llamamos: “Capitalismo”.

La industria, la agricultura y el comercio, han existido y han prosperado – sin solución de continuidad – desde los tiempos del “Neolítico”. Siempre se han producido alimentos, materias primas y utensilios de usos diversos; y se los ha intercambiado a través del trueque o por medio del uso de moneda. Pero el “préstamo a interés”, sólo se convirtió en “eje del sistema”, allá por las postrimerías del siglo XV, cuando personajes como Matías Fugger o Lorenzo de Médicis, se convirtieron en la expresión más acabada del “hombre de negocios occidental”: activo, despiadado, calculador y dispensador de favores; incluso influyente en la Política, no tanto por sus dotes de liderazgo sino merced a su poder financiero.

Se debe pues revisar la idea que nos hemos formado del “desarrollo económico” en los últimos tres siglos, al asociarlo al auge de la industria e incluso de las modernas técnicas productivas. Hoy, esa mirada no permite interpretar lo que ocurre incluso en los países más ricos, condicionados en su bienestar por los flujos financieros sin control, generadores transitorios de opulencia y potenciadores de ciclos cada vez más recurrentes de retracción monetaria, desempleo y caída del consumo. Ahí está, al parecer, el núcleo duro del sistema, su base de regeneración; al mismo tiempo que la causa de su inestabilidad, volatilidad y profunda injusticia distributiva.

El “Marxismo” creía, por otro lado, que el “Capitalismo” tenía su esencia en la explotación del trabajo humano. La fuerza de sus ideas, nos ha marcado profundamente a lo largo de muchas décadas, y hemos visto – liberales, socialistas, social cristianos y populistas – a la economía moderna como caracterizada por la “explotación de la fuerza de trabajo organizada” .Coincidiendo con la visión del mundo atribuida a Karl Marx, o confrontándola; no hemos visto que el “Capitalismo” es ante todo “especulación financiera y control de flujos de liquidez monetaria”.

El mundo que viene será antes que nada, un mundo transitado por la tensión entre dos fuerzas opuestas pero al mismo tiempo complementarias: la “acumulación de riqueza” y el “consumo masivo”. Miles de seres humanos han entrado, vertiginosamente en la “Economía Global”, buscando mejorar su vida y su futuro por medio, no del “trabajo” – cada vez más precario y provisional – sino por el lado de la “demanda de bienes y servicios”. Pero la generación, la palanca de ese “enorme Mercado”, es la concentración del dinero y de los flujos financieros, en cada vez menos manos. Es indiscutible que la “artificiosidad” de los mecanismos del sistema, su “virtualidad”, exceden los límites de la “economía real”, productiva; pero al mismo tiempo, ella no funcionaría sin la expansión de esa “artificiosidad”.

En conclusión: ¿es sustentable el modelo de acumulación financiera, basado primordialmente en el ensanchamiento de las distancias entre la producción material y la proliferación de flujos monetarios sin respaldo efectivo en la economía real?¿Cómo controlar las “crisis económicas” endémicas y cada día más recurrentes, sin poner la mirada en los mecanismos especulativos y en la libre transferencia de moneda líquida por medios virtuales electrónicos? Preguntas que es pertinente formularse, en el momento en que el “Hombre”, sujeto y objeto de la Historia, se encuentra amenazado por los efectos colaterales de su propia opulencia.

*Por el Licenciado Silvano Pascuzzo. (UNLA/UNO).