La propuesta universal y popular de Cristina

 

*Nicolás Canosa

*Artículo publicado en el boletín mensual del Instituto Patria.

El título de este artículo se refiere a lo que se apreció como el espíritu y objetivo que movilizó el pensamiento y la acción de Cristina Fernández de Kirchner en su gira por Europa: realizar una propuesta universal, orientadora, por supuesto en constante evolución y no dependiente de una voluntad particular, sino de una imprescindible “gran construcción colectiva”, tal cual cómo insistió en su notable discurso en el Parlamento Europeo. La profundidad del contenido analítico y prospectivo de los discursos, entrevistas y reportajes durante su gira por Europa, nos invitan a reflexionar acerca de aspectos nodales tanto para comprender el pasado reciente y el presente, como para analizar y delinear el futuro. Por razones de espacio, en este artículo mencionaremos y desarrollaremos sintéticamente sus ejes centrales, que son motivo para monografías de mayor extensión a realizar por la comisión de Integración Regional y Asuntos Internacionales del Instituto Patria. Nos limitaremos a los temas de carácter geopolítico, prescindiendo de su balance sobre las políticas del gobierno de Mauricio Macri como del balance de “la década ganada”, donde se remarcó la cuestión del desendeudamiento y la política de derechos humanos -que nos valieron un enorme reconocimiento internacional- hoy en decadencia por el cambio brusco del gobierno de Cambiemos. Asimismo, no abordaremos tampoco una cuestión urgente que requiere una transformación cultural profunda como es la desigualdad de género y la agresión a las mujeres que es un problema de carácter mundial, tanto en el ámbito simbólico como en lo verbal y físico, que también estuvo presente en sus reflexiones y respuestas a euro-diputadas.

Poder y nuevas arquitecturas institucionales

Una propuesta universal para el bien común no puede prescindir de la sensibilidad. El comienzo de la gira por el “campo” o centro de refugiados en Grecia, en el cual viven familias que huyen del horror y de las guerras y no a causa de “fenómenos de la naturaleza”, conmovió de manera profunda y notoria a Cristina. Sin embargo, su agudeza para definir las causas de esta situación dolorosa y señalar la irresponsabilidad de quienes la provocan, en plena recorrida junto a representantes del gobierno griego, no difería de cuando en el Consejo de Seguridad Nacional de la ONU hacía sus críticas a los miembros permanentes que generaban con sus intervenciones en Medio Oriente un “crédito de sangre permanente y la retroalimentación del monstruo” y esta crisis de refugiados que hoy sufren millones de seres humanos.

Junto a la crítica a las potencias bélicas y a las empresas que se benefician con la guerra, apareció una constante crítica a las corporaciones mediáticas y a los actores financieros, invitándonos a pensar donde reside el poder, haciendo una diferencia taxativa entre poder y gobierno.

Su planteo ante este trío (actores financieros, mediáticos y bélicos) que domina el mundo, consistió en la necesidad de crear nuevas arquitecturas institucionales, no sólo nacionales, sino regionales y globales, que permitan regular a estos poderes que influyen en todo el planeta, condicionando y dominando a los países, como es el ejemplo de Grecia en la cuestión financiera, entre otros países de Europa que también están padeciendo el peso de enormes cifras de deuda externa y la presión ejercida en efecto por la Troika (Fondo Monetario Internacional, Comisión Europea, Banco Central Europeo).

En definitiva, en esta caracterización de los poderes reales, nos atrae a la necesaria visualización de que un grado muy considerable del poder, aquel que tiene la capacidad de decisión o de bloquear acciones de quienes se contraponen a sus intereses, no se somete a las urnas, ni en Argentina ni en ninguna parte del mundo.

Sentido común y el neoliberalismo como proyecto político

Si bien en Estados Unidos y en Gran Bretaña con los gobiernos de Reagan y Thatcher (y con anterioridad las experiencias piloto en América Latina con eje en Argentina y Chile) fueron motores de las políticas neoliberales, influidos de manera notoria por economistas y académicos de la Escuela de Chicago y fundadores de la Sociedad de Mont Pelerín donde se comenzó a proyectar este poder, tales como Friedman y Hayek, Cristina definió el punto de quiebre del pasaje del capitalismo al neoliberalismo en la caída de la Unión Soviética y sostuvo en Grecia que “América del Sur fue el primer laboratorio donde éste se experimentó, impulsado por el FMI”. Esto lo sustenta en que luego de la Caída del Muro de Berlín, ya no era necesaria la “contención del peligro del oso ruso comunista” y se produce la afirmación del giro en la concepción del rol del Estado y del pacto social que implicaba el Estado de Bienestar en Europa y Estados Unidos. En efecto, se produjeron consecuencias nefastas para los pueblos y se transformó la lógica económica dando mayor predominio a la “timba financiera” por sobre lo productivo, conduciendo al deterioro de las condiciones de vida de las mayorías incluso en los países centrales. Para corroborar este pasaje del capitalismo al neoliberalismo con eje en el aspecto financiero, mencionó “la transformación de los grandes bancos comerciales y de servicios en bancos de inversión financiera, que producen dinero sobre el dinero generando ganancias multimillonarias” para unos pocos, comprobable en los prestigiosos informes de OXFAM, en los cuales se certifica el grado de desigualdad creciente durante los últimos treinta años.

En este sentido, Cristina define al neoliberalismo como un proyecto político que se propone la desintegración social y romper los lazos de solidaridad, para lo cual apela a la construcción de un sentido común meritocrático, egoísta y despolitizado o antipolítico. Allí se concentra el trasfondo del accionar de las corporaciones mediáticas que “buscan formatear la cabeza de la ciudadanía global” a través de un bombardeo de sobreinformación (donde entran en juego las redes sociales, terreno en el cual debemos saber maniobrar) y la circulación de grandes mentiras que suele denominarse como el fenómeno de la “posverdad”.

Con precisión quirúrgica para explicar el gran acierto del neoliberalismo en la construcción de sentido común, destacó que este proyecto político de poder tiene la capacidad de lograr que en la desesperación ante los efectos desastrosos –en lo económico, en lo social, en lo bélico- que ocurren fruto de las decisiones de este sistema de poder, no se culpe a éste de las causas, sino a los Otros, al trabajador, al inmigrante, al extranjero, a los pobres, generando una inclinación hacia extremos que ya produjeron consecuencias terribles en la historia.

En este marco es que plantea el desafío no sólo de desarticular los “paraísos fiscales, sino también los paraísos mediáticos en donde todo anda bien y de-construir los infiernos mediáticos que se construyen, para recuperar una información y formación ciudadana (…) proponiendo volver a construir ciudadanía frente a la creación de televidentes”. Aclarando que para nada fácil es esta tarea, dado que si fueran fáciles las grandes obras de la humanidad otro sería el mundo en que vivimos, concluyó esta idea con la siguiente definición:  “a lo que no podemos renunciar nunca es a imaginar, crear, construir y llevar adelante, efectivamente, nuevas estrategias, pensamientos, ideas y nuevas construcciones políticas”.

Crisis democrática e integración regional

Cristina mencionó la necesidad de rediscutir la democracia y para ello se centró en América Latina, aunque destacó que la crisis democrática y de representación política es un problema mundial.

Por el lado argentino, hizo alusión a la estafa electoral del gobierno de Mauricio Macri que prometió en campaña todo lo contrario a lo que efectivamente está realizando. En efecto, se preguntó acerca de si no sería pertinente crear mecanismos que controlen que los gobernantes hagan las cosas para las cuales fueron elegidos, en rigor, planteando un nuevo contrato social entre dirigentes y pueblos. En cuanto a lo ocurrido en Brasil y Paraguay, destacó que el neoliberalismo utiliza justamente herramientas de la democracia para fines eminentemente antidemocráticos, con el fin de derribar a los gobiernos nacionales y populares.

Como ya lo había hecho en Ecuador, centró su reflexión en la integración regional valorando la unidad política construida, pero señalando que la falta de integración económico-productiva facilitó que se tuerza la correlación de fuerza en favor de los intereses de quienes apuntan a una “integración para la dependencia”.

En estas reflexiones de Cristina, aparece la tríada estratégica que planteaba el uruguayo Alberto Methol Ferré: industrialización, democracia e integración regional, elementos  imprescindibles para la conformación del Estado continental industrial (agregamos científico-tecnológico), lo cual nos permitiría decidir con autonomía los destinos de Nuestra América y resistir con mayor fuerza las presiones e intervenciones externas.

Nuevas categorías y la recuperación del concepto de Pueblo

En este último apartado quisiéramos concentrar la densidad de lo que el título del artículo sostiene. La propuesta de Cristina es universal y popular porque surge de una honda preocupación por los destinos de la humanidad en su conjunto, que no se amarga en la angustiante realidad ni se estanca en la debilidad de la queja. Se alimenta del amor que siente y le transmite una enorme porción del pueblo argentino y latinoamericano, en la disciplina del compromiso y la ética de la responsabilidad de su condición de militante peronista y el espíritu siempre presente de Néstor, que a pesar de las agresiones y persecuciones, hacen que no sólo no se calle ni deje de hablar, sino que permanezca en la búsqueda de posibles alternativas en la cual articulemos no sólo en la acción, sino en la interrelación de sentimientos y pensamientos con nuestros pares de otras latitudes del mundo. Es decir, es una propuesta ética, épica, teórica, prospectiva y geopolítica, en la cual los pueblos organizados del mundo (por ello universal y popular), según Cristina, somos los sujetos portadores y responsables de la transformación que necesita el mundo.

Ante el proyecto cultural del neoliberalismo de construir subjetividades individualistas, Cristina sostuvo que “la soledad lleva al fracaso y a la frustración porque las grandes gestas de la humanidad nunca se hicieron con gente sola, no conectada y no comunicada. Las grandes gestas de la humanidad tuvieron lugar desde una concepción desde lo colectivo”. Es decir, recuperar la solidaridad como valor primordial del entramado social y la acción colectiva en tanto gesta. En esta cita se condensa el carácter épico y ético de su propuesta.

En el plano teórico insistió en la importancia de reflexionar acerca de la necesidad de construir nuevas categorías de pensamiento que sirvan a la acción y a la creación de estrategias desde quienes queremos cambiar la realidad. En este sentido, planteó la idea de un “foro global para repensar y discutir determinadas categorías de pensamiento” (la cual conversó con Tsipras en Grecia) entre los distintos, encontrando los vasos comunicantes que puedan generar asociación y no dispersión. Es por ello que trazó la idea de que la dicotomía “izquierda-derecha” separa más de lo que une y que sería necesario recuperar el concepto de Pueblo ante la situación actual. De aquí que esta apelación a la construcción teórica sea a la vez una propuesta geopolítica prospectiva, donde, como analizamos en el primer apartado y como diría Jorge Bolívar, “para una nueva forma de pensar la clave es el poder” y aunque lo escribió treintaitrés años antes, en Cristina se vio “un obscuro grito metafísico en defensa de la fraternidad; la más elemental fraternidad que une a los hombres. La racionalidad desesperada de una voluntad de poder que clama por una comunidad de esperanza”.

Finalicemos con una cita un tanto extensa, con la cual culmina su discurso en el Parlamento Europeo, en la que se advierte la densidad y pertinencia de su llamado a la recuperación de la noción y concepto de pueblo “(…) en el cual se van a encontrar, los que rezan, los que no, comerciantes, no comerciantes, obreros industriales, desocupados, intelectuales, científicos. Es más fácil agrupar bajo la categoría de pueblo a todos los que están siendo agredidos y sufren las políticas del neoliberalismo que agruparlos a través de derechas o de izquierdas. Esto era un poco lo que yo quería hoy compartir con ustedes brevemente acerca de nuevas discusiones, nuevos debates y nuevas ideas. Porque además, mis queridos amigos y amigas, y compañeros y compañeras. ¿Les parece lógico que después de todo lo que se ha transformado el mundo sigamos únicamente con el concepto político de derecha y de izquierda que se acuñó también en 1789? ¿No les huele que tenemos que ir o intentar ir por algún otro lado? Me parece que sí y me parece que vale la pena intentarlo. No me siento ni Rousseau ni Montesquieu, por dios; pero creo que debemos discutir nuevos contratos sociales entre pueblos y dirigentes y utilizar todos los instrumentos, todas las herramientas que hoy están a nuestro alcance. Como ellos, el neoliberalismo, utiliza también las herramientas de la democracia y del pueblo para muchas veces lograr captar segmentos de la población que rompiendo la relación de fuerzas de proyectos nacionales, populares y democráticos finalmente terminan votando en contra de sus propios intereses”.

*Por Nicolás Canosa, militante peronista, Director de Relaciones Internacionales del Centro de Estudios Nuestroamericano Chávez Kirchner (CENACK-Peronismo Militante). Integra la Comisión de Integración Regional y Asuntos Internacionales del Instituto Patria.

*http://www.institutopatria.com.ar/ptr/boletin-mensual-de-integracion-regional-mayo-de-2017/