La Restauración Conservadora Suramericana, que parece no será

Por estos días, la realidad de nuestro continente, comienza a desmentir aquel apotegma, que nos hablaba hace poco más de un año, del fin de ciclo de los Gobiernos Populares en Suramérica. La desesperación, fascista y violenta, de la oposición venezolana, el desbarranque del gobierno golpista de Michel Temer en Brasil, y el triunfo de la Alianza País en Ecuador, liderada por Rafael Correa, señalan claramente que el ciclo popular suramericano está claramente vivo, y que lidera globalmente la construcción de una nueva izquierda mundial, que reemplace el viejo liderazgo ideológico de socialistas europeos, rendidos a los pies del neoliberalismo.

*Marcelo Brignoni

Los triunfos electorales reiterados, en Bolivia, Ecuador y Venezuela, los gobiernos argentinos de Néstor y Cristina Kirchner, los de Lula y Dilma en Brasil y de Mujica en Uruguay no buscaron un neoliberalismo con “rostro humano”, como lo plantea la llamada tercera vía y el socialismo europeo. Los gobiernos de la región, y las fuerzas políticas que los han llevado adelante, cuestionaron y cuestionan los postulados básicos del sistema neoliberal.

La hipótesis del desplazamiento del epicentro de la lucha ideológica hacia América Latina, aparece entonces como cierta, aun para europeos como el propio Serge Halimi, director de Le Monde Diplomatique. El Partido de los Trabajadores (PT) brasileño, en el documento final leído por Lula Da Silva, al final de su IV Congreso, hablaba de un necesario relevo que la izquierda latinoamericana debe efectuar de la izquierda europea, en el armado de una nueva “INTERNACIONALIZACION DE LA JUSTICIA SOCIAL”. Rafael Correa señala reiteradamente, la necesidad de “internacionalizar” la Revolución Ciudadana ecuatoriana. Es cierto sin embargo, que hay una clara mutación del sistema político, electoral y de poder en nuestro continente, que debe hacernos replantear algunos paradigmas.

El credo religioso del neoliberalismo, presentado como el orden natural de las cosas, recibe niveles crecientes de repudio popular y sus dificultades de competitividad electoral, impulsado por las fuerzas de derecha del continente, han hecho que esas expresiones partidarias, comiencen a ser reemplazadas cada vez con mayor claridad, por un nuevo actor político, que Rafael Correa define con precisión “los verdaderos actores políticos opositores de los gobiernos populares de la región, son los medios de comunicación”. Partidos políticos con décadas de existencia, que jugaron un rol clave en la instalación y legitimación del neoliberalismo en el continente, como Alianza Democrática (AD) y Comité de Organización Política Electoral Independiente (Copei) en Venezuela, el Partido Social Cristiano de Ecuador, el Movimiento Nacionalista Revolucionario en Bolivia, los Partidos Blanco y Colorado en Uruguay, el Partido Social Demócrata Brasileño, o la Unión Cívica Radical de Argentina, sufrieron debacles electorales ante los repetidos triunfos del Movimiento al Socialismo en Bolivia, del Partido Socialista Unido de Venezuela, de la Alianza País en Ecuador, del Frente Amplio en Uruguay, del Partido de los Trabajadores en Brasil, y del Frente para la Victoria en Argentina.

Esta realidad incontrastable, ha producido como bien señala Emir Sader, que “la dirección política e ideológica de la derecha latinoamericana se ha desplazado desde sus partidos políticos tradicionales, hacia los medios de comunicación y sus emisores de opinión”. Este contexto mediático-comunicacional no es estrictamente nuevo. Se consolidó durante la década de 1990, en el marco de los procesos de privatizaciones masivas y de desregulaciones sobre multimedios comunicacionales que afectaron al continente. Es decir, la actual conformación de la estructura mediática suramericana es consecuencia de la estructura económica del capitalismo neoliberal, al que representa política, ideológica y culturalmente.

Este proceso a su vez, se inscribe en uno mayor, el de la Globalización Financiera Corporativa, que incluso pretende por estos días, declarar la inutilidad de los Estados Nación, como los conocemos desde la segunda mitad del Siglo XX. Hoy nada queda de aquellos Medios de Comunicación, concebidos a fines del Siglo IXX como “tribunas de doctrina”, y de hecho por estos días solo ejercen la “vocería”, de las corporaciones económico financieras trasnacionales, que los controlan.

Por lo tanto, es imprescindible reconocer que proponer reformas a las bases económicas y políticas del modelo neoliberal, significa inevitablemente chocar con su sistema mediático, que parafraseando a Marx,  podríamos considerarlo como “los medios de producción mental y de promoción de un tipo de comportamiento socio cultural”. Aquello que Althusser denominara como Aparatos Ideológicos del Estado (AIE), los encargados de transmitir la base material de la ideología y de diseminarla para garantizar la reproducción de las relaciones de producción, han cedido su lugar, globalización y tecnología mediante, a los Aparatos Ideológicos del Mercado (AIM) constituidos desde los medios de comunicación de las corporaciones, intentando ocupar el Estado como fin último de construcción de un poder político total.

O en palabras de García Linera, podríamos decir que asistimos a un tiempo, en el que “el bloque de poder del viejo Estado, carente de un nuevo proyecto político general, se ha replegado. Estamos ante un nuevo sistema político donde se están reconfigurando cinco aspectos: las características clasistas y culturales del nuevo bloque de poder; las nuevas fuerzas políticas duraderas en cada país, los nuevos liderazgos generacionales, la distribución territorial del poder estatal y corporativo, y por supuesto, el nuevo sistema de ideas antagonizables en el mediano y el corto plazo”. Esta subordinación orgánica de la derecha política suramericana, para con el sistema de medios de comunicación, ha resultado relativamente natural, y de hecho la relación de sumisión política del Gobierno Golpista de Brasil hacia la Red O Globo, o la subordinación del Gobierno de Macri en Argentina hacia el Grupo Clarín, tal vez sean los ejemplos más explícitos de esta nueva situación de “Gobiernos Delegados del Poder Económico”, representado culturalmente por los Medios de Comunicación, con el Poder Judicial de ambos países, ejerciendo la legitimación institucional de esta situación.

Esta internacionalización de la derecha neoliberal suramericana, debe ser incluida en un análisis mayor, el de la existencia de un sistema nunca visto antes, donde el capitalismo financiero  trasnacional, tiene una red densa y extensa, de instituciones legitimantes internacionales, que le permiten controlar, gobernar y pretender administrar la vida de la humanidad, de acuerdo a las normas neoliberales del libre mercado total y la maximización de la ganancia. Ante este escenario, Suramérica viene resistiendo con dignidad este “sentido común global de época”, pero se torna absolutamente clara e imprescindible, la necesidad de la construcción de una nueva internacionalización institucional y partidaria, de todos los que trabajan en el mismo sentido y compromiso, en el continente. El mundo ha cambiado y la causa “Nacional y Popular” hoy debe ser una causa continental, bioceánica e internacional, que promueva y organice acciones globales, políticas, culturales e institucionales, contra un capitalismo neoliberal que solo puede ofrecer desigualdad y obscena concentración de la riqueza, ante la observación absorta, de millones de hombres y mujeres, condenados al hambre y la desesperación.

Hace más de 150 años se fundaba la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) en Londres, la primera organización destinada a defender los derechos de los trabajadores a escala global. La realidad actual de la “dictadura del mercado” nos interpela en la necesidad de reconstruir desde Suramérica una nueva esperanza para los trabajadores del continente y del mundo, bregando por un nuevo orden global, más justo, solidario y humano.

Es la tarea de la hora.

*Por  Marcelo Brignoni