La geopolítica y la coyuntura internacional

 

*Elio De Antoni

La ampliación de la OCS y la nueva ruta de la seda

La incorporación definitiva de India y Pakistán a la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) es un acontecimiento geopolítico de gran envergadura, que ha tenido poca resonancia en la prensa internacional. El 8 y 9 de junio se llevó a cabo en Astaná, capital de Kazajistán, la XVII cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la OCS[1], un foro que anteriormente solo agrupaba a Rusia, China y cuatro antiguas repúblicas soviéticas de Asia Central, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán. Ahora, con el ingreso de estos dos países que han sido históricos rivales, la organización avanza firmemente hacia la estabilización de los conflictos que hay en la región. India, histórico aliado de la URSS, es una potencia emergente que asoma cada vez con más fuerza y ya forma parte de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Pakistán es desde hace años un aliado estratégico de China en la región.

En el mismo nivel de importancia esta el posible ingreso de Irán. Hasta ahora, la República Islámica tiene el estatus de país observador, al igual que Afganistán, Bielorrusia y Mongolia, pero luego del acuerdo nuclear firmado con el “Grupo de los Seis” y el levantamiento de las sanciones que impedían su adhesión, comenzaron las negociaciones. Otros países de la región, como Azerbaiyán, Armenia, Camboya, Nepal, Turquía y Sri Lanka, por ahora son solo socios de diálogo.

La OCS se perfila como el núcleo de integración continental mas importante, ya que tiene un potencial geopolítico para nada desdeñable: reúne dos de las siete economías más grandes y el segundo y tercer poder militar global, ocupando un territorio de 30.189.000 km2 (3/5 partes de la masa euroasiática) y una población de 1,5 mil millones de habitantes (la cuarta parte de la población planetaria). Fundada en 2001 sobre la base de los “cinco de Shanghái”, los objetivos fundamentales de la organización son alcanzar la seguridad y estabilidad en la región, fuertemente atravesada por conflictos religiosos y separatistas, la amenaza del terrorismo islamista y el tráfico de drogas afgano. En el ámbito económico se busca principalmente la cooperación energética, y en el escenario internacional una inserción autónoma que permita controlar la influencia occidental en el Asia Central. Desde su creación, la OCS pasó de ser un foro para la solución de problemas fronterizos a un organismo relativamente institucionalizado de cooperación regional en sus diferentes aspectos políticos, económicos, sociales y culturales.

Al mismo tiempo, todos los estados miembros de la organización, así como la mayoría de países observadores y socios de dialogo, están implicados en la ambiciosa red de transporte, infraestructura y comercio conocida como “la nueva ruta de la seda”. En sintonía con las nuevas tendencias geopolíticas de la globalización, China proyecta su poder a través del comercio y la economía, pero para no depender de las rutas establecidas y controladas por los poderes occidentales, ha empezado a crear las propias.

El 15 de mayo el presidente chino, Xi Jinping, inauguró la ronda de líderes mundiales en el Foro de la Franja y la Ruta para la Cooperación Internacional[2], que contó con gran parte de los mandatarios del mundo. Este mega-emprendimiento de desarrollo, que pretende conectar las grandes extensiones del continente asiático con Europa y África, contempla 68 países que suman 4.400 millones de personas y el 40% del PIB mundial. Para hacerlo, utiliza líneas ferroviarias existentes que pertenecen al histórico tren transiberiano y construye otras nuevas que se expanden por Asia Central y Medio Oriente, además de proyectar una estratégica construcción de oleoductos y gasoductos a lo largo de regiones muy ricas en hidrocarburos y recursos petroleros. El gigante asiático desea conseguir un acceso por tierra hacia el Océano Índico más práctico y eficiente que el estrecho de Malaca, un angosto pasaje marítimo de 850 kilómetros, que queda entre Indonesia, Malasia y Singapur.

La iniciativa contiene también una apuesta marítima que se denomina “estrategia del collar de perlas” y consiste en la compra, o arrendamiento por tiempo limitado, de instalaciones portuarias y aéreas escalonadas que van desde el Golfo Pérsico hasta Shanghai. El objetivo primordial de los chinos es garantizar la seguridad de sus vías de aprovisionamiento marítimas, así como su libertad de acción comercial y militar. Esto constituye una respuesta al proyecto geoestratégico de Estados Unidos y la OTAN que durante décadas desarrollaron un anillo de contención al mundo euro-asiático a través del control del estrecho de Gibraltar, el Golfo Pérsico y el estrecho de Bering. La nueva ruta daría a China acceso hacia la región del Golfo, Medio Oriente y una mayor influencia en África, así como en el sur y centro de Asia.

La vigencia de los estudios geopolíticos

El geógrafo inglés Halford Mackinder anunció en 1904 que la humanidad estaba políticamente cerrada, pues se habían terminado los espacios geográficos para su expansión y en consecuencia, se alcanzó un punto de saturación de poder. De esa manera, pasa a estructurar el planeta en tres aéreas: la isla mundial, que contempla Europa, Asia y África y en términos de población, riqueza y extensión territorial es la más importante; el creciente interior o marginal que bordea la anterior e incluye las islas Británicas y las islas del Japón; y por último el creciente exterior o insular donde ubica a América y Oceanía. En ese esquema, denomina como “corazón de la tierra” a la vasta región alejada de los litorales marítimos y recostada sobre las regiones polares del Norte, que abarca Europa Oriental y Asia Central, ya que tiene una particularidad especial: es inmune a las invasiones marítimas por su falta de acceso al mar, y por ende tiene una gran ventaja para aprovechar la movilidad y la comunicación por vías terrestres. A través de una profunda lectura histórica que evidenció el rol central que tuvieron los pueblos que habitaron esa región asiática, el estratega británico llegó a una conclusión reveladora: la potencia que domine esa zona, dominará también el mundo.

Situado en contexto, se trataba de una advertencia fundamental para la potencia británica: si querían conservar su posición dominante, debían evitar una alianza entre Rusia y Alemania. Algo que estuvo cerca de convertirse en realidad, hasta la ruptura del tratado de no agresión que realizó Hitler al invadir territorio soviético durante la segunda guerra mundial. Sin embargo, luego de la contienda la URSS dominó efectivamente la región euro-asiática, pero en frente surgió un nuevo y poderoso jugador: Estados Unidos. Un imprevisto en la teoría de Mackinder, que apareció desde el “creciente exterior insular” para equilibrar el poder mundial.

La implosión de la URSS y el fin de la “guerra fría” en 1991 marcaron una nueva etapa, con un liderazgo global norteamericano indiscutible, fundamentalmente por su supremacía militar (más del 40 por ciento del gasto militar mundial, control oceánico en los hemisferio Norte y Sur, y presencia en todos los mares con sus aliados de la OTAN) pero también por su poder económico-financiero, tecnológico y cultural. Hubo quienes auguraron el fin de las ideologías[3] y la imposición como modelo único de las democracias occidentales basadas en el capitalismo de libre mercado, y otros que analizaron más profundamente las tendencias que se podían desprender del nuevo escenario histórico.

Uno de ellos fue Samuel Huntington con su obra “El choque de civilizaciones y la re-configuración del orden mundial”. Allí el politólogo estadounidense advierte que no se puede pensar más en un proceso mundial de protagonismo único de la civilización occidental, pues aquellas entidades culturales que se han “occidentalizado” como producto de la globalización, fueron totalmente asimiladas hasta perder sus rasgos originarios y por ende destruidas, o por el contrario, se pudieron adaptar al entorno potenciando fuertemente sus identidades, como por ejemplo Japón, China, India, etc. En palabras del autor, “las sociedades que comparten afinidades culturales cooperan entre sí, los esfuerzos de hacer pasar sociedades de una civilización a otra resultan infructuosos, y los países se agrupan en torno a Estados dirigentes o centrales de sus civilizaciones[4]”. La preocupación del estratega norteamericano pasa por señalar las consecuencias ruinosas que pueden traer los intentos de dominación forzada, algo que quedó demostrado con el surgimiento del “Estado Islámico” como respuesta a la política estadounidense en Medio Oriente, luego del atentado a las torres gemelas.

De esta manera, se va a acentuar cada vez más la tendencia que tienen los pueblos que comparten siglos de historia y cultura a agruparse en torno a un gran Estado Nuclear Civilizatorio para conservar sus identidades esenciales y tener una inserción autónoma en el orden político global. Estos van a ser los grandes jugadores internacionales del siglo XXI.

La crisis financiera global del 2008 aceleró el proceso de declive que venían experimentando las potencias occidentales y el escenario multi-polar que se venía perfilando con la aparición de potencias emergentes como China, Rusia, India e Irán. Algunos de los hechos que lo confirman son la ampliación de los foros mundiales, como el G20 en reemplazo del G7 o las modificaciones dentro del FMI para darle mayor poder a las potencias emergentes en detrimento de Europa; la articulación orgánica de estos actores en ámbitos exclusivos como el Consejo de Seguridad de la ONU para frenar intervenciones extra-regionales de las potencias occidentales ; la mencionada fundación de la Organización de Cooperación de Shanghái; la alianza con países periféricos latinoamericanos para facilitar su desarrollo industrial; la gestación de proyectos alternativos como el BRICS y en su interior el Nuevo Banco de Desarrollo o el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, que desafían abiertamente la primacía del dólar y apuntan a superar las instituciones económicas, como el FMI y el BM, que cristalizaron la hegemonía estadounidense durante décadas.

El estudio de la geopolítica es de crucial importancia para entender la dinámica internacional actual. El desplazamiento del eje económico del Atlántico Norte al Asia/Pacifico es un hecho, y las alianzas estratégicas entre las potencias emergentes en el hemisferio oriental y su proyección hacia “el corazón de la tierra” está modificando el centro de gravitación de poder mundial.

Quizás sea de gran utilidad revisar los postulados de Huntington, que aconsejaba formar un concierto de potencias con los Estados Nucleares Civilizatorios como grandes decisores de la política global. O más aun, aquella famosa conferencia magistral de Mackinder, que en 1904 cuando China estaba inmersa en conflictos internos y era humillada por Japón y las potencias occidentales, advertía que si estos llegaran a controlar el “corazón de la tierra” podrían “representar un peligro amarillo para la libertad del mundo, pero simplemente porque añadirían un frente oceánico a los recursos del gran continente, ventajas que no han podido gozar todavía los rusos, ocupantes de la región pivote[5]”. Desde ya, no hace faltar aclarar que el peligro lo representaba para Inglaterra, hegemón mundial de entonces. Bueno sería que los países suramericanos tengamos en consideración nuestra propia mirada geopolítica a la hora de pensar las relaciones internacionales, como hacían los ingleses con Mackinder y los estadounidenses con Huntington.

*Elio De Antoni. Licenciado en Ciencia Política con orientación en relaciones internacionales (UBA). Miembro del Grupo de Investigación Seguridad y Defensa en el Siglo XXI.

 

[1] Consultar: https://actualidad.rt.com/actualidad/240829-organizacion-cooperacion-shanghai-india-pakistan

https://mundo.sputniknews.com/asia/201706101069859453-organizacion-shangai-otan-india-pakistan/

[2]  http://internacional.elpais.com/internacional/2017/05/13/actualidad/1494692129_532492.html

[3] Francis Fukuyama en su libro “El fin de la historia y el último hombre” publicado en 1992.

[4] Huntington, Samuel. “El choque de civilizaciones y la re-configuración del orden mundial”. Editorial Paidós. Buenos Aires: 1997, página 87.

[5] Mackinder, Halford J. “El pivote geográfico de la historia”. Conferencia pronunciada ante la Real Sociedad Geográfica (Londres), el 25 de enero de 1904; reproducida en The Geographical Journal, vol. 23, nº. 4, pp.421-437.