Estado de seguridad: El miedo como instrumento del cambio

 

*Nicolas Bursi.

Dejando la Zona de Confort de los Derechos

Todos los partidos políticos tienen sus propias expresiones y símbolos cargados de ideología. Cambiemos no es la excepción. Sus ejemplos más claros son el esperanzador “segundo semestre” con la ilusión de que el mero avance del calendario representa la luz al final del túnel o “sensación de inseguridad” utilizada siempre en forma irónica y fuera de contexto. Sin embargo, la expresión de cabecera de la actual administración es “la pesada herencia”.

La idea de una “pesada herencia” nos muestra el presente como consecuencia de un estilo de vida no correspondido a las realidades inherentes de nuestra economía. Estilo de vida que ha dejado deudas que deben saldarse imperiosamente para salir adelante. Es un concepto marcado por un sentido de urgencia, de necesidad de acción frente a un país que estaba “a punto de estallar”, y dicho concepto es utilizado como instrumento para justificar la más amplia gama de medidas políticas.  No se ha escatimado en recursos a la hora de intentar profundizar la idea de que la situación que recibió el gobierno actual fue y sigue siendo caótica, un verdadero Estado de emergencia en todos los ámbitos. Desde la fuerte campaña mediática protagonizada por los actores de siempre, hasta los mismísimos funcionarios públicos del gobierno, todos cumplen su papel al pie de la letra. A comienzos del mes de julio la Casa Rosada publicó un extenso informe llamado “El estado del Estado[1] en el cual se describe la situación actual del país en los diferentes temas de agenda. La conclusión de este informe, en resumidas cuentas, es que la totalidad de la administración pública se encuentra en estado crítico.

La Seguridad es uno de los capítulos de este informe. Este apartado es clave para el gobierno de turno, ya que uno de sus principales slogans a lo largo de la campaña electoral, fue la lucha contra la inseguridad y el narcotráfico. No sorprende entonces, que dentro de la primera batería de medidas que se tomaron, la Ministra de Seguridad Patricia Bullrich tras acordar rápidamente con las provincias y los jefes policiales, no haya tardado ni una semana en decretar la emergencia en Seguridad a nivel Nacional. La decisión fue publicada en el boletín oficial declarando la emergencia en todo el territorio nacional por un lapso de 365 días, que “podrá ser prorrogado fundadamente[2].

El gran interrogante aquí es si este lapso de un año se extenderá o no en el tiempo. Pregunta que surge del análisis de los acontecimientos que siguieron a uno de los hitos que cambió el curso de la historia y las relaciones internacionales: desde que el corazón de los Estados Unidos fue atacado el 11-S, dejando un saldo de 3016 muertos, el mundo entero comenzó a girar en una dirección a la que Giorgio Agamben define como la transición de <<Del Estado de Derecho al Estado de Seguridad>>[3] que comienza con un decreto de estado de emergencia. Dicho autor cree pertinente recordarnos que el estado de emergencia fue el dispositivo utilizado por los poderes totalitarios que han logrado instalarse en Europa en el Siglo XX. Como ejemplo práctico podemos tomar a Hitler, quien tras ser electo proclama un estado de emergencia que no fue revocado mientras estuvo al mando, por lo que la Alemania Nazi se encontraba sometida a una situación excepcional en donde las libertades individuales estaban suspendidas.

Si bien el Estado de Emergencia fue levantado, este fenómeno no solo no desapareció, sino que al día de hoy parece encontrarse más asentado que nunca. El escenario internacional ha cambiado, y el 11-S fue una señal evidente de este cambio. Fundamentalmente la reacción a ese acontecimiento es el hecho a resaltar: la amenaza por parte de ideologías diferentes a la norteamericana y el peligro del terrorismo tienen un impacto social, económico y político en todo el mundo. En la actualidad esta tendencia se observa claramente en el crecimiento exponencial de los poderes de las diferentes agencias de seguridad de EEUU. Solo en materia financiera vemos que de 2001 a 2011 el presupuesto anual de Inteligencia se triplicó. Pero más importante aún, son las nuevas “libertades” que se les otorgaron a las instituciones. Por mencionar algunos ejemplos, el FBI y el Departamento de Justicia de EEUU recibieron nuevos poderes que permiten la solicitud de registros sin una orden de la justicia; la National Security Agency (NSA) ahora puede intervenir las comunicaciones entre ciudadanos norteamericanos y extranjeros sin orden de la corte; en las ciudades más grandes han realizado licitaciones e instalado sistemas de monitoreo en todos los semáforos.

Los estados de emergencia, de mantenerse, conducen a una transmutación del Estado de Derecho a un nuevo tipo de Estado, conocido por los académicos norteamericanos como Security State o Estado de Seguridad, en donde las razones de seguridad van a remplazar a lo que antes conocíamos como ‘razón de Estado’.

Si buscamos una definición sobre lo que se entiende por “Estado de Seguridad” es conveniente repasar un poco la historia de la filosofía política hasta desembarcar en el modelo de Thomas Hobbes. El Estado tiene como objetivo poner fin al miedo, y para eso el contrato entre los hombres tiene como medio la transferencia de poderes al soberano, presuponiendo el miedo recíproco entre individuos causado por un mundo definido por la guerra de todos contra todos. El Estado de Seguridad es su antítesis ya que el esquema se invierte: el Estado está fundado en el miedo y debe mantenerlo a toda costa ya que es de éste del cual extrae su función esencial y lo que es más importante, su legitimidad.

Este Estado de Seguridad o, dicho de otra forma, “la seguridad” a la que hace referencia, tiene como objetivo principal generar un tipo de relación con los hombres basado en el control generalizado y sin límites. Giorgio Agamben, señala tres características generales del Estado de seguridad: a) el mantenimiento de un estado de miedo generalizado, b) la despolitización de los ciudadanos, y c) la renuncia a toda certeza de derecho. Sobre el Estado de Emergencia reflexiona: “En un país que vive en un estado de emergencia prolongado, y en el que las operaciones de policía sustituyen progresivamente al Poder Judicial, cabe aguardar una degradación rápida e irreversible de las instituciones públicas.”[4]

La primera pregunta que se planteaba en el presente artículo era si el estado de emergencia se extendería o no una vez finalizado el periodo pactado. Pero esta pregunta en realidad encierra otra: ¿Podemos identificar una transición del Estado de Derecho al Estado de Seguridad en la Argentina? Hay elementos que señalan una tendencia hacia el establecimiento de este nuevo modelo de Estado. Dichos elementos concuerdan con el desarrollo teórico de Agamben; y si bien tienen características que son compartidas con Europa o Estados Unidos, por cuestiones geográficas, históricas y políticas, la caracterización o la naturaleza de dicha transición tiene rasgos propios.

El mantenimiento de un estado de miedo generalizado

El mantenimiento del miedo generalizado en una sociedad como objetivo principal tiene una doble función. Por un lado, es la legitimación misma de la existencia del Estado, estando este fundado, no en la garantía de seguridad, sino en el miedo generado por la ausencia de una fuerza organizadora. Por otro lado, la segunda función se encuentra perfectamente explicada por Foucault, quien señala que “cuando la palabra «seguridad» aparece por primera vez en Francia en el discurso político con los gobiernos fisiócratas antes de la Revolución, no se trataba de prevenir las catástrofes y las hambrunas, sino de dejarlas advenir para poder a continuación gobernarlas y orientarlas a una dirección que se estimaba beneficiosa.[5]

En cuanto a este objetivo de mantener el miedo en pos del concepto de “seguridad”, ya se han señalado casos en los que se decretaron diversas ampliaciones de libertades para las diferentes agencias de inteligencia en los Estados Unidos; proceso que es acompañado por el incremento de las bases de datos como consecuencia del crecimiento tecnológico exponencial en las áreas de seguridad. En Argentina, a través de la Resolución 166 del 26 de Julio, ANSES “remitirá periódicamente” toda la información de sus bases de datos a la Secretaría de Comunicación con el objeto de “mantener informada a la población a través de diversas modalidades“. Para que todas estas modificaciones sean aceptadas, también tiene que existir complicidad por parte de otros actores más allá del Estado. Es por esto, que hace tan solo una semana el diario Clarín publicó una pequeña columna de opinión en la que el autor expresa que: “Se trata de una práctica usual en las democracias constitucionales cuyo desarrollo es posible debido a los importantes avances registrados en materia de comunicación social[6] Nadie niega que dicha medida pueda tener, aunque sea en principio, fines informativos, pero tampoco podemos negar que se instala un precedente sobre el acceso a la información personal.

Estas afirmaciones en cuanto al mantenimiento del miedo, describen el papel del Estado en materia de seguridad desde la perspectiva de defensa o seguridad policial. Pero aquí en Argentina, se ha manifestado otra forma de implantación del miedo. Aquí el miedo se ha implantado sobre todo en materia de seguridad económica, mediante la amenaza constante de que impedir el accionar del Estado para reacomodar una economía destruida por la “pesada herencia”, y llevarla en la dirección definida por el “cuerpo técnico” de la administración, crea desequilibrios que solo los pagará el grueso de la población. Son varios los ejemplos de amenazas por parte de funcionarios públicos, pero son las frases pronunciadas por el Ministro de Hacienda Alfonso Prat-Gay las que más eco hacen, tanto por el rol que ocupa como por su exposición mediática. “Si no hay acuerdo se viene un ajuste tremendo”[7], “Cada gremio sabrá hasta dónde arriesgar empleos a cambio de salarios”, “Sería peor si no hubiésemos hecho todo lo que hicimos”, son ejemplos claros de una lógica que intenta limitar las acciones o justificar una agenda mediante la implantación del miedo.

La despolitización de los ciudadanos

En el Estado de seguridad, la segunda clave es llevar a cabo un proceso de despolitización de los ciudadanos de forma progresiva, por lo que su participación en política se reduce a meras encuestas explicativas sobre el rumbo de las elecciones. El riesgo que esto conlleva según Agamben, es que “si se despolitiza a los ciudadanos, ellos no pueden salir de su pasividad más que si se los moviliza mediante el miedo contra un enemigo que no le sea solamente externo“.

La intención de despolitización desde Cambiemos es uno de sus objetivos más claros. Incluso se ve en la composición de sus cuadros políticos o ministros, todos ellos provenientes de la esfera privada, dando una impresión de ser profesionales que “no ha sido contaminada por el juego de la política”, jactándose de tener perfiles más “técnicos” y capacitados para la administración del Estado a diferencia de la “grasa militante”. El voto de Cambiemos, o por lo menos la mayor parte, no es un voto de confianza al partido, sino un voto castigo a la gestión anterior. La única forma que tienen de movilizar votos como consecuencia de esta despolitización de las masas es mediante, al decir de Agamben, “el miedo contra un enemigo que no le sea solamente externo“, es decir, un enemigo interno del cual diferenciarse: el Kirchnerismo/Peronismo y su militancia.

Representantes de diferentes organismos de Derechos Humanos como la Liga Argentina por los Derechos del Hombre no titubean al afirmar que “se está volviendo, en democracia, al ˈ76, porque hay un clima de persecución política, de despidos, lo que se ha hecho con los medios públicos es ejemplificativo, un caso de ‘limpieza racial[8]. La persecución ideológica que se ha realizado en los diferentes organismos del Estado condujo a por lo menos 10000 (aunque se estiman 30000) despidos admitidos públicamente por el gobierno. Se presenta una dicotomía entre aquellos que, por un lado, buscan un modelo para la Argentina con inclusión social, democracia, independencia económica y soberanía, que son quienes ahora pasa a ser “el otro”, es decir el enemigo al cual temer, frente a aquellos que creen representar el “futuro” bajo el triunfo del modelo neoliberal, basado en la eficiencia, y donde el “futuro” se caracteriza como algo objetivo, neutral y estrictamente racional.

 La renuncia a toda certeza de derecho

 El tercer punto implica un cambio radical en los criterios que se utilizan para determinar lo que es verdad, la certeza en toda la esfera pública. Es decir que cualquier denuncia que caiga sobre “el otro” implica la renuncia integral al establecimiento de la certeza judicial. La transformación en este apartado es evidente; mientras que en el Estado de derecho un crimen requiere una investigación judicial para certificarse como verdadero, en el paradigma del Estado de Seguridad bien dice Agamben “uno debe contentarse con lo que dicen de él la policía y los medios de comunicación que dependen de ésta — es decir, dos instancias que siempre han sido consideradas como poco fiables[9].

No es poco común que las reconstrucciones de los eventos sean apresuradas, vagas y elusivas de toda posible verificación. El principal interés del Estado de Seguridad es mantener a la ciudadanía en la incertidumbre sobre la amenaza, ya que la incertidumbre y el terror van de la mano. Aquí entra en juego el papel clave de los medios de comunicación con un excesivo uso de condicionales que convierte una labor periodística en un simple artículo de chimentos sobre la farándula. La situación judicial de los diferentes conductores del FPV, particularmente la presidenta Cristina Fernandez de Kirchner tiene fundamentos judiciales que generan controversia, pero ninguno de estos casos expresa tan bien la renuncia a la certeza de derecho como el caso de Milagro Sala, donde nos encontramos frente a una clara violación de los derechos humanos, indefendible por donde se la mire y que no fue pasada por alto por la ONU, frente a lo cual el Estado Argentino reclamó la no intervención en asuntos internos.[10]

Conclusión

 “¿Podemos identificar una transición del Estado de Derecho al Estado de Seguridad en la Argentina?” Esta era la pregunta implícita. Si aplicamos la teoría de Agamben a nuestra realidad, es innegable que las variables se ajustan a la teoría luego de tomarnos el trabajo de adaptar la teoría a nuestras particularidades como país. Habiendo respondido esta primera incógnita, la pregunta que surge es cómo detener a un Estado cuyo fin y medio es el fomento del miedo en la sociedad.

Por Nicolas Bursi, estudiante de Relaciones Internacionales en la Universidad Nacional de Lanús.

[1] http://www.casarosada.gob.ar/elestadodelestado/

[2] http://www.lanacion.com.ar/1864382-oficializan-la-declaracion-de-emergencia-en-seguridad

[3] http://www.lemonde.fr/idees/article/2015/12/23/de-l-etat-de-droit-a-l-etat-de-securite_4836816_3232.html

[4] Ibid 3

[5] Ibid 3

[6] http://www.clarin.com/opinion/Usar-datos-ANSES-viola-privacidad_0_1633036849.html

[7] https://www.youtube.com/watch?v=05UdMg0f5A8

[8] http://www.planbnoticias.com.ar/v2/macri-construye-su-fuerza-con-el-miedo-la-despolitizacion-y-el-individualismo/

[9] Ibid 3

[10] http://www.infobae.com/2016/03/03/1794556-la-onu-pidio-milagro-sala-y-el-gobierno-reclamo-no-intervenir-la-justicia/