LENIN PRESIDENTE: apuntes sobre la victoria de la Patria Grande en la mitad del mundo

*Nicolás Canosa

En el artículo “el peso simbólico de la elección en Ecuador para Nuestra América”, que hemos publicado la semana previa al balotaje ecuatoriano del 2 de abril, reflexionamos acerca de la decisión trascendente que esta elección implicaba para Nuestra América como continente en disputa[1]. También, sostuvimos que dos proyectos antagónicos se enfrentarían en las urnas y que, si bien estaba reñido el panorama, era posible sostener nuestra fe y esperanza en el triunfo de Alianza País, en base a análisis políticos de la situación. Destaco uno de ellos que se expliqué en el artículo mencionado: sí solo uno de cada tres votantes de las otras fuerzas políticas en la elección general lo hacían por Moreno, de todos modos ganaría el candidato que sucederá a Rafael Correa, por la amplia diferencia que había logrado en la primera contienda electoral.

La restauración neoliberal en la región hoy ha sufrido un importante golpe tanto en términos simbólicos como geopolíticos. Mientras que las fuerzas del campo popular que resisten y buscan torcer el rumbo neoliberal que ha tomado el mando en Paraguay (2012), Argentina (2015) y Brasil (2016), como los que también resisten en los países donde predominan los sectores aliados al proyecto del capital transnacional y de los Estados Unidos, hemos recibido la noticia de este triunfo ecuatoriano como uno propio y está en nuestra responsabilidad ante el momento histórico de aprovechar este viento simbólico a nuestro favor.

En términos geopolíticos regionales el proyecto neoliberal pierde la posibilidad de imponer en el país donde funciona la UNASUR al banquero Guillermo Lasso, quien sostenía una mirada de la integración totalmente opuesta al espíritu por el cual surgió esta institución. A su vez, la construcción mediática de este candidato como sus representantes políticos se han manifestado en repetidas ocasiones contra la República bolivariana de Venezuela. Lo cual auguraba sumar al Ecuador a la guerra integral que sufre Venezuela en términos diplomáticos, para-militares, económicos, financieros y mediáticos, principalmente por los intereses imperialistas de los Estados Unidos y los capitales transnacionales que no perdonan que la renta petrolera de la mayor reserva del mundo se haya destinado a la inclusión social y no a la expansión de la tasa de ganancia de sus capitales y para el funcionamiento de su maquinaria militar-industrial.

En la dimensión geopolítica mundial, uno de los aspectos más álgidos que se jugaban en esta elección consistía en el futuro del jefe de Wikileaks. Cabe destacar, en este sentido, que Lenin Moreno se manifestó en favor de seguir sosteniendo el asilo político al director de Wikileaks Julian Assange, quien vive en la Embajada de Ecuador en Londres desde el año 2012. Wikileaks se ha convertido en un actor político mundial,  filtrando y develando documentos que atañen a dirigentes de peso en los países centrales y desnudando políticas de los Estados más fuertes, como también de las estrategias de dominación y espionaje de las agencias de inteligencia de los mismos (este tema será tratado en el próximo artículo a publicar). Por el contrario, Lasso manifestó que “la embajada de Ecuador no es un hotel” y que le daría a Assange treinta días para desalojar la Embajada en caso de ganar el balotaje[2].

En el campo de lo simbólico, insistimos, este triunfo es de notable significado geopolítico como esperanzador. Los cañones mediáticos habían decretado “el fin de ciclo” de los gobiernos “populistas y autoritarios” y hasta “dictatoriales”[3], aunque se sostenían por el voto popular. Si bien sabemos que no van a descansar en desgastar y atacar a quienes representan y militan por una real distribución de la riqueza, por la dignidad del hombre y la mujer, por un continente libre de decidir su propio destino sin injerencias externas, este hecho político ocurrido “en la mitad del mundo” ha ratificado que ese diagnóstico, si se creía seriamente, ha sido errado.

Este triunfo simbólico refuerza nuestra posición sostenida luego de la derrota del 2015 en Argentina y del Golpe en Brasil en 2016, donde argumentábamos que lejos de concretarse el “fin de ciclo” de gobiernos populares en función de la justicia social y no del capital, lo ocurrido fue un retroceso circunstancial frente al bloque histórico de la opresión, el cual con estrategias orquestadas por la alianza de poder entre grandes medios de comunicación, sectores del poder judicial, servicios de inteligencia –de adentro y de afuera- , ONG´s y élites políticas al servicio del capital financiero y de intereses extranjeros,  habían logrado debilitarnos y, en efecto, recuperar el poder político tanto por la destitución directa (Paraguay, Brasil) como por las urnas (Argentina).

También, demuestra que la experiencia de la unidad continental soberana e inclusiva, como la interna de organización y participación popular de cada país que existieron durante estos gobiernos, a pesar de la derrota, los límites en la profundización de la integración, de los errores cometidos y las tensiones internas derivadas de ella, se encuentra, en términos comparativos a otras etapas de gobiernos antipopulares, en mejores condiciones de afrontar esta etapa en términos organizativos, como por la referencia cercana a una experiencia reciente de ampliación de derechos y conquistas sociales producidas simultáneamente en varios países de la región. Ejemplo de esto es el marzo argentino, histórico por sus movilizaciones que aglutinaron cientos de miles en la calle en cada movilización y las luchas en todos los ámbitos frente a las políticas del gobierno de Macri, quien elige agudizar la confrontación con Cristina Kirchner (que crece en las encuestas y permanece en el alma popular de millones de argentinos) y “el kirchnerismo”; las movilizaciones de los trabajadores que comienzan a florecer en Brasil ante el ajuste y la entrega del inestable gobierno de Temer, con la sombra de un Lula que aparece con la mayor intensión de voto para el 2018; como las disputas intestinas del poder oligárquico en Paraguay ante las grandes posibilidades de que Lugo sea el candidato triunfante por el Frente Guasú (un 60% hoy lo votaría) en las elecciones del 2018; y la consistencia y firmeza del gobierno bolivariano ante la ofensiva integral que antes mencionamos.

Por último, las acciones de Lasso al no reconocer el triunfo de Alianza País en la rueda de prensa posterior a que el CNE anuncie los resultados, sostener que será un gobierno ilegítimo por cometer un supuesto fraude e informar que había llamado al secretario de la OEA para dar a conocer la situación, sumado a las acciones violentas de sus militantes en las inmediaciones del Consejo Nacional Electoral, demuestra que el discurso de la “democracia y la libertad” es una gran máscara detrás de la cual se esconden los sectores más reaccionarios de la sociedad que no respetan la voluntad popular (no olvidemos los meses previos a la elección en Argentina como agitaron el fantasma del fraude que podría realizar el FPV desde los medios de comunicación y partidos opositores, luego de elecciones previas a la general realizadas en distintas provincias, siendo Tucumán el punto mayor de conflicto, por no hacer el análisis contra-fáctico de si Daniel Scioli ganaba por una pequeña diferencia). Este accionar no sólo la ratifica las diferencias en términos democráticos que habíamos caracterizado en el anterior artículo entre los bloques en pugna, sino también merece un llamado de alerta en relación al curso de los acontecimientos en los próximos días por la alianza CREO-SUMA.

Concluyendo, este resultado es un fuerte viento en favor de la construcción de mayorías y de poder para “volver mejores”, tarea que no hubiera menguado de ninguna manera en caso de haber sido otro el resultado en Ecuador. A su vez, amplía los desafíos para construir sentido común y un horizonte esperanzador por parte de nuestros proyectos, basado en las conquistas realizadas pero fundamentalmente en las que se podrán conseguir en el futuro, que permita disputar el campo de la construcción de conciencia con quienes se embanderan con el seductor discurso del “cambio” como ocurrió efectivamente en Argentina y también en Ecuador, que luego, inevitablemente, por la configuración política del bloque que manifiesta ese discurso, perjudica a la mayoría de quienes han sido persuadidos por él.

Con el 96.14% de las mesas escrutadas cuando finalizo estas líneas, con profunda alegría y motivación podemos decir LENIN PRESIDENTE (51.12% Lenin Moreno; 48.88% Guillermo Lasso). Culmino con las palabras de Rafael Correa, que expresan los sentimientos y reflexiones que motivaron a escribir este artículo: “Gran noticia para la Patria Grande: la Revolución volvió a triunfar en Ecuador. La derecha derrotada, pese a sus millones y su prensa”.

 

Por Nicolás Canosa, militante peronista, secretario de relaciones internacionales del CENACK; responsable nacional del frente cultural del Peronismo Militante; estudiante de Sociología (UBA).

[1] https://cenack.com/el-peso-simbolico-de-la-eleccion-en-ecuador-para-nuestra-america/

[2] http://www.eluniverso.com/noticias/2017/02/20/nota/6057511/guillermo-lasso-dice-que-embajada-donde-esta-julian-assange-no-es

[3] http://www.eluniverso.com/opinion/2017/04/02/nota/6119720/dictadura