Las nuevas realidades de la multipolaridad mundial

 

*Miguel Ángel Barrios.

En el año 2008 salía a luz el Diccionario Latinoamericano de Seguridad y Geopolítica (Barrios, Miguel Ángel, Director. Diccionario Latinoamericano de Seguridad y Geopolítica, Ed. Biblos, Bs.As., 2008), que realizamos con un conjunto de expertos latinoamericanos y adelantábamos, hoy lo podemos decir, que la posguerra fría, lo que Helio Jaguarible llamaba “orden” unimultipolar, ya que EEUU poseía un dominio absoluto de la superioridad militar y en otras dimensiones empezaba a declinar y compartir ese poder, para Jaguaribe – y por supuesto nosotros asumíamos modestamente la interpretación del eminente brasileño, que incluso nos realizó el prólogo a la obra-, se desplazaba a una multipolaridad nítida, aunque reconocidos académicos hablaban de apolaridad, otros de bipolaridad China-EEUU, y otros de que la unipolaridad norteamericana no estaba en riesgo.

Hoy, la unimultipolaridad ya no es tal, EEUU no pudo generar un imperio mundial militar -Jaguaribe lo anticipaba- y en el Diccionario…, afirmábamos que la multipolaridad que se venía sería des-occidental, donde los Estados continentales industriales serían sujetos de ese nuevo “orden”.

Y planteábamos desde la Doctrina Putin: unificar un bloque eurasiático, en el fondo una vieja doctrina geopolítica que pasa desde Catalina a los planteos de panregión de Haushofer (Hitler hizo lo contrario e invadió la URSS) hasta las perspectivas de los grandes espacios de Alexander Dugin. Todo fortalecido por la audacia estratégica de Vladimir Putin.

Por el otro lado, -y también lo decíamos en el Diccionario…-, en el 2001 nacía la Organización de Cooperación de Shangai (OCS). Una organización intergubernamental formada el 15 de junio de 2001, cuyos Estados miembros son: Rusia, China, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, y Uzbequistán; como Estados observadores: Afganistán, India, Irán, Mongolia y Pakistán; y como socios de diálogo: Bielorrusia, Sri Lanka y Turquía. Los idiomas oficiales son el ruso y el chino, y la sede es Pekín. Pese a no ser un bloque militar, la organización tiene por objetivo el fortalecimiento de la seguridad en la región, así como la cooperación económica y cultural.

Es complejo entender las nuevas realidades de la multipolaridad mundial sin estas dos variables, que nosotros planteamos en el Diccionario… en aquel lejano 2008.

Los primeros dieciséis años del nuevo siglo significaron un cambio geopolítico profundo, de consecuencias imprevisibles.

La unión, hoy, de Rusia, Irán y China para detener la “balcanización” de Oriente Medio promovida por EEUU y la OTAN a través de una geopolítica del caos, con el fin de obtener recursos energéticos y acuíferos, hasta ahora resultó un fracaso. Incluso el rol ambiguo de Estados Unidos con respecto a la organización terrorista Daesh, y el rol activo, también hay que decirlo, del Papa Francisco abogando por detener la guerra en Siria cuando Estados Unidos pretendió invadirla, y escribiendo una carta a Putin. Y también es lo que hace plantear al Papa que estamos en una tercera guerra mundial de a trozos.

También la incertidumbre que envuelve a la geopolítica del caos, como el hecho de que el presidente de Turquía, Erdogan  -aliado clave de los EEUU- se haya encontrado con Vladimir Putin el pasado 9 de agosto en San Petersburgo.

Hay nuevas realidades, un bloque de contrapeso a EEUU que incluso empieza a disputarle el poder militar como nuevo dato a la hegemonía absoluta de la posguerra fría.

Irán, como potencia regional que lleva a cabo una cooperación con Rusia, y viceversa, para combatir al terrorismo, basada por supuesto en los intereses de su propia seguridad – no mal entenderla como subordinada a Moscú; esto es fundamental saberlo, lo contrario significa ignorar las capacidades del país persa.

China también empieza a demostrar interés por el futuro de Oriente Medio y por asegurar su espacio geoeconómico en Siria.

Así se explica la visita del Jefe de la Comisión Militar de China, el Almirante Guan Youfei, al Ministerio de Defensa de Siria, donde tuvo una reunión con el Ministro de Defensa, Fajad Jassin, sobre la participación de militares chinos en la preparación de los soldados sirios y la ayuda militar.

En el fondo también es un mensaje a Washington por su agresiva interferencia en los asuntos del mar de la China, por donde transita un 30% del comercio mundial.

Asimismo, en Yemen, los liberadores del pueblo chiíta ofrecen bases aéreas a Moscú en el momento en que Arabia Saudita empieza a recibir nuevamente personal militar norteamericano, desde donde se coordina los ataques aéreos saudíes contra Yemen. Esta guerra le cuesta a Riad unos 200 millones de dólares al día y está arruinando su economía.

Turquía refleja al máximo nivel estas nuevas realidades. Turquía no puede enfrentarse a EEUU por ser su aliado en la OTAN y ser un país receptor de la ayuda y el armamento estadounidense. El gobierno de Erdogan también está preocupado por su alianza con Rusia, debido a las sanciones que puede imponer EEUU. Y además, el propio Erdogan, que entiende que hay que eliminar a los Kurdos y no el terrorismo del Daesh. Por eso, es difícil, y si uno es estructurado, no podrá comprender lo que pasa o puede ocurrir.

De ahí la visita del vicepresidente norteamericano Joe Biden a Ankara, para suavizar el enojo de Erdogan con respecto a EEUU y la acusación que hace a Fethullah Gulen, indicado por Erdogan como autor intelectual activo del golpe, y exiliado en Pensylvania.

En lo que Erdogan no ha cambiado es en eliminar a los kurdos, cuando justamente estos fueron vitales para debilitar el terrorismo del Daesh.

Esta es el verdadero rompecabezas actual de la Isla Mundial, desde la perspectiva geopolítica de Mackinder, y podríamos decir sin dudar que América Latina debe estudiar profundamente esta lógica mundial por la revitalización de la Doctrina Monroe en nuestro espacio continental, sumada a nuestros propios errores. Estos y la incapacidad estratégica pueden llevarnos a un desastre histórico.

Notas complementarias:

-La Doctrina Monroe, conocida por la frase de “América para los americanos”, surgió en 1823. Como base fundamental de la política exterior de Estados Unidos, señalaba que el país repudiaría cualquier intento de colonización o intervención de una potencia europea en territorio americano. En la práctica, esta doctrina se convirtió en una herramienta para justificar la política exterior expansionista, así como las intervenciones de todo tipo (militar, económico, político) de EE.UU. en Latinoamérica, a lo largo de los años.

Mackinder (1861-1947) fue un geopolítico y geógrafo inglés que entendía al mundo en “regiones”, y creía que, de ellas, la más importante estratégicamente hablando, era la que denominó, en 1904, “Heartland” o Pivote del Mundo (refiriéndose a Eurasia). Comprendía que quién controlara Europa del Este dominaría el Pivote del Mundo, quien controlara el Pivote del Mundo dominaría la Isla Mundial, y quien dominará la Isla Mundial dominaría el mundo.

Por Miguel Ángel Barrios (Argentina), Dr. en Educación y en Ciencia Política.