VENEZUELA, OTRA MIRADA

 

*Joaquín Labarta Liprandi.

Abundan en la última década en los medios nacionales e internacionales las notas e informes sobre Venezuela. Se han inventado términos como “Argenzuela”, entre otros tantos, para referirse de manera despectiva, no solo a Venezuela, sino a todo estado soberano que osara tener relaciones con este país. Se ha dicho que es una dictadura, que sus gobernantes son una especie de monstruos que se tragan las almas de opositores. Que no existe libertad de expresión, que los medios son confiscados y los periodistas acallados y tantas otras cosas. La última campaña electoral en España, en donde la Alianza de Izquierda PODEMOS parecía con posibilidades de obtener varios escaños nuevos, los medios españoles, encabezados por el Diario El País, demonizaron a PODEMOS diciendo que eran la reencarnación del Chavismo en Europa, que eran un populismo mezcla del Peronismo y el Chavismo asustando a la población española, respecto de los males que sufrirían de votar esta opción, y de paso, tapando los males socio-económicos que aquejan a los españoles, y centrando toda la campaña española en Venezuela, , escucharon bien, en Venezuela.

Tuve la posibilidad de visitar y conocer esta república caribeña en tres oportunidades. La primera en 2012 con motivo de las elecciones presidenciales de 2012 donde Hugo Rafael Chávez Frías resultara electo presidente. La segunda fue tras su muerte, en 2013, donde varios funcionarios y militantes argentinos realizamos una visita oficial para las exequias del Comandante Chávez. La última fue este año, durante el mes de mayo, con motivo de la inauguración de un Centro de Estudios en el estado de Yaracuy. Si bien en cada visita, volví con impresiones nuevas, hay algunos trazos gruesos que siempre me impresionaron. En mi primera visita, producto de una infección gastro-intestinal tuve que acudir a un médico. Cerca del Hotel, en pleno centro de Caracas, ingresé a una clínica privada y pedí hacer una consulta por guardia. Me informaron que la consulta era de 500u$s americanos y debía dejar una tarjeta de crédito, por si había “extras”. Visité una segunda clínica, y la respuesta fue la misma. Pregunté por un hospital público y me dijeron que no existía, que solo había centros de salud en los barrios más pobres. Me dirigí a uno de esos centros donde me atendieron, me dieron suero y la medicación. Allí, un grupo de médicos cubanos, atienden estos centros en cada barrio carenciado. Fue en ese momento donde descubrí que la salud pública en Venezuela, antes del Chavismo, no existía. Nuestros hospitales en Argentina, con sus más y sus menos, son un derecho adquirido hace ya décadas, desde el primer peronismo. Lo mismo sucede con la educación pública en Venezuela, antes de Chávez, no existía, no es que era mala, era inexistente. Según estadísticas de UNICEF entre 2003 y 2007, el gasto per cápita en educación de la infancia y la adolescencia creció en un 51,8%. Para los Argentinos la educación pública, es un bien inalienable desde Sarmiento, no la negociamos, y la gratuidad y excelencia de nuestras universidades públicas producto del primer gobierno del General Perón, tampoco. Según UNICEF hoy en Venezuela, el 95% de la población tiene acceso al agua potable, y el 93% a servicios de saneamiento. La meta de reducir la pobreza a la mitad se cumplió  en 2007 (del 25% al 12,5%) con otro descenso hasta el 8,7% en 2009. La mortalidad infantil cayó a menos de la mitad y la alfabetización ya alcanza el 98,5% de la población. Estos son algunos de los datos oficiales que muestran la realidad en Venezuela.

Por supuesto que existen problemas, y muy graves. Tengo la costumbre, heredada de mis días de director en el INDEC, de en cada viaje visitar supermercados para ver precios y origen de los productos. Venezuela no produce casi nada de lo que consume. Importa sus alimentos y tecnología, y ha logrado una gran redistribución de la riqueza, desde que la renta petrolera está en manos del pueblo. Pero también es cierto, que el barril de petróleo desde los días de Chávez hasta hoy, ha disminuido su valor, cayendo de unos 100 U$S el barril, a los escasos 40 U$S actuales. Esto produjo una caída en los ingresos venezolanos del 60%, en una economía completamente dependiente de las exportaciones hidro-carburíferas. Los alimentos en Venezuela están en manos de tres familias tradicionales que monopolizan las importaciones y la producción. Los Cisneros, Capriles Radomsky y los Mendoza principalmente, son quienes deciden precio y disponibilidad, y durante todo el siglo XX y lo que va del XXI, han decidido quien gobierna en Venezuela y quién no. Con Chávez intentaron de todo, hasta un golpe, pero no lo lograron, el apoyo popular masivo hizo que retornara al poder luego de ser arrestado y derrocado. Pero en la actualidad han desatado una “Guerra económica” contra el gobierno de Maduro, elevando hasta las nubes los precios de los alimentos, y la inflación. También a diario hacen faltar a la población los productos más esenciales, los cuales importan y derivan al mercado negro, o a Colombia. Las colas de la población para conseguir elementos de higiene personal y también alimentos, sobre todo el Caracas, se ven en cada barrio. Los medios de comunicación bombardean con que los faltantes son productos del gobierno de Maduro, y no de sus Sponsors, como la Polar de la familia Mendoza. Esto ha provocado una crisis generalizada y organizada desde la oposición, que el gobierno socialista resiste. Una de las causales de ésta resistencia está en la alianza entre el gobierno y las Fuerzas Armadas, las cuales son Chavistas y no conspiran para la caída. Otra de las razones está en una militancia activa, y una población que no olvida como vivían antes de Chávez, y como podrían volver a vivir si volvieran las familias tradicionales al poder.

Respecto de los medios de comunicación, que merecen un capítulo aparte, solo diré que al prender la televisión en Venezuela, me di cuenta de que el Grupo Clarín ha sido bondadoso con el último gobierno Peronista, en comparación con lo que hacen con Maduro y Chávez.

También me parece importante reflejar, que el Chavismo desde 1999 a la actualidad perdió 3 elecciones, como las ultimas legislativas, y reconoció todas las derrotas. De hecho en la actualidad, la Asamblea Nacional está en manos de la oposición. Esto tira por tierra, cualquier argumentación sobre la supuesta “dictadura venezolana”.

La región se encuentra ante una restauración neoliberal, y Venezuela no es excepción a estas apetencias. Las caídas mediantes golpes blandos en la región, como el que sufrió Fernando Lugo en Paraguay y Dilma en Brasil son muestras. Recordemos lo que sucedió con Zelaya en Honduras, el intento de golpe en Ecuador en manos de la policía, y los ejemplos siguen.

Venezuela y todos los gobiernos regionales de corte nacional/populares o populistas, que se han atrevido a volcar la balanza hacia los más desposeídos, a recuperar sus recursos naturales, a decirles al mundo “ACÁ GOBERNAMOS NOSOTROS” no serán perdonados. Los medios de comunicación, hoy brazos de grandes corporaciones económico-financieras, trabajan para ello. Hoy están teniendo éxito, y en muchos países como el nuestro, la restauración del poder oligárquico es un hecho, y sus consecuencias están la vista.

Por último, durante los años 70 bajo el fantasma del “Comunismo”, en los 80 y 90 de las violaciones a los “Derechos Humanos” y hoy bajo la lucha contra la “corrupción” se ha terminado con gobiernos populares y democráticos en todo el continente. Quienes perseguían populismos por las violaciones a los derechos humanos, bombardeaban y bombardean el mundo, tienen cárceles clandestinas y dan cursos de tortura. Hoy quienes hablan de “transparencia” y lucha contra la corrupción, como la oposición brasileña o el oficialismo argentino, lo hacen con cuentas en paraísos fiscales, con cientos de causas por lavado y contrabando. Como diría Dady Brieva: “te hablan de moral con la bragueta abierta”.

Los gobiernos populares tienen y tuvieron corruptos, a los cuales solo les deseo una larga vida y una celda chiquitita. Pero ni un corrupto, ni dos, ni 100 invalidan los procesos de transformación, las políticas públicas o el intento de ser libres.

Por Joaquín Labarta Liprandi, Abogado, Escribano y Miembro de la Conducción Nacional del PERONISMO MILITANTE.