En el ojo de la tormenta: claves para la comprensión de la situación en Venezuela

 

*Nicolás Canosa

Las grandes corporaciones mediáticas dificultan considerablemente la comprensión de los sucesos que ocurren en otras latitudes del mundo, debido a que las explicaciones brindadas, en general, carecen de la construcción del contexto de los fenómenos abordados, conjugado al poco espacio que se lo otorga al análisis geopolítico regional y mundial. Por supuesto, no obviamos que estas corporaciones poseen intereses concretos en las disputas geopolíticas aunque manifiesten hablar desde una posición neutral y objetiva. A su vez, en las redes sociales como escenario de lucha política, se realizan operaciones que tributan a una mayor desinformación y confusión.

Esto es igual tanto para la cobertura de los atentados en Europa, la crisis en Siria y Medio Oriente o el tema a analizar aquí: la situación en Venezuela.  Para sintetizar con una metáfora esta percepción sobre la construcción mediática de la geopolítica: suelen mostrar “la foto” de las situaciones, pero no develar las fuerzas en pugna y la naturaleza política de cada una de ellas y,  mucho menos, tratar sobre la historia y cultura particular que hacen a “la película” que posibilita el recorte del hecho político o acontecimiento particular analizado, que luego circula y se disemina en la opinión pública, fruto de la amplitud y alcance de las plataformas comunicacionales.

Ante este déficit para la comprensión de la crítica situación venezolana, trataré de la forma más breve posible aportar una serie de elementos que creo imprescindibles de visualizar para entender lo que está en juego en el país con la mayor reserva de petróleo crudo del mundo.

I La ofensiva diplomática

Andrés Malamud publica en el diario La Nación un artículo titulado “La última chance para la democracia venezolana”[1]. Si bien el sensacionalismo es una constante, en el recorrido del análisis aporta datos y elementos históricos, con lo cual parece abordar “de manera seria” la situación venezolana, a contrapelo de la tendencia que manifestábamos al comienzo del artículo. Sin embargo, esta presunta seriedad, se cae como un castillo de naipes cuando el autor habla del “coraje de Luis Almagro” por el rol que está desempeñando en la OEA, institución a la cual le confía impulsar una “ola democratizadora”. La Organización de Estados Americanos (OEA), buscando aplicar la cláusula democrática, asimismo el Mercosur promoviendo en primera instancia la suspensión y luego expulsión de Venezuela del bloque, se han convertido en las dos principales instituciones que desde el retroceso de los gobiernos afines al gobierno bolivariano (Paraguay en el 2012, Argentina en el 2015 y Brasil en 2016), que implicó el descenso en la correlación de fuerzas del modelo de unidad continental soberano, no han cesado en su lucha por desgastar y asfixiar a Venezuela en el ámbito diplomático.

Esta ofensiva diplomática llegó hasta el vergonzoso e inédito hecho que implicó los golpes recibidos por la canciller venezolana Delcy Rodríguez y el canciller boliviano David Choquehuanca en manos de la policía argentina, en las inmediaciones de la cancillería argentina, previo a una reunión del Mercosur.

 

II Intervención extranjera

Así como ya nadie puede negar la influencia de la CIA y el gobierno norteamericano en el Golpe de 1973 a Allende en Chile, el curso de los acontecimientos actuales en Venezuela no abre lugar a dudas de la incidencia de la potencia del norte. No habrá que esperar el descubrimiento de documentos secretos o escuchar a Henry Kissinger en una entrevista relatando como fue planificado la destitución al líder de la Unidad Popular y la instauración de una dictadura sangrienta que impuso el proyecto neoliberal.

Por cuestiones de espacio, destacaré sólo tres hechos que demuestran la línea de continuidad en la política exterior estadounidense.

-El Golpe de Estado del 11 de abril del 2002 al gobierno de Chávez, promovido por Estados Unidos, siendo George Bush quien reconoció al presidente de facto Carmona, que permaneció dos días en el mandato hasta que la movilización del pueblo y la lealtad de las fuerzas armadas recuperaron al presidente democráticamente elegido a fines de 1998.

-El decreto en el que Obama declara a Venezuela como una “amenaza para la Seguridad Nacional de los Estados Unidos”, con las posteriores sanciones hacia el país sudamericano.

-Las conversaciones que mantuvo Donald Trump con los presidentes de la región, en las cuales a todos les manifestó su preocupación por la situación venezolana, la cual quiere abordar desde su gobierno en conjunto con los mandatarios. Añadido a la “Operación Freedom 2”[2] , donde se detallan los pasos a seguir en el camino hacia la destitución de Nicolás Maduro, promovida por el Comando Sur de los EEUU, dirigido por Kurt Tidd.

 

III  Guerra integral, petróleo,  estructura productiva y dependencia

Medido en comparación país a país, en Venezuela yacen las mayores reservas probadas de petróleo crudo del mundo, seguido por Arabia Saudí y luego Irak (invadida desde el 2003 por Estados Unidos, con consentimiento de la OTAN y países europeos). Si lo pensamos en términos regionales, en la zona norte de África, conocida como Medio Oriente, se encuentran la mayor cantidad de reservas de petróleo del mundo. Si geopolíticamente esa región está en el ojo de la tormenta, lo mismo ocurre con Venezuela en nuestra región. Estar en el ojo de la tormenta implica sufrir la constante, diversa, intensa y violenta cantidad de métodos utilizados para la desestabilización, conformando así una guerra integral que se manifiesta en múltiples ámbitos.  Es una guerra psicológica e informativa, fisíca, social, política, económica y cultural, mediante las cuales las fuerzas imperiales buscan instalar el caos y la desarticulación integral de una Nación o Comunidad, para el aprovechamiento de sus recursos naturales y para neutralizar/destruir “la densidad nacional y regional” de quienes se contraponen a su proyecto geopolítico y civilizatorio, como lo ha sido Venezuela en su postura humanista y multipolar en lo universal, decididamente jugada a construir un modelo de integración liberador y soberano.

La estructura económica-productiva venezolana históricamente desde el descubrimiento del petróleo ha sido mono-rentista. Es decir, los ingresos por la exportación del petróleo han sido determinantes para las cuentas de este país. Esto, por diferentes razones, se ha mantenido igual tanto con los gobiernos del “Pacto de Punto Fijo” (1958), momento en el cual se instauró el modelo de la democracia liberal, donde dos partidos (Acción democrática y COPEI) se repartían el poder político en todo el país, como también la dependencia del “oro negro” ocurre con los gobiernos de Chávez y Maduro.

Tras la implosión de aquella democracia liberal, que había dejado al país literalmente en ruinas, con un grado de desigualdad, pobreza y miseria enorme, llega a la presidencia Hugo Chávez y produce un giro radical en cuanto hacia donde se destinaba la renta petrolera. Como alguna vez me dijo un compañero venezolano “Chávez hizo que la manguera del petróleo deje de llenar las cuentas bancarias de las multinacionales y vaya al bienestar del pueblo”. Sin detenernos en esto, solo mencionemos que gracias a esta decisión se crearon más de un millón de viviendas dignas, se encararon misiones sociales, deportivas y artísticas como las maravillosas orquestas populares “Simón Bolívar”. También misiones de salud con la creación de miles de hospitales y salas donde nunca había llegado el Estado en la historia de Venezuela. También, la creación y descentralización de universidades y el enorme crecimiento de la matrícula universitaria, sumado a programas educativos de alfabetización, escuela primaria y secundaria para adultos y entrega gratuita de netbooks para reducir la brecha digital y de acceso a la tecnología; todos derechos y conquistas que beneficiaron a los otrora excluidos del proyecto neoliberal de las décadas anteriores, que derramó esa renta siempre hacia las cuentas de las grandes transnacionales y a los negocios internos de la oligarquía venezolana.

En los discursos de Chávez la caracterización del grave problema de la dependencia petrolera y de continuar con un modelo económico rentístico estuvo siempre presente. Se preguntaba que iba a pasar con Venezuela cuando no haya más petróleo e insistía en diversificar el esquema económico-productivo. La necesidad de divisas provenidas del ingreso por la exportación del petróleo para importar la multiplicidad de productos alimenticios, de salud, indumentaria, entre otros, (que además se acrecientan por el mayor poder de consumo interno de la población dignificada por las políticas redistributivas del chavismo) es quizá una de las principales causas que provocaron las enormes dificultades que afronta el gobierno de Nicolás Maduro en términos económicos-presupuestarios, de acuerdo a la abrupta caída del precio del petróleo desde que comenzó su mandato (de 80/100 U$S el barril en el período 2008/2014, cuando a mediados del 2014 comenzó a descender llegando a alrededor 25%U$S, estabilizándose ahora en 2017 en 40/45 U$S[3]), con clara influencia en esa decisión de las monarquías del Golfo y Estados Unidos en su búsqueda de golpear a Irán, Rusia y Venezuela.

Múltiples razones posibles que pueden conjugarse en esta problemática que no pudo ser solucionada y que inevitablemente conduce a estar en una situación de dependencia: falta de cuadros técnicos y universidades con carreras industriales; incapacidad o falta de cuadros políticos en la gestión económica que aborden detenidamente esta cuestión estratégica; ausencia de una cultura técnico-científico-industrial de acuerdo a la historia económica del país; saboteo constante de la oligarquía venezolana; entre otros.

La dependencia estructural en cuanto a importación de alimentos, medicamentos y otros bienes de consumo, no sólo se ve agravado por esto que mencionamos, sino también porque el gran empresariado venezolano, opuesto fervientemente al chavismo, controla la mayor parte de la cadena de distribución, de logística y de producción, poseyendo entonces la posibilidad de acaparamiento de productos y de remarcación de precios.

 

IV Violencia política y oposición antidemocrática

Ante los constantes intentos de destitución del presidente elegido Nicolás Maduro, se ha viralizado una consigna en el seno de la militancia chavista: “estamos en un 13 permanente”, en alusión a la recuperación del poder ante el golpe de Estado efectuado el 11 de abril del 2002. Uno podría agregar que la oposición al gobierno bolivariano también está en un “11 permanente”.

Las famosas “guarimbas” y actos vandálicos de toda naturaleza, la destrucción de espacios públicos e instituciones gubernamentales, hasta el ataque a hospitales materno-infantiles, son una constante de los modos en que la oposición política y un sector social movilizado bajo sus consignas han buscado deteriorar al gobierno y generar el clima pertinente para el Golpe. El momento más álgido fue en febrero de 2014, cuando las movilizaciones y protestas comandadas por Leopoldo López y el partido “primero justicia” bajo el “Plan la Salida”[4], culminaron con cuarentaitrés fallecidos y durante meses las ciudades principales con disturbios permanentes. El 12 de febrero, este dirigente manifestó en pleno desarrollo de las revueltas que “esto culminará cuando saquemos a quienes nos están gobernando”. Varios dirigentes políticos que impulsaron o apoyaron este Plan, estuvieron también en escena en el golpe del 2002 pidiendo la renuncia de Chávez públicamente y en las calles. Esto muestra a las claras que es una oposición antidemocrática y que la violencia se ha constituido como su principal forma de hacer política.

Cabe aclarar, que la oposición no sólo se compone por los partidos políticos tradicionales. El paramilitarismo hace tiempo viene confluyendo en la estrategia desestabilizadora, mediante el asesinato o persecución selectiva de dirigentes políticos, campesinos y militares y el dominio de barrios o pueblos.

V Doctrina, Organización y movilización popular + Unidad popular-militar

No puedo culminar este análisis en el que intento aportar claves para la comprensión de una delicada situación de un país hermano sin decir que quien escribe es un profundo chavista de corazón y siente un cariño y amistad por Venezuela. Quizá esta sea la razón principal por la cual me explayo en estas líneas con el mayor rigor posible. Porque lo que ocurre en Venezuela duele y el mayor desafío no es “pensarlo en serio” sino comprenderlo y actuar, posicionarse y solidarizarse en consecuencia. Duele porque nadie niega, ni el propio gobierno de Maduro (evidencia de esto es el impulso a la agricultura urbana y comunitaria, los CLAPS para atender el desabastecimiento) las dificultades que el Pueblo vive en su vida cotidiana desde que se desató esta guerra integral con mayor crudeza luego de que el Comandante Eterno se nos vaya de la vida física. Duele la hipocresía mediática de la prensa dominante en Argentina y en el mundo, que logra confundir hasta los propios en algunas ocasiones.

Tampoco puedo terminar sin hacer mención a las causas que considero fundamentales para explicar por qué se sostiene en el poder político-institucional el gobierno de Nicolás Maduro, asediado, cercado y asfixiado desde el ámbito nacional, regional e internacional.

El mensaje de Chávez de su última alocución[5] es para verlo una y mil veces y admirar su grandeza, ética de la responsabilidad y disciplina del compromiso de un hombre entregado a una causa patriótica, popular y humanista hasta en los más delicados momentos físicos. En ese discurso, en el cual sostiene que si por razones de salud no puede continuar ejerciendo la presidencia le pedía al pueblo que apoyen a Nicolás Maduro, el Comandante Eterno ya anunciaba a su pueblo las dificultades del porvenir y como se debían “armar” para afrontarlas. Si pudiera resumir en pocas palabras los ejes de esa armadura diría: patriotismo, unidad nacional, trascendencia, lucha y fe en Cristo. En esas palabras, considero, se condensa su último mensaje doctrinario.

Este mensaje transmitido a su pueblo el 8 de diciembre del 2012 se construye sobre una sólida base constituida por una prédica doctrinaria a la cual Chávez se dedicó durante toda su trayectoria político-cultural. Digo cultural porque sembró con ella un modo de habitar el mundo, un conjunto de valores que guían la acción de millones venezolanos y configuró una matriz de comprensión común sobre los conflictos nacionales, regionales y mundiales.  Y en esa prédica la necesidad de la organización popular, la movilización en las calles, la defensa integral de Venezuela y el amor por la Patria fueron ejes sustanciales de sus palabras dirigidas al pueblo en general y a las fuerzas armadas en particular. Y allí, en la unidad del pueblo movilizado y organizado, y la defensa nacional e integral de las fuerzas armadas ante el intervencionismo extranjero y las conspiraciones internas, se conforma, a mi criterio, el principal factor explicativo de  porqué el “11 permanente” de los golpistas no logra destituir al presidente Maduro y arrasar con la Revolución Bolivariana, aunque si han logrado con sus maniobras reducir la densidad nacional que le permitió gravitar con peso en el plano geopolítico regional y mundial.

Es, en definitiva, la unidad doctrinaria, la organización y la movilización de la alianza popular-militar lo que posibilita resistir en el poder político la guerra integral que hace transitar a Venezuela en “el ojo de la tormenta”.

Por Nicolás Canosa, militante peronista, secretario de relaciones internacionales del CENACK; responsable nacional del frente cultural del Peronismo Militante; estudiante de Sociología (UBA).

[1] http://www.lanacion.com.ar/2012846-la-ultima-chance-para-la-democracia-venezolana

[2] http://i-deal.am/blog/operaci%C3%B3n-venezuela-12-pasos-para-un-golpe

[3] https://www.vtactual.com/es/la-opep-y-la-evolucion-de-los-precios-del-petroleo/

[4] https://www.youtube.com/watch?v=iKKGNOYdcKg Documental “Plan La Salida”.

[5] https://www.youtube.com/watch?v=BKmlHhjMGP0