Geopolítica Situada: Unasur y la agenda en materia de defensa

*Nicolás Canosa

“Es más necesario e imprescindible que nunca recuperar una cultura del pensamiento estratégico que nos obligue a intervenciones creativas en un escenario de conflictos que exige rapidez de resoluciones”. Miguel Ángel Barrios [1]

Aunque es cierto que Estados Unidos, principal amenaza para la soberanía de nuestros Estados, concentró en gran medida su política exterior posterior al 11 de septiembre del 2001 en sus guerras en Afganistán e Irak, y en la lucha “contra el terrorismo”, no arriesgaría a decir como lo hace Sanahuja (2012, p30) que América Latina es menos prioritaria para esta potencia. Mucho menos, que se distrajo de sus tareas en esta región.

Miremos que decía en la estrategia del comando 2016 del Comando Sur de Estados Unidos elaborado entre 2005-7:

“Los países de Latinoamérica y del Caribe son estratégicamente importantes para la seguridad nacional y el futuro económico de los Estados Unidos. Los intereses a largo plazo de los Estados Unidos están mejor resguardados en un hemisferio de países estables, seguros y democráticos. El futuro próspero para todos se asienta sobre una base de valores compartidos, gobiernos eficientes, sociedades libres y economías de mercado” (Luzzani, 2012, p.469).

Sin abundar, es necesario recordar que menos de cuatro años después de la caída de las Torres Gemelas se produce la derrota del ALCA, y que, luego de ella, Estados Unidos reconstruyó su estrategia buscando realizar acuerdos de libre comercio bilaterales con sus países subordinados y contribuyendo a emerger iniciativas de integración regional, tales como la Alianza del Pacífico. Asimismo, se abocó a desestabilizar o intentar bloquear el surgimiento de nuevos gobiernos populares. Reactivó la IV flota en el año 2008, profundizó la militarización de la región (hechos que guardarán importante relación con el Consejo Suramericano de Defensa que analizaremos en breve) con bases militares (Luzzani, 2012) y en el año 2009 promovió el Golpe de Estado en Honduras.

Lo que en verdad ocurrió es que hubo una mayor densidad regional [2], dado que varios gobiernos en la región, simultáneamente coincidieron en intereses y posturas soberanas, lo cual permitió construir la década más profunda en términos de integración regional, contrarrestando el poder de los Estados Unidos para influenciar en la región. Esto no significa que haya sido perfecta, pero es justo reconocer que los esfuerzos realizados nos dan un piso de referencia cercano en tiempo y un grado de conciencia regional generada mucho más alto a comparación de otras etapas en que avanzaron los sectores antinacionales y sumisos a intereses foráneos en cada país.

En este marco, y en el pico de densidad nacional [3] de los países fundamentales para la integración –Argentina, Brasil y Venezuela- nace la Unión Suramericana de Naciones en Brasilia, el 23 de mayo de 2008.

Esta nueva institución, donde se observa contundente la iniciativa brasilera, surge como un espacio de convergencia de carácter político y desvinculado de iniciativas en el área comercial. Sin embargo, como advierte Rafael Correa [4], el carácter institucional estrictamente intergubernamental –todo se decide por Consenso de los 12 Estados parte y hay poder de veto- dará cuenta de las limitaciones, lentitudes y las arduas negociaciones para llevar adelante proyectos en las distintas áreas.

Es un tema para reflexionar, en base a estos obstáculos mencionados, si no sería conveniente lograr una armonía entre el carácter intergubernamental y la supranacionalidad -ni tanto una, ni tanto la otra- pero que exista un poder regional capaz de generar normas vinculantes cuando la mayoría de los Estados consideran llevar adelante una iniciativa. Fácil es decirlo, difícil ejecutarlo.

Coincidimos con Sanahuja –y valoramos con creces lo hecho en este aspecto- cuando sostiene que “el rol de UNASUR como un mecanismo de gestión de crisis, ha sido confirmado. Se ha convertido en una alternativa a la Organización de Estados Americanos (OEA), fortaleciendo así la autonomía de Sudamérica frente a Estados Unidos” (Sanahuja, 2012, p42).

La creación de UNASUR y su posterior campo de acción, muestra a las claras esta multi-dimensionalidad a la que aludíamos acerca del proceso de integración ocurrido entre el año 2003-2015 en el artículo anterior. Entre sus agendas, se encuentra la de infraestructura y energía; finanzas y asuntos monetarios; salud; cultura y defensa, entre otros.

Acerca de discusiones, teorizaciones, propuestas y acciones imprescindible

Antes de interiorizarnos en el modo de surgimiento, objetivos y discusiones acerca del Consejo de Defensa Suramericano (CDS), puntualizaremos algunos aspectos centrales que nos dan sustento a la hora de analizar la agenda de defensa en particular. Hay tres aspectos centrales por los cuales es importante revisarla:

1) Quizá sea, después de la gestión de crisis, la agenda más importante, que mayor intensidad, conflictos y debates generó. Citaremos brevemente los puntos más álgidos: principalmente, posterior al acuerdo de creación de bases militares norteamericanas en Colombia, que condujo a la realización de la Cumbre de Bariloche en Argentina del 2009 de presidentes de Unasur; también, la reactivación de la IV flota, luego del descubrimiento del Pre-Sal que dio nombre a la “amazonia azul” en territorio marítimo brasilero, que podría suponerse que guarda relación con el impulso de Brasil al CDS, teniendo en cuenta su nueva Estrategia de Defensa Nacional (Luzzani, 2012); y la vulneración de las fronteras ecuatorianas por las fuerzas colombianas en el asesinato de Reyes, líder de las FARC.

2) Se evidencia una falta de una perspectiva nacional sobre geopolítica de la seguridad y geopolítica de la defensa. No basta con invalidar el discurso del oponente o denunciar las secuelas y verdades que atrae la subordinación a las agendas que impone el Pentágono. Tenemos que generar una contra-propuesta sólida, sustentable y viable. Una propuesta que perciba y analice desde nuestra concepción y no mediante categorías impuestas la lucha por la soberanía de los recursos naturales; sobre el crimen organizado y desorganizado; sobre el ciber-espionaje. En definitiva, conocer en profundidad las aristas de las guerras de cuarta generación, para no caer en la trampa de las agendas de seguridad/defensa impulsadas por intereses foráneos.

3) La Defensa y la Seguridad serán escenarios ineludibles de disputa en el presento y futuro de nuestra región. Es importante entonces conocer las herramientas, instituciones y los procesos de identidad suramericana en este campo ya construidos, observar donde residieron sus debilidades y fortalezas, en función de la posibilidad de

que en una nueva oleada de gobiernos populares se puedan producir mayores avances en la cooperación estratégica en este ámbito en favor de la soberanía nacional y continental.

CONSEJO DE DEFENSA SURAMERICANO

El Consejo de Defensa Suramericano (CDS) es una iniciativa brasilera que fue cosechando el consenso del resto de los países a lo largo de una serie de encuentros y reuniones de ministros y jefes de Estado (otra vez, se ve la dificultad del exceso de intergubernamentalismo para acelerar proyectos importantes). Desde Brasil “lo que se pretendía crear era una especie de Foro de debate y en materia de defensa en donde se pudieran profundizar los mecanismos de diálogo entre los países de la región” (Comini, 2016, p.120), y no un alianza colectiva similar a la OTAN como sugería la contrapropuesta de Venezuela, en la cual se buscaba “que el naciente Consejo proyectara un “eje militar unionista” y constituyera un “bloque geopolítico de poder” (Comini, 2015, p.121).

Si bien es más factible y realista la propuesta brasilera, dada la necesaria unanimidad para el avance en los acuerdos en la UNASUR y, a su vez, las condiciones de posibilidad para que las distintas fuerzas armadas de cada país se inmiscuyan en este proyecto, es necesario recalcar las amenazas y riesgos que visualizaba Venezuela y creía que este Consejo debería lidiar y que el proyecto final no expresó, al menos públicamente:

“la activación de la IV flota estadounidense, el posicionamiento       de bases militares de EEUU en la región, problemas ambientales, la existencia de diferentes tipos de asimetrías, el narcotráfico y otras formas de delincuencia organizada, en la exclusión social y en las guerras de cuarta generación” (Comini, 2015, p122-3).

Efectivamente, la mayoría de las delegaciones descartó la propuesta venezolana y culminó llevándose a cabo, con modificaciones, la propuesta brasilera. Queda en claro, no obstante la influencia brasilera, el ambiente de consenso y no de imposición de agenda, como ocurrió con los organismos norteamericanos de cooperación hemisférica.

Veamos sus objetivos: consolidar una zona de paz suramericana; construir una visión común en materia de defensa; articular posiciones regionales en foros multilaterales sobre defensa; cooperar regionalmente en materia de defensa; apoyar acciones de desminado, prevención, mitigación y asistencia a víctimas de desastres naturales [5].

En contraposición a instituciones como el Colegio Interamericano de Defensa, la Junta Interamericana de Defensa y el Instituto del Hemisferio Occidental para la Cooperación en Seguridad, promovidas por los intereses norteamericanos, surgen dos relevantes avances en el CDS que fueron la creación de la Escuela Sudamericana de Defensa –creada a fines de 2014- y del Centro de Estudios Estratégicos del CDS, en el año 2009 y en funcionamiento desde 2011 “con el objeto de “generar un pensamiento estratégico a nivel regional, que coadyuve a la coordinación y la armonización en materia de políticas de Defensa en Suramérica”. Así, desde sus orígenes, el Centro se erige bajo características particulares como una instancia de y para el CDS, basado en el diálogo permanente a nivel intergubernamental, sobre cuestiones estratégicas de interés regional”  [6].

Sus objetivos específicos son: contribuir, mediante el análisis permanente, a la identificación de desafíos, factores de riesgo y amenaza, oportunidades y escenarios relevantes para la defensa y la seguridad regional y mundial, tanto en el presente como en el mediano y largo plazo; promover la construcción de una visión compartida que posibilite el abordaje común en materia de defensa y seguridad regional, de los desafíos, factores de riesgo y amenaza, oportunidades y escenarios previamente identificados, según los principios y objetivos expuestos en el Tratado Constitutivo de la UNASUR y en el Estatuto del CDS; contribuir a la identificación de enfoques conceptuales y lineamientos básicos comunes que permitan la articulación de políticas en materia de defensa y seguridad regional [7].

La Política y la estrategia entre las complejidades y las densidades

Los objetivos repasados sirven para analizar hacia donde se quiere ir, pero la complejidad de la realidad muchas veces detiene ese tránsito. El impulso que podrían haber dado Brasil y Venezuela, en graves situaciones en sus países en cuanto a la estabilidad, es decir, debilitados en uno de los aspectos centrales de la densidad nacional, es uno de los factores que posiblemente hayan limitado el avance. Hoy, con el retroceso en Argentina y la importación de agenda en materia de seguridad y defensa, la agenda originaria del CDS se ve debilitada [8]. Es difícil realizar un balance de estos organismos, de acuerdo a su corta o escasa duración. Es valiosa la intención política de haberlos creado, de generar lazos de confianza y en comenzar el diálogo intra-fuerzas y con espacios académicos de distintos países del Continente sin la tutoría imponente y de larga duración de los Estados Unidos, con el motivo de mirar y analizar desde Suramérica los problemas de la defensa en particular y de la región en general.

En  referencia  al  debate  sobre  la  institucionalidad  antes  planteado,  coincido  con Alejandro Frenkel cuando sostiene que “la institucionalidad en sí misma no determina los avances o retrocesos de integración” (2016, p.47). Ni la alta ni la baja institucionalidad, con sus aspectos negativos o positivos, es garantía para el cumplimiento de los objetivos de la integración. Es la Política, la determinación de los actores en juego, las voluntades y las correlaciones de fuerza, las densidades y la conciencia nacional y regional de quienes llevan adelante estos procesos en las instituciones y el protagonismo popular, las condiciones que pueden separarse del punto de partida y acercarse al ideal propuesto: el ideal de un continente unido, justo, libre y soberano, para lo cual la integración regional –de manera multidimensional, pero fundamentalmente en el plano industrial, científico y tecnológico- es indispensable.

Notas

[1] Miguel Ángel Barrios. Consejo Suramericano de Defensa. Desafíos Geopolíticos y perspectivas continentales. Ed. Biblos. BsAs. 2011

[2] Para ver en que consiste este concepto de Aldo Ferrer ver nota anterior publicada en: https://goo.gl/DO1iPq

[3] Idem

[4] https://www.youtube.com/watch?v=2_L_HQyiOUs , entrevista de Rafael Correa con Eva Golinger, RT

[5] http://www.unasursg.org/es/consejo-defensa-suramericano

[6] http://www.ceedcds.org.ar/Espanol/01-CEED/01-Mision.html

[7] http://www.ceedcds.org.ar/Espanol/01-CEED/02-Objetivos.html

[8] En referencia a la importación de agenda y sumisión a intereses norteamericanos, se puede revisar el artículo “En la órbita norteamericana: importando agenda y sumisos a intereses extranjeros” de mi autoría: https://goo.gl/3z4i41

Por Nicolás Canosa, estudiante de Sociología en UBA, responsable nacional del Frente Cultural del Peronismo Militante y responsable de relaciones internacionales del CENACK.