El mundo con Trump: Crédito de sangre permanente y la retroalimentación del monstruo

 

*Nicolás Canosa

I En el campo de la guerra

Como cuando indagamos sobre el mundo con Trump en el artículo “La política no ha muerto…”[1], aquí continuaremos haciendo la distinción analítica entre el “campo de la política” y “el campo de la guerra”, siguiendo al pensador nacional Jorge Bolívar, con el fin de pensar la complejidad de la época en que vivimos y las correlaciones de fuerzas geopolíticas dinámicas y cambiantes a nivel mundial como al interior de los Estados Unidos.

Esfumadas rápidamente las promesas de campaña del candidato republicano en relación al intervencionismo en Siria, el rol de la OTAN y las guerras (las nuevas fake news de Trump, por las cuales él tanto criticó, no sin razón, a las corporaciones mediáticas opositoras a su candidatura), su presidencia se estrenó con el bombardeo a Yemén, el anuncio del aumento del 10% del presupuesto militar, luego el reciente ataque con misiles a una base del Ejército de Siria, sumado a la aceleración en la intensidad del conflicto en el Mar de China y la península coreana por “la amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos” que significa Corea del Norte, agregado al lanzamiento de la bomba más potente no nuclear a Afganistán. Éstos, entre otros, son algunos de los hechos concretos que nos permiten afirmar que el mundo con Trump evidencia  inclinarse hacia el “campo de la guerra”, terreno al que el complejo militar industrial norteamericano y las empresas armamentísticas han buscado conducir a quienes ocupan transitoriamente la Casa Blanca. La invasión e intervención que todavía perdura en Afganistán desde 2001 y en Irak desde el 2003 con Bush, la escalada de Obama y la OTAN en el norte África, sumiendo en el caos a Libia y Siria, son elocuentes de lo que afirmamos. Las aparentes intenciones de Trump de frenar esta tendencia –asimismo su defensa a los intereses de los trabajadores y su discurso antiestablishment- fueron más, en términos filosóficos, parte de la “forma” en que se manifestó en campaña, que de la “sustancia” real del propio Trump y del Partido Republicano mediante el cual llegó a la presidencia, como también de quienes hoy ocupan los principales cargos y ministerios.

El Estado Profundo de EEUU, con eje en el complejo militar industrial y cada vez más en el complejo securitario digital que analizamos también en este portal[2], ha provocado el “crédito de sangre permanente y la retroalimentación del monstruo” el cual denunciaba Cristina Kirchner el año 2014 en el Consejo de Seguridad Nacional de la ONU[3]. Entre 300 y 400 mil muertes en Siria, más de cinco millones de refugiados, son las escalofriantes consecuencias de estar en manos, como dijo Francisco el jueves santo, de “estar en manos de los traficantes de armas que se benefician con la sangre de las mujeres y los hombres”[4].  Cifra similar o incluso superior, según la fuente, es la que emerge producto de la invasión norteamericana a Irak desde el 2003[5].

Las metodologías y recursos destinados para enfrentar al terrorismo, como sostuvo CFK en ese discurso, demuestran no haber surtido efecto. Cuando uno descubre las coincidencias políticas tácticas entre las organizaciones terroristas y las potencias mundiales y regionales tales como derrocar a Gaddafi en Libia, destituir a Bashar Al Assad en Siria o debilitar a la República Islámica de Irán, como también la influencia en la gestación o en el fortalecimiento de estas organizaciones terroristas como Al-Qaeda, Frente al Nusra o el “Estado Islámico” comienza a pensar que la retroalimentación del monstruo y el crédito de sangre permanente no es por equivocación en el método sino por propio interés de las potencias regionales del norte de África, Israel y las monarquías del Golfo (Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí, a las que curiosamente Estados Unidos no busca “exportar la democracia”), el imperialismo norteamericano y sus aliados europeos en el Consejo de Seguridad de la ONU (Gran Bretaña y Francia). En este sentido es que la ex presidenta argentina les hablaba a los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU y a la comunidad internacional:

“Es más, como miembro de G-20, el año pasado, en San Petersburgo (…) se consideraba la posibilidad de que el gran enemigo era el gobierno de Siria y que los que lo combatían eran los Freedom Fighters. Bueno, se ha descubierto que muchos de los Freedom Fighters ahora forman parte del ISIS. Entonces, ¿quiénes eran los que alimentaban a los opositores y les daban armas y les daban recursos como Freedom Fighters, luchadores de la libertad?”[6]

II  Estado Profundo y la tensión entre el mundo unipolar y multipolar   

El curso de estos acontecimientos desnuda las tensiones entre la ilusión de continuismo del mundo unipolar post- caída de la URSS dominado por Estados Unidos y la existencia concreta de nuevos polos de poder como China, Rusia, India, que convergen en los BRICS con proyectos estratégicos en cuanto al comercio (la Nueva Ruta de la Seda) y la sustitución del patrón dólar como única moneda de intercambio, conjugadas a la insubordinación a los intereses de las potencias occidentales.

En América Latina, si queremos constituirnos como un polo de poder y no seguir siendo un espacio de dominación tanto para Estados Unidos como para las potencias emergentes, debemos seguir las enseñanzas geopolíticas del uruguayo Methol Ferré, quien instaba a que nos conformemos como un “Estado continental industrial” (como lo son las potencias que surgen), con eje en la industrialización, la integración regional y la profundización de la democracia, siendo el desarrollo de la ciencia y la tecnología otro de los aspectos centrales para reducir la dependencia. Esa voz que pudiera elevarse en caso de realizar semejante pero necesaria tarea, no podría eludir la responsabilidad histórica y humanista de constituirse como una voluntad de poder de carácter universal, en el sentido de construir una “comunidad de esperanza”[7] y alentar a un cambio profundo como civilización humana en favor de la paz, el diálogo de civilizaciones e interreligioso, la solidaridad social, la hermandad de los pueblos y la justicia social.

Como es necesario advertir la tensión entre el mundo unipolar y el multipolar, tampoco se puede comprender los sucesos recientes en Siria sin desligar los intereses de un sector importante del Estado Profundo (que no se somete a elecciones en los Estados Unidos pero influye en demasía su política interior y exterior), como no era posible entender la victoria de Trump sin las profundas consecuencias que la etapa de la globalización neoliberal había provocado en amplios sectores de la población norteamericana, que votaron en contra de H. Clinton, quien representaba al establishment político-financiero que generó mayores niveles de desigualdad y pobreza en la propia potencia hegemónica.

El presunto acercamiento con Rusia, como el supuesto aislacionismo o no intervencionismo de Trump, se han desvanecido con las operaciones internas del Estado Profundo, que ha provocado el desplazamiento de altos cargos mediante operaciones de inteligencia y mediáticas (ejemplo de ello es Michael Flynn, ex Consejero de Seguridad Nacional, desvinculado por sus conversaciones secretas con el embajador ruso en EEUU)  como con la reciente acción exterior desplegada en Siria y aprobada por Trump con el lanzamiento de 59 misiles a una base aérea del Ejército Sirio el 7 de abril. Este último acontecimiento produce un inevitable choque de intereses con la Rusia de Putin, que se ha constituido como un factor decisivo para frenar las intenciones de Estados Unidos y la OTAN en derrocar al presidente legítimo Bashar Al Assad, como en la recuperación de territorios dominados por el Estado Islámico en favor del gobierno sirio, con la batalla de Alepo de fines de 2016 como ejemplo contundente en términos militares y en el “campo de la política” con la tarea diplomática junto a Irán y Turquía al declarar el cese de hostilidades el 31 de diciembre del 2016[8].

III Siria en el espejo de Irak y la voz de los pueblos en la dignidad de Bolivia

Los mecanismos de decisión del ataque a Siria y los movimientos realizados posteriores al lanzamiento aprobado por Trump de 59 misiles de crucero Tomahawk contra la base aérea del Ejército Sirio ubicada en Shairat, pueden verse en el espejo del preludio a la invasión a Irak del 2003. Sin haber producido investigaciones por organismos competentes, se argumentó que el gobierno de Bashar Al Assad habría empleado gas sarín contra la población civil en la provincia de Idlib, es decir, armas químicas, a modo de justificación de la decisión unilateral del lanzamiento de misiles, sin consenso alguno del Consejo de Seguridad de la ONU. Luego, con aire prepotente, Nikki Haley, representante de EEUU ante el Consejo de Seguridad, manifestó que “la intervención está plenamente justificada y que están preparados para hacer más”.

La voz de los pueblos que repudian el injerencismo norteamericano se alzó en la dignidad de Bolivia y denunció la violación al derecho internacional ante el lanzamiento de misiles decidido unilateralmente por Estados Unidos. Sacha Lorenti, embajador ante la ONU del Estado Plurinacional de Bolivia, miembro no permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, comparó los sucesos recientes con la burda actuación de Colin Powell representando al gobierno de Bush en el 2003 en el mismo salón, argumentando la existencia de armas químicas nunca probadas en Irak, mostrando un tubito donde supuestamente estaría la prueba, buscando así legitimar la invasión que desencadenó nuevamente –la guerra del Golfo en 1991 como antesala- cientos de miles de muertes y la destrucción del país africano.

¿Hasta cuándo estaremos sometidos a la voluntad de poder de “los señores de la guerra” como dice Francisco?

Sin posibilidad de responder esta pregunta, pero si asumiendo la tarea del momento histórico en que vivimos, debemos construir una voluntad de poder creativa, comunitaria y no destructiva del hombre y la naturaleza, que mediante la asociación y el diálogo evite los peligros de una escalada guerrera mayor a la ya existente y, en efecto, centre su lógica de pensamiento y acción en el bienestar del ser humano y de los pueblos y no en la ilimitada, irresponsable e inhumana reproducción del capital.

Por Nicolás Canosa, militante peronista, secretario de relaciones internacionales del CENACK; responsable nacional del frente cultural del Peronismo Militante; estudiante de Sociología (UBA).

[1] http://cenack.com/la-politica-no-ha-muerto-contribucion-al-dialogo-colectivo-sobre-el-estado-de-la-globalizacion-y-el-mundo-con-trump/

[2] http://cenack.com/sucesos-argentinos-desde-una-perspectiva-geopolitica-prospectiva-complejo-securitario-digital-espionaje-global-y-pos-verdad-o-la-gran-mentira/

[3] http://www.cfkargentina.com/discurso-de-cristina-fernandez-de-kirchner-en-el-consejo-de-seguridad-de-la-onu/

[4] http://www.sinmordaza.com/noticia/418194-el-papa-senalo-que-se-desarrolla-una-terrible-guerra-mundial.html

[5] http://www.bbc.com/mundo/internacional/2010/08/100830_irak_cifras_muertos_rg.shtml

[6] http://www.cfkargentina.com/discurso-de-cristina-fernandez-de-kirchner-en-el-consejo-de-seguridad-de-la-onu/

[7] La sociedad del Poder, Jorge Bolívar (1984).

[8] http://ogeoc.i-deal.am/siria-la-paz-laberinto/