¿A dónde va Brasil?

El jueves se cumplió un año de la destitución de la Presidenta, pero el proceso golpista sigue en marcha. Mientras, el vecino país se hunde bajo el gobierno de Michel Temer.

 

*Juan Cruz Campagna

Los sectores neoliberales perdieron cuatro elecciones presidenciales seguidas en Brasil frente a Lula (2002 y 2006) y Dilma (2010 y 2014). Luego, llegaron a la conclusión de que la democracia no les interesa.

Se cumplen doce meses de la destitución de Dilma Rousseff por parte del Senado en el juicio que la apartó definitivamente del cargo. Idearon un proceso para sacarla del gobierno y utilizaron una mayoría legislativa construida con negociados, amenazas, carpetazos y compraventa de votos. Son los mismos que garantizan la impunidad del presidente ilegítimo Michel Temer.

El golpe en Brasil está aún en marcha. Luego del impeachment, la segunda fase es impedir que Lula sea candidato en la elección de 2018, creando hechos judiciales contra él.

Brasil en venta

Michel Temer cuenta con una tasa récord del 95% de los ciudadanos que rechaza su gobierno, lo que no le impide tomar decisiones todos los días en perjuicio del pueblo brasileño. Al congelamiento del gasto público por 20 años y la contrarreforma que destroza los derechos laborales se sumó la semana pasada una brutal oleada de privatizaciones de empresas estratégicas.

Serán privatizados puertos, aeropuertos, autopistas, terminales marítimos, loterías y hasta la Casa de la Moneda, responsable de la emisión de dinero. Además de la enajenación de Petrobras y del pre-sal, están a la venta tierras y sus recursos estratégicos, las riquezas minerales y bancos públicos. Son en total 57 empresas que se ponen a disposición del capital privado.

Entre los 14 aeropuertos que serán privatizados se encuentra el de Congonhas, en San Pablo, que es el segundo más importante del país y que da beneficios de 1700 millones de dólares anuales al Estado.

También se anunció que nuevas áreas de los yacimientos de petróleo en aguas profundas (pre sal), serán llevadas a la venta. Empresas de todo el mundo podrán participar sin estar asociadas a la estatal Petrobras. Es decir que las inversiones de miles de millones de dólares para operaciones en aguas profundas que fueron realizadas por el Estado brasileño, serán aprovechadas por empresas multinacionales.

Otras de las decisiones impactantes ha sido la de privatizar la Electrobras, una de las mayores generadoras eléctricas del mundo, que controla 47% del sistema de distribución en el país. La empresa tiene bajo su órbita 47 usinas generadoras hidroeléctricas, 144 termoeléctricas y 69 eólicas, responsables por 47 mil MW, que representa el 32% de toda la energía generada en Brasil.

El daño es mayor si se piensa en que se trata de los mecanismos que tenía el país para lograr la independencia económica y el desarrollo. Petrobras había recuperado la industria naval y la construcción civil pesada. Electrobras garantiza abastecimiento energético fundamental para la producción y la vida cotidiana de Brasil.

En total, el gobierno espera recaudar unos 15 mil millones de dólares. De ese monto, unos 6.800 millones de dólares vendrán de la venta de Eletrobras. En los últimos diez años las inversiones públicas en la empresa estatal sumaron casi veinte veces más.

A esto hay que sumar el mayor temor de los sindicatos: la ola de despidos que se vienen luego de que las empresas sean administradas por los privados.

¿Cuál es el argumento para vender las joyas del país? El de siempre: el enorme déficit fiscal producto del despilfarro de la “pesada herencia” de los gobiernos de Lula y Dilma.

La presidenta constitucional depuesta de Brasil, Dilma Rousseff, en un acto en Río de Janeiro bajo el título “Brasil un año después del golpe”, donde evaluó la agenda de retrocesos sociales, políticos y económicos implementada por el gobierno de Michel Temer. Día 31/8/17.

En definitiva, parece ser el regreso a un Brasil colonial, que se “integrará” al mundo como mero productor de materias primas, sin ningún tipo de valor agregado y sin industria, ciencia ni tecnología propias.

Al mismo tiempo, la democracia brasileña fue muy debilitada por una elite económica y política egoísta, atrasada e irresponsable. El golpe recurre a la venta predatoria del patrimonio público al capital internacional y a la destrucción de la soberanía para sobrevivir.

En un contexto de recesión económica, con una tasa de desempleo de 13% que afecta a 14 millones de brasileños Michel Temer logró aprobar en el mes de julio la reforma laboral, que contiene la posibilidad de elevar la jornada de trabajo a doce horas diarias, realizar contrataciones de forma discontinua, mantener trabajando a mujeres embarazadas en lugares insalubres, reducir el tiempo de almuerzo y realizar recortes en los salarios, entre otros aspectos.

Un gobierno sin votos y con menos del 5% de la población que lo apoya ha destruido o reducido todos los programas sociales importantes como Farmacia Popular, Mi Casa Mi Vida, Más Médicos, Ciencia sin Fronteras, Luz para Todos, Bolsa Familia, entre otros, por lo que millones de brasileños están volviendo a caer en la pobreza y la indigencia rápidamente.

Desde que derrocaron a Dilma Rousseff todos los indicadores sociales han empeorado, incluyendo el trabajo. Sin embargo, Temer sostiene que las medidas apuntan a “generar empleos”, utilizando un discurso también muy conocido en Argentina mientras se aplican medidas de ajuste.

Brasil es la punta de lanza de un nuevo y gigantesco ensayo neoliberal para América del Sur.

*Por Juan Cruz Campagna. Lic. En Ciencia Política y Administración Pública, Docente e investigador universitario.