LA AMAZONÍA Y LA ANTÁRTIDA EN CLAVE GEOPOLÍTICA

 

*María Pilar Parra

 

INTRODUCCIÓN

Si hablamos de “geopolítica” entendemos que las relaciones sociales y naturales están enlazadas. El ser humano ha domesticado su medio natural para satisfacer necesidades, a la vez que se ha dado la tarea de organizarse en sociedad. El proceso se mezcla en cuanto entendemos que el medio ambiente, los recursos naturales y la ubicación geográfica de un país determina las posibilidades económicas y sociales que tendrá el Estado para desarrollarse internamente e insertarse en la sociedad internacional, cada vez más determinada por los procesos económicos. La “geopolítica” – dice Haushofer- es el estudio de los lazos entre la tierra y la política; debe mostrar cómo está “determinada” la política por las condiciones geográficas. [1]

Al analizar estos dos espacios geográficos, nos referimos a una problemática cada vez más creciente que afecta indiscutiblemente al mundo y, particularmente, a la región: el abastecimiento de agua dulce, que determina no sólo la calidad de vida de los seres humanos, sino la agricultura y la biodiversidad. El agua potable no tiene sustituto. Si se pierde una fuente de agua potable, no hay forma de generar una nueva.

Como nos sugiere Guimarães, la expresión “ecopolítica” es un apócope de política ecológica. Se reconoce a partir de allí, que para superar la crisis ecólogica actual habrá que tomar decisiones políticas.[2] Esto las grandes naciones lo entienden, y actúan en consonancia. No es casual que las bases militares de los EE.UU en Sudamérica se encuentren rodeando los acuíferos Guaraní y Amazonas, ni tampoco que el Center for Naval Analyses (CNA) haya preparado en 2007 un informe, identificando el cambio climático como una amenaza a la seguridad nacional. El informe discute implicaciones geoestratégicas y regionales del cambio climático, así como los impactos directos sobre los sistemas, las infraestructuras y las operaciones militares.[3]

Tampoco es casual el interés de Gran Bretaña en el Atlántico Sur, ni de las potencias extracontinentales que reclaman por la Antártida. Se sabe la riqueza de recursos pesqueros, petrolíferos y, sobre todo, de reserva de agua dulce que hay en la zona y que escasea, cada vez más en todo el mundo.

EL AGUA COMO RECURSO GEOESTRATÉGICO DE LA REGIÓN SUDAMERICANA.

Cuando leemos sobre el problema del agua como recurso que escasea, surge incansablemente la cita de 1995 del entonces vicepresidente del Banco Mundial, Ismail Serageldin, quien dijo que si muchas de las guerras del siglo XX fueron por el petróleo, las del siglo XXI serán por el agua. ¿Es el agua motivo de conflicto de nuestro siglo?

El agua es fuente de vida, necesaria para la vida humana, agricultura, biodiversidad y la industria. Al contrario de otros recursos, no es reemplazable ni renovable. Las fuentes de agua dulce tienen un ciclo, pero si la fuente se agota, no se renueva. Si se contamina hasta un punto que la descontaminación no es posible, ésta queda afectada y no hay manera de recuperarla. El cambio climático, la falta de regulación en la industria que producen desechos tóxicos y contaminantes, la sobreextracción de los acuíferos, son causas que hacen que hoy muchas fuentes se estén agotando y advierte una problemática que se torna global a medida que avanza.

Existen treinta y siete grandes cuencas de agua dulce en todo el mundo. Tres de ellas se encuentran en América del Sur: la Cuenca del Amazonas (Brasil, Bolivia, Perú, Colombia y Ecuador); la Cuenca del Maranhão (Brasil) y la Cuenca Guaraní (Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay). Sin embargo, es la región más rica en agua del mundo por el volumen de las reservas y por la capacidad de reposición del agua de estos sistemas, importante no sólo para el abastecimiento de agua dulce sino también para la manutención y reproducción de los sistemas ecológicos y la biodiversidad.[4]

Como nos indica Mónica Bruckman “(…) el mayor nivel de extracción para consumo de agua subterránea en el mundo ocurre en Estados Unidos y la India, seguidos de China continental Paquistán, Irán y México (…) En estas regiones, los mantos freáticos han registrado una disminución de casi un metro por encima del nivel de reposición natural de agua por año, lo que indica un agotamiento de las reservas en estos países, que puede llevar a una crisis muy grave en un horizonte de quince a veinte años. (…) El caso de África merece también especial atención porque, a pesar de que la extracción de agua subterránea no es muy elevada en relación con otras regiones, se trata de un manto freático casi sin capacidad de reposición, por lo tanto, la extracción lleva a un proceso acelerado de agotamiento de las reservas hídricas. China, India y Medio Oriente son también regiones críticas por el elevado nivel de extracción de reservas de agua, producto del proceso dinámico de industrialización y su alta densidad demográfica. (…) América Latina es el continente de menor extracción.”[5]

ESTADOS UNIDOS Y GRAN BRETAÑA: DOS CARAS DE LA MISMA MONEDA.

Anteriormente nos preguntábamos si se podría hacer una hipótesis de conflicto respecto del agua. Cuando vemos los movimientos de las grandes potencias que tienen intereses en nuestra región, y ubicamos en el mapa las zonas estratégicas, no quedan dudas.

Si observamos las bases militares de los Estados Unidos en la región, llama poderosamente la atención como éstas bordean los acuíferos más importantes de nuestra región (Anexo I y II). Telma Luzzani, periodista argentina, se expresó: “Nuestra región es decisiva para el imperio. Contiene reservas de recursos naturales renovables y no renovables, es un área vital de seguridad militar y también una plataforma fundamental para la proyección de poder. Sin embargo, al ser una zona de paz y sin armamento nuclear, nada justifica la presencia del ejército más poderoso de la tierra (…)”. [6]

Como leemos en Las guerras del agua de Elsa Bruzzone, bajo el pretexto de la lucha contra el narcotráfico, EE.UU. estableció el llamado Plan Colombia en el año 1999 y lo completó con la Inciativa Regional Andina en 2001. Ambos emprendimientos le permiten tener una activa presencia militar en la región a través de veinte bases militares instaladas a lo largo de la frontera amazónica.[7] Advierte también Bruzzone “cabe recordar que durante varios años el gobierno norteamericano ejerció presiones sobre los gobiernos argentino y boliviano para instalar bases militares en la provincia de Misiones (Argentina) cerca de la zona conocida como Triple Frontera, y a orillas del río Itonamay en Bolivia. El fin de esta estrategia es cerrar el cerco sobre la Amazonia y controlar militarmente su periferia. De la misma manera operó sobre Irak…”[8]. Moniz Bandeira también asegura “En 2004, el presidente George W. Bush expandió el Plan Colombia, como uno de los aspectos de la estrategia de los Estados Unidos para asegurar su presencia militar en América del Sur y, en particular, en la Amazonía (…) El estacionamiento permanente de tropas y equipamientos bélicos, en Surinam y en la Guayana, así como en Colombia y también en Perú, como antes en Ecuador y en Bolivia, dan a los Estados Unidos una enorme ventaja estratégica, para intervenir militarmente en cualquier país, si es necesario, a fin de defender sus intereses económicos y ocupar las nacientes del río Amazonas.”[9]

Un informe elaborado en 2006 por el Grupo de Trabajo del Amazonas (GTAM), publicado por la prensa brasilera, advirtió la presencia militar por la zona y señalaba el peligro de las fuerzas militares estadounidenses en Paraguay y Colombia, como parte de la estrategia para adueñarse de los recursos hídricos, bajo el pretexto de la guerra contra el narcotráfico.

También, asegura Bruzzone que el golpe de Estado a Hugo Chávez Frías en Venezuela en 2002 no fue sólo por el petróleo, sino que Venezuela es una de las entradas al Amazonas, por lo que los Estados Unidos tenían una doble intención bajo, como de costumbre, argumentos falsos.

Por otro lado, las bases británicas (Anexo III) que se encuentran a lo largo del Atlántico realizan una línea recta de conexión entre el Imperio y la Antártida (pasando claro por las Malvinas, fuente de grandes recursos pesqueros y petrolíferos y vía de acceso directo a la Península Antártica).

Como vemos en Malvinización y desmentirización  “La base militar Malvinas sirve como destacamento permanente de las fuerzas armadas británicas en el Atlántico Sur.  En tanto, la base militar de las Georgias es más pequeña y tiene presencia naval permanente y establecimientos ocupados por militares y por la British Antartic Survey como despliegue adelantado para la Antártida. Allí se cuenta con la Fuerza de Tareas del Atlántico (Sud), que se moviliza entre Georgias, Malvinas y la Antártida con regular frecuencia.”[10] Las proyecciones sobre Gran Bretaña sobre la Antártida son evidentes. El cambio climático trae numerosas consecuencias climáticas, que a su vez, modifican la biodiversidad. Los recursos que escasean empiezan no son sólo fuentes de energía, sino también de alimento. La humanidad entrará en un siglo donde, o se cambian los patrones de producción y consumo, o se verá inmersa en hambrunas mucho más notorias y, claro, la escalada del conflicto por estos recursos. La necesidad de tener presencia en la Antártida es evidente. Las bases de Malvinas y Georgias adquieren un valor mucho más potenciado del que ya tenían por los recursos pesqueros y petrolíferos. La entrada a la Antártida es la punta de lanza para el desarrollo de energías biogenéticas, del acceso al agua dulce, del acceso a la espacio extra-atmosférico,  el continente representa adicionalmente una plataforma de proyección de importancia hacia los restantes espacios oceánicos australes del planeta: el Pacífico Sur, Atlántico Sur e Índico Sur.[11]

Es interesante analizarlo a Child en Geopolítica sudamericana y la Antártida: ¿Confrontación o cooperación?: “Las Malvinas han tenido un perfil geopolítico muy elevado desde el conflicto anglo-argentino de 1982, y durante mucho tiempo han sido un elemento importante en la proyección antártica británica. La Argentina no las necesita para facilitar sus actividades antárticas, pero si el país pudiera negárselas a Gran Bretaña, reforzaría considerablemente su reclamo antártico (…) Un tema reiterado en la literatura geopolítica argentina es que la OTAN está bien enterada del valor estratégico de las Malvinas en lo que respecta a la Antártida, el pasaje de Drake y las vías marítimas del Atlántico Sur. El argumento presenta la tesis de que el apoyo de Estados Unidos y Europa a Gran Bretaña en la guerra se debió principalmente al interés de la OTAN por tener una base en las islas.”[12]

No quedan dudas entonces que las proyecciones militares de las potencias en nuestra región tienen un carácter estratégico que va más allá de la presencia territorial. Los recursos naturales y el acceso al agua son la clave de nuestra época.

CONCLUSIÓN

Nos estamos adentrando en el Siglo XXI. Siglo que, desde hace un tiempo, se viene advirtiendo como uno donde el agua va a representar el núcleo de los conflictos. Sabemos que esto es cierto, aunque las potencias imperiales, también lo saben.

Nuestras naciones latinoamericanas han estado delineando políticas durante las últimas décadas que deja atrás el paradigma del agua como una mercancía, como un commoditie más que tiene un Estado para realizar transacciones con el exterior. Luego de la ola de privatizaciones que trajo aparejadas el neoliberalismo, hubo cambios dentro de las políticas y las formas de gobierno de nuestros países, que giró hacia un entendimiento y una mayor cooperación latinoamericana.

Uno de los ejemplos más notorios de esto fueron los cambios en las constituciones plurinacionales (caso Ecuador, caso Bolivia) donde se colocó la declaración de soberanía sobre los recursos naturales y la intención de regular la administración y la gestión de los Estados plurinacionales sobre la extracción e industrialización de los mismos.

También, cabe mencionar “la respuesta suramericana del 30 de noviembre de 2012 en la VI Cumbre de Jefes y Jefas de Estado realizada en Lima, Perú, cuando fue aprobado por unanimidad un documento, elaborado por la Secretaría General de la UNASUR (Unión de Naciones Suramericanas) y aprobado por todos los primeros mandatarios integrantes, definiendo una política en común sobre la Defensa de los Recursos Naturales de la Región, con el siguiente procedimiento:

            ‘Sin perjuicio de la evaluación de las actividades en los Estados Miembros y en las instancias pertinentes de UNASUR, instruyen al Secretario General para iniciar, con la debida prioridad, y en coordinación con los consejos sectoriales pertinentes, un estudio sobre la disponibilidad y potencialidades de los recursos naturales en la región suramericana, con miras al diseño de una estrategia de UNASUR para su aprovechamiento. El mencionado estudio contemplará, entre otros aspectos, el relevamiento y la sistematización de información relativa a las reservas de recursos naturales, así como un mapeo e inventario de los mismos’.”[13]

Cabe mencionar, también, la posición argentina que comenta Jorge Taiana, ex canciller argentino en Historia Oral de la Política Exterior Argentina de Mario Rapoport: “Otro desafío complejo es Malvinas. Yo tengo el orgullo de haber estado en la presentación de la COPLA (Comisión Nacional del Límite Exterior de la Plataforma Continental), (…) Unos decían no pongas Malvinas y no pongas Antártida porque como están en disputa no van. Mire, no: esos son los errores estratégicos que no hay que cometer. Nosotros como país tenemos que presentar todo, más allá de lo que ellos tienen que decir. Y creo que históricamente sería un desastre que Argentina no hubiera presentado Malvinas ni Antártida dentro de su plataforma. Porque Malvinas es una pelea especial, pero otra pelea va a ser cuando alguien diga que el Tratado Antártico no vale más y los poderosos puedan pensar que están en condiciones de apropiarse de los recursos de la Antártida. Y ahí haber presentado o no y haber ejercido jurisdicción o no, va a tener un valor, por más paraguas, sombrilla o bastón, lo que quieras.”[14]

Nuestras naciones han dado un paso adelante sobre la declaración de la soberanía y la defensa de nuestros recursos naturales, para que no pasen a estar en manos extranjeras. La pregunta que resta hacerse es si los nuevos gobiernos continuarán esta política o si, por el contrario, dejarán que las potencias extranjeras se sigan posicionando estratégicamente en nuestro territorio, sin ningún tipo de respuesta de nuestra parte.

Entendemos entonces cómo estos grandes imperios no actúan improvisadamente. Mucho antes de que se advirtiera sobre el punto estratégico que representaban las Malvinas y la Antártida, Gran Bretaña ya proyectaba su política mirando hacia el Atlántico Sur. Será tarea de nuestros gobiernos decidir políticas públicas que puedan resguardarnos de los conflictos que se prevén respecto al tema y poder asegurar nuestro propio abastecimiento de agua dulce y recursos naturales que nos permitan posicionarnos de modo tal que no debamos comprar agua embotellada de empresas extranjeras.

 

ANEXO I

ANEXO II

ACUÍFEROS Y CUENCAS HÍDRICAS DE SUDAMÉRICA

ANEXO III

BASES MILITARES BRITÁNICAS EN EL ATLÁNTICO SUR

 

 

*Por María Pilar Parra. Estudiante de Relaciones Internacionales y Responsable del Frente Universitario MEGAFÓN de la Universidad Nacional de Lanús.

[1] RENOUVIN, Pierre, DUROSELLE, Jean Baptiste. Introducción a la historia de las relaciones internacionales. México, editorial Fondo de Cultura Económica, 2000. Pág. 33.

[2] Íbid, Pág. 68.

[3] SAINZ GARCÍA, María Jesús. El cambio climático: su impacto en la seguridad. Simposio I

XXXIII CURSO DE DEFENSA NACIONAL, 2013. Pág. 8.

[4] BRUCKMAN, Mónica. Recursos naturales y la geopolítica de la integración sudamericana. Ciudad Autónoma de Buenos Aires, editorial Luxemburg, 2015.

[5] Íbid. Pág. 38.

[6] LUZZANI, Telma. La presencia militar de Estados Unidos en América Latina. Tercera información. 03 de marzo de 2015.

[7] BRUZZONE, Elsa. Las guerras del agua. América del Sur, en la mira de las grandes potencias. Buenos Aires, editorial Capital Intelectual, 2009.

[8] Íbid. Pág. 107.

[9] MONIZ BANDEIRA, Luis Alberto. La importancia geopolítica de América del Sur en la estrategia de los Estados Unidos. Págs. 27-28.

[10] DEL CORRO, Fernando (compilador). Malvinización y desmentirización. Un aporte económico, político y cultural en el marco de la Patria Grande. Buenos Aires, editorial Fabro, 2013. Págs. 254-255.

[11] RIESCO, Ricardo. La Antártida: algunas consideraciones geopolíticas. Artículo N° 25, 1987, Centro de Estudios Públicos de Chile.

[12] CHILD, Jack. En KELLY, Philip; CHILD, Jack (compiladores). Geopolítica del Cono Sur y la Antártida. Buenos Aires, editorial Pleamar, 1990. Pág. 195.

[13] DEL CORRO (2013. Op cít. Pág. 256.

[14] RAPOPORT, Mario. Historia oral de la política exterior argentina (1930-1966). Ciudad Autónoma de Buenos Aires, editorial Octubre, 2015. Pág. 829.

BIBLIOGRAFÍA

  • RAPOPORT, Mario. Historia oral de la política exterior argentina (1966-2016). Ciudad Autónoma de Buenos Aires, editorial Octubre, 2016.
  • RAPOPORT, Mario. Historia oral de la política exterior argentina (1930-1966). Ciudad Autónoma de Buenos Aires, editorial Octubre, 2015.
  • BRUCKMAN, Mónica. Recursos naturales y la geopolítica de la integración sudam
    ericana.
    Ciudad Autónoma de Buenos Aires, editorial Luxemburg, 2015.
  • MONIZ BANDEIRA, Luis Alberto. La importancia geopolítica de América del Sur en la estrategia de los Estados Unidos. En https://issuu.com/labibliopop/docs/importancia-geopolitica-de-america- 2015.
  • LUZZANI, Telma. La presencia militar de Estados Unidos en América Latina. Tercera información. 03 de marzo de 2015.
  • SAINZ GARCÍA, María Jesús. El cambio climático: su impacto en la seguridad. Simposio I, XXXIII CURSO DE DEFENSA NACIONAL, 2013.
  • DEL CORRO, Fernando (compilador). Malvinización y desmentirización. Un aporte económico, político y cultural en el marco de la Patria Grande. Buenos Aires, editorial Fabro, 2013.
  • BRUZZONE, Elsa. Las guerras del agua. América del Sur, en la mira de las grandes potencias. Buenos Aires, editorial Capital Intelectual, 2009.
  • RENOUVIN, Pierre, DUROSELLE, Jean Baptiste. Introducción a la historia de las relaciones internacionales. México, editorial Fondo de Cultura Económica, 2000.
  • KELLY, Philip; CHILD, Jack (compiladores). Geopolítica del Cono Sur y la Antártida. Buenos Aires, editorial Pleamar, 1990.
  • RIESCO, Ricardo. La Antártida: algunas consideraciones geopolíticas. Artículo N° 25, 1987, Centro de Estudios Públicos de Chile.
  • GUIMARÃES, Roberto P. La ecopolítica del “desarrollo sustentable”: una visión latinoamericana de la agenda global sobre el medio ambiente.
  • Tratado Antártico (1959)
  • Protocolo al Tratado Antártico sobre Protección del Medio Ambiente (1991)
  • Tratado de Cooperación Amazónica (1978)