El Islam en Europa: sus huellas en los Balcanes

 

*Cristian Ariel Suarez

En la edición anterior, en el artículo “La Europa cristiana y la Muralla Bizantina”(SUAREZ, 2015 p.42-46) he analizado como la religión cristiana, nacida en Medio Oriente, se consolidó en Europa y no en el continente que la vio nacer; comparando como el Islam sí se consolidaría en Medio Oriente, principalmente.

El rol cual piedra angular del Imperio Bizantino, fue fundamental para la prosperidad tanto del cristianismo como del islam. Al momento de su caída (cuando los turcos entran en Constantinopla en 1453), los Estados europeos se vieron las caras por primera vez con un enemigo poderoso, con el cual no tenían relación ni experiencia, ya que  tanto la iglesia de Roma como los varios Estados europeos dejaron la responsabilidad de frenar el avance otomano al Imperio Bizantino, pero desde que Constantinopla pasara a ser Estambul, su principal defensa pasó a ser la principal amenaza para los Estados Cristianos.

Palabras claves: Imperio Otomano; Imperio Bizantino; Cristianismo; Islam; Europa; Asia; Austria; Turquía; Religión.

 

Ascenso y Consolidación otomana

 El imperio turco-otomano gozaba de gran prestigio en el mundo europeo, era el único Imperio o Estado con lo que hoy llamaríamos “superávit fiscal” (BENDER 2011 p. 34- 39). A diferencia de los europeos, los turcos poseían el control de las rutas comerciales con las indias, beneficiándose enormemente de las rentas del comercio. Para obtener una ventaja sustancial sobre los países cristianos, Estambul cortó todo tipo de comercio entre Europa y la India, dejando a los gobiernos cristianos en clara vulnerabilidad por su dependencia de las especias provenientes de Asia.

Este fue uno de los motivos por los cuales los europeos, principalmente España, decidieron encontrar una ruta alternativa para llegar a las Indias. Cristóbal Colon tenía ese propósito, pero su viaje hacia la India terminó con un destino totalmente distinto, Cuba. Luego le seguiría Portugal que encomendó una expedición de circunnavegación del continente Africano. Con las décadas Inglaterra y los Países Bajos emprenderían sus expediciones colonizadoras también, buscando la manera de vencer el bloqueo comercial impuesto por Estambul.

Con el derrumbe del Imperio Bizantino, Constantinopla fue rebautizada Estambul y declarada capital del Imperio Otomano, con lo que los turcos consiguieron lo que hace siglos ansiaban y buscaban, la entrada terrestre a Europa.

Su rápido expansionismo por el Medio Oriente se repetiría en Europa, en menos de 100 años los turcos lograrían el control comercial y militar del mediterráneo oriental (entre Italia y Siria), anexando las islas del Peloponeso (como Chipre), los sultanes Selim I y Solimán II se encargaron de extender los límites del Imperio por Europa. Entre 1470 y 1478 los turcos entraron triunfantes en Grecia, Albania, Crimea, Moldavia; entre 1521 y 1526 los turcos se harían de dos de sus mayores hazañas, la conquista de Belgrado (1521), y de Hungría 5 años después, logrando así un camino despejado hacia a las puertas de Viena.

Los Estados europeos quienes hasta ese momento ignoraron, o quisieron ignorar el avance turco, decidieron unirse a causa de los continuos asedios a Viena en la “Liga Santa”, compuesta por los Reinos de España (experta en la lucha contra los turcos en la reconquista de la península), los Estados Pontificios, los estados italianos de Venecia, Génova, y los ducados de Toscana y Saboya. En 1571 los ejércitos navales turcos se enfrentaron en Lepanto (Grecia) con la coalición cristiana.

Las consecuencias de dicho enfrentamiento fueron catastróficas para los turcos, la alianza obtendría un contundente éxito destruyendo por completo la flota turca y cobrándose más de 30 mil vidas, contra las 8 mil bajas que sufrieron los cristianos. (GUGLIELMOTTI, 1862, p. 210)

Tras la clara victoria en Lepanto, el mapa geopolítico de Europa cambió radicalmente a favor de los Estados cristianos. Europa comenzaba a obtener sustanciales beneficios de sus colonias en América y África, lo que equilibró la balanza con su oponente, disminuyendo la vulnerabilidad europea. Después de Lepanto, los turcos jamás  pudieron recuperar su supremacía en el Mediterráneo, el aniquilamiento naval fue clave y toda Europa se hizo de la idea de que los turcos no eran invencibles.

Derrota de Viena y consolidación en los Balcanes

 Los años pasaron, las décadas, y así también el Siglo; para finales del Siglo XVII (1683) los turcos se encontraron nuevamente en una posición favorable, las expediciones militares de conquista terrestre comenzaron nuevamente. Armados con lo último de la tecnología militar, los jenízaros fueron el brazo armado más letal y contundente; bajo su fuego cayeron los reinos del oeste de Ucrania, y en 1683 Viena sería nuevamente sitiada.

Los Estados cristianos se verían las caras nuevamente con su enemigo más peligroso, por lo que la casa de Habsburgo tendría una prueba de fuego ante el temible visir Kara Mustafá. El Imperio Otomano movilizaría 160 mil efectivos, contra apenas 56 mil de la Liga Santa (nuevamente convocada, integrada además por los Estados de Austria, el Sacro Imperio Germánico, y la Confederación Polaca-Lituana). (Thackeray, Findling 2012, p. 259-269)

En Kahlenberg (cercanías de Viena), ambos ejércitos se enfrentaron en una de las fechas más negras de Europa. Entre la noche del 12 y 13 de Septiembre perecieron más de 18 mil personas, de las cuales apenas 3 mil eran de la Liga Santa (Petacco, 2007). Otra vez la alianza cristiana lograba derrotar a los turcos donde, al igual que en Lepanto, el golpe fue duro. Si en Grecia había perdido la posibilidad de controlar todo el Mediterráneo, en Viena perdió la posibilidad de ocupar la Europa occidental, debiéndose limitar a ocupar toda la zona de los Balcanes, zona que mantuvo bajo control hasta inicios de la Primera Guerra Mundial.

El Imperio Otomano, tuvo que ceder Hungría a Austria luego de la derrota, pero mantendría el control de los actuales Estados de Grecia, Albania, Macedonia, Bulgaria, Rumania, Bosnia y Herzegovina, Serbia, Montenegro y Kosovo.

Los países ocupados por los turcos, recibieron de diferentes maneras al Imperio. Grecia, por ejemplo, desarrolló un fuerte resentimiento hacia Turquía, con la invasión de Grecia, los turcos-otomanos impusieron fuertes condiciones en la mesa de negociaciones, una de las más sensibles para los griegos fue la reducción a la servidumbre de todo prisionero griego. Este hecho desencadenó una muy fuerte migración de Grecia a Italia o a otros Estados católicos europeos. En muchas ciudades griegas como Atenas o Rodas las autoridades fueron remplazadas por líderes turcos, y las autoridades religiosas cristianas sometidas a la autoridad del Sultán.

Si bien no obligaron a la población a convertirse al Islam el Imperio comenzó una campaña de hostigamiento a quienes no lo hicieran por motus propio, logrando que una pequeña parte de griegos se convirtiera al islam, principalmente por miedo a las represalias.

Represalias que iban desde el escarmiento público, hasta altas tasas a los productores cristianos griegos. Los adultos fueron excluidos de formar parte del ejército sultánico, pero uno de cada cinco griegos que nacieran durante la ocupación serían obligados a servir al Imperio y ser criado como un musulmán, incluso con la posibilidad de llegar a visir o gobernantes importantes de adultos, y las mujeres griegas que nacieran serían las esclavas del sultán y otras autoridades imperiales que serían enviadas a servirlos. Esta práctica sería conocida como “tributo de los niños” (Waterfield, 2005, p. 285).

Trágicas y comunes eran las ocasiones en que las propias madres lisiaban a su hijo de por vida para que no les fueran arrebatados por los turcos, pero las familias griegas más pudientes recurrían al soborno para evitar que se los llevaran o de ser imposible el arrebato recurrían al soborno también, para asegurarse que su hijo pudiera progresar militar o políticamente en el imperio (Walker Arnold, 1896, p. 137-143).

A pesar de las condiciones impuestas por los turcos, la gran mayoría griega conservó su religión cristiana, su idioma, y sus usos y costumbres, es por eso que hoy en día Grecia mantiene su imagen nacional a la época previa a la ocupación, pero desde ese momento el resentimiento hacia el turco será parte de la vida corriente de Grecia, sobre todo agravada durante las guerras mundiales del Siglo XX.

En países como Albania y Bosnia, hubo menos resistencia al Imperio, y por lo tanto gozaron de menos presión por parte del Sultán. Sí bien las condiciones de la ocupación eran prácticamente las mismas, al ser Albania y Bosnia países que pasaron durante la historia de un Imperio a otro, no desarrollaron como Grecia una identidad lo suficientemente fuerte para oponerse al Imperio turco.

Es más, Albania adoptó la religión musulmana como oficial hasta el día de hoy, y en Bosnia y Herzegovina se concentra la mayor cantidad de musulmanes de Europa (en la región de Bosnia el 90% profesan la fe islámica representando un 45% de la población total del país) (US Department of State, 2009).

Durante el Siglo XX el número era aún mayor, pero en el trascurso de la Guerra de Yugoslavia a fines de Siglo, el ensañamiento con la población musulmana llegó a ser considerado “limpieza étnica” con el objetivo de crear una raza pura, incluyendo el exterminio de los fieles musulmanes y la destrucción de todo símbolo o mezquita, además de la siempre presente y lamentable violación de mujeres y niñas del credo musulmán.

Conclusión

 En este artículo, pudimos observar el avance del imperio turco, pudimos observar como Europa deja de ser un actor pasivo de su historia para convertirse en el arquitecto de su destino tomando un rol mucho más activo en virtud de sus propios intereses y la herencia musulmana en Europa.

Al caer Constantinopla, y el encontrarse los estados europeos católicos a un bloqueo comercial impuesto por los musulmanes, estamos en condiciones de afirmar que la expansión marítima atlántica impulsada por los reinos de España y Portugal, fue producto de una visión, a mí entender, de reconocimiento de su debilidad y vulnerabilidad en relación con el imperio turco-otomano, necesitaban compensar la balanza claramente desfavorable, y no como mucha veces se da por sentado por los avances tecnológicos, culturales de los estados europeos, que por cierto, eran menores al de los musulmanes, y mucho mas inferiores al de los alcanzados por los chinos (LANDES 1998, POMERANZ 2000).

Sería por de más interesante y extenso abordar ahora las relaciones otomanas, con los Estados cristianos europeos, desde el Siglo XVII en adelante y con el nuevo actor emergente en la historia europea, el Imperio ruso. Considero necesario y oportuno abordar la siguiente etapa y para finalizar nuestro viaje por la historia del Imperio turco, hacerlo en la próxima edición. Donde merece particular atención el rol ruso e inglés en el inevitable destino del Imperio Otomano.

*Por Cristian Ariel Suarez. Estudiante de Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de Lanús).

 

Bibliografía

 GUGLIELMOTTI, “Alberto Marcantonio Colonna alla battaglia di Lepanto” Ed. Le Monnier, Firenze, 1862.

THACKERAY Frank W. y FINDLING John. E. “Events That Formed the Modern World: From the European Renaissance through the War on Terror” Ed. ABC – CLIO, Oxford, 2012.

PETACCO Arrigo “L’ultima crociata: quando gli Ottomani arrivarono alle porte dell’ Europa” Ed. A. Mondadori, Milano, 2007.

WATERFIELD Robin “Athens: A History, From Ancient Ideal to Modern City”. Ed. Basic Books, Cambridge, 2005

WALKER Arnold T. “The preaching of Islam: A history of the propagation of the Muslim faith”. Ed. Westminster, A. Constable and Co., University of California 1896.

U.S. Department of State “International Religious Freedom Report 2009” Disponible en: http://www.state.gov/j/drl/rls/irf/2009/127302.htm

SUAREZ, Cristian A. “La Europa Cristiana y la muralla bizantina”. Ed. Coyuntura Internacional, N° I, Buenos Aires, 2015

LANDES David “The Wealth and Poverty of Nations: Why Some Are So Rich and Some So Poor” Ed. W.W. Norton & Company, New York, 1998.

POMERANZ, Kenneth “The great divergence: Europe, China and the making of the Modern World Economy” Ed. Princeton University Press, Princeton, 2000.