Del neoliberalismo a los desafíos posneoliberales

*Gabriel Villalba Pérez

Preludio de neoliberalismo

Es de vital importancia para la comprensión del presente trabajo, abordar el neoliberalismo partiendo de una definición clara y precisa. Para tal fin, recurriré al profesor David Harvey, que en su obra: ‘Breve Historia del Neoliberalismo’ nos presenta este fenómeno como aquella teoría política-económica tendiente a la promoción empresarial privada, la desregularización económica estatal y el abandono de las políticas sociales públicas a ser remplazadas por iniciativas de carácter privado mercantil. El neoliberalismo implica reducir el Estado a un mero gendarme y promotor del “libre mercado”, extirpándole paulatinamente su condición natural de actor principal de desarrollo.

Paradigmáticamente la historia nos demuestra que las políticas neoliberales nunca pudieron ser implementadas en tiempos normales. Para ser aceptadas, requirieron de acontecimientos traumáticos o catastróficos, de momentos de confusión y desconcierto en la población. Así lo explica Milton Friedman en su libro ‘Capitalism and freedom’, “Solo una crisis —real o percibida— da lugar a un cambio verdadero. Cuando esa crisis tiene lugar, las acciones que se llevan a cabo dependen de las ideas que flotan en el ambiente. Creo que esa ha de ser nuestra función básica: desarrollar alternativas a las políticas existentes para mantenerlas vivas y activas hasta que lo políticamente imposible se vuelva políticamente inevitable”. Friedman, precursor del neoliberalismo, admite que sus teorías económicas no serian aceptadas en condiciones democráticas normales, por lo que generar situaciones de crisis extraordinarias es fundamental para la aplicación de las políticas neoliberales.

A modo de ejemplificar lo anteriormente expuesto, remontémonos al golpe militar de Augusto Pinochet en Chile, sin ese quiebre histórico (situación extraordinaria de crisis) el modelo neoliberal jamás hubiera podido ser impuesto en el vecino país, el dictador chileno, adulado del imperialismo norteamericano, adoptó todas las recetas neoliberales. Cual mejor alumno, se encargó de hacerlas cumplir asesinando a sus opositores en un régimen macabro sin precedentes. Otro ejemplo, es el de Margaret Thatcher, que requirió de La Guerra de las Malvinas (condición extraordinaria de crisis) para imponer sus políticas neoliberales planificadas con anterioridad, pero imposibles de aplicar hasta ese momento.

Para Bolivia, el neoliberalismo llegaría en 1985, en junio de ese año se celebraron las elecciones, obteniendo la mayoría de los votos (28,57%) el ex dictador Hugo Banzer. La memoria colectiva era tan frágil y al estar viviendo una situación económica hiperinflacionaria, el pueblo olvidó los centros mineros militarizados, las torturas, desapariciones y asesinatos de la época dictatorial terrorífica de Banzer, el pueblo terminó votando con la mano en el bolsillo estrujando papel moneda que no valía nada. El segundo lugar en aquellas elecciones lo obtendría Víctor Paz Estenssoro con un 26,42% del total de los votos. El tercer lugar (y clave para definir al presidente) sería para Jaime Paz Zamora (8,86%). Como ninguno de los candidatos había logrado mayoría absoluta le tocó al Congreso Boliviano escoger al presidente entre los tres candidatos más votados. El MNR logró los sufragios del MIR y Víctor Paz Estenssoro fue proclamado presidente, asumiendo el 6 de agosto de 1985.

Exacerbando la crisis boliviana de ese entonces con la emblemática frase: “Bolivia se nos muere”, el presidente Víctor Paz Estenssoro presenta el Decreto Supremo No. 21060 que inaugura el neoliberalismo en nuestro país. Se implantaba el bolsín y la flotación del tipo de cambio, se fomentaba y legalizaba la libre contratación flexibilizando los derechos laborales, se liberaban los precios de bienes y servicios, se otorgaban una amplia promoción a la libre e irrestricta importación, políticas neoliberales que llevaran al cierre paulatino de las principales empresas estatales privatizándolas de inicio y capitalizándolas posteriormente.

El Decreto Supremo No. 21060 eliminó la hiperinflación a costa de dejar sin trabajo y sin futuro a 30.000 familias mineras. La “relocalización” fue la medida de despido masivo más radical en toda la historia de nuestro Estado hasta nuestros días.

El anti-neoliberalismo                                                   

Las políticas neoliberales tan impopulares y repudiadas por su carácter anti-pueblo fueron combatidas desde su implementación. Así tenemos la lucha incansable de la COB, trinchera de resistencia de los trabajadores mineros en particular y de todos los trabajadores oprimidos por las políticas neoliberales en general.

La Marcha por la Vida es, sin lugar a dudas, un hito histórico en la lucha de resistencia al modelo neoliberal. Los trabajadores mineros cohesionados por un instrumento político de movilización como fue la Tesis de Catavi, marcharon de Oruro hacia La Paz exigiendo la abrogación del Decreto Supremo No. 21060, la expulsión del FMI y la cohesión latinoamericano para no pagar la deuda externa adquirida en tiempos dictatoriales. La dirigencia de la Marcha por la Vida, a pocos kilómetros de La Paz, ante un cerco militar, de ametralladoras pesadas y livianas, el constante sobrevuelo de aviones caza, de tanques y tanquetas en el horizonte esperando la orden para abrir fuego; demostró su madurez sindical al no arriesgar innumerables vidas y cedió esa batalla al régimen neoliberal.

La consecuencia fue una situación social extremadamente grave, con un bajo nivel salarial y alto desempleo. Se produjo un intenso incremento de la economía informal en las principales ciudades que se vieron inundadas por vendedores callejeros, el contrabando se maximizó a la par de la corrupción estatal. La “relocalización” conllevo procesos masivos de migración del occidente al trópico cochabambino y a las grandes ciudades del eje. El movimiento cocalero alimentado por la experiencia sindical y movilizadora de muchos ex – trabajadores mineros, cobró una fuerza que cambiaría la historia del país.

La larga noche neoliberal con actores impulsores de estas políticas como Gonzalo Sánchez de Lozada (como ministro, asesor económico y presidente), Samuel Doria Medina (como asesor económico y ministro) desangraron la economía del país, rifando nuestras empresas estratégicas, reprimiendo al pueblo económica, política y psicológicamente.

Por otro lado, jamás debemos olvidar a los actores de resistencia tal cual lo fueron la FSTMB y la COB con protagonistas comprometidos con sus bases, el pueblo y todos los trabajadores bolivianos. Me refiero a Filemón Escóbar y Edgar (huracán) Ramírez, entre muchos otros dirigentes sindicales.

Pero la lucha anti-neoliberal continuaría hinchada de un compromiso social que no descansaría viendo a su pueblo sufrir. Así un hito importantísimo contra el Estado neoliberal fue la ‘Guerra del Agua’ el año 2000, bajo la presidencia de Hugo Banzer Suarez. Insurrección popular contra el incremento de un 20% en la tarifa del agua, servicio básico universal que había sido capitalizado; el Consorcio Aguas del Tunari pretendía lucrar aún más con una población pobre donde el servicio era deficiente y no llegaba a las comunidades y poblaciones periféricas, frente a esto los pobladores comunitarios cavaron sus propias zanjas y fuentes de agua, pero el consorcio privado Aguas del Tunari pretendió cobrar por todas esas instalaciones hechas por los pobladores, además de querer agregar un impuesto al agua de lluvia.

Cocaleros del chapare, juntas vecinales, campesinos, estudiantes y toda la población cochabambina, pagando con un centenar de heridos reprimidos por el estado, lograron la revocatoria del Decreto Supremo No. 25413 de concesión al Consorcio Aguas del Tunari y de la Ley No. 2029 que cedía todos los derechos de establecimiento de costos sobre recursos hídricos a dicho Consorcio.

Este hito revolucionario histórico sedimenta las bases de nuevos liderazgos políticos de corte anti-neoliberal. Participaron de esta insurrección figuras políticas actuales, que mas que protagonistas, lograron ser y hacerse forma multitud, estoy hablando de luchadores sociales de la talla de Evo Morales Ayma (actual presidente del Estado Plurinacional de Bolivia) y René Orellana (actual ministro de planificación del desarrollo) entre muchos otros.

Otro episodio de la lucha anti-neoliberal sin duda de suma importancia para entender nuestra actual coyuntura política fue la ‘Guerra del Gas’ el año 2003. Insurrección contra la decisión gubernamental de exportación de gas sin abastecer el mercado interno y a un precio ínfimo, acorralados los intereses gubernamentales aliados a los transnacionales; en octubre de ese mismo año, contra un presidente que personificaba el neoliberalismo y había decidido asesinar al pueblo militarizando el Alto y la sede de gobierno, tras la lucha en las calles con muertos y heridos Gonzalo Sánchez de Lozada huye del país para renunciar posteriormente. Tras la ‘Guerra del Gas’, derrotados ya los intereses transnacionales; convocar a nuevas elecciones; nacionalizar los hidrocarburos; convocar a una asamblea constituyente y una construcción posneoliberal de los bolivianos para los bolivianos; se avizoraban como los objetivos de un horizonte irrenunciable.

El posneoliberalismo

Tras la asunción de Evo Morales como presidente, personificación de la acumulación revolucionaria histórica, de todas las luchas anti-neoliberales, de la Bolivia india y excluida (ganando las elecciones con un 54% del total de los votos, terminando con la democracia pactada y el cuoteo político). Vivimos la violencia de grupos fascistas el 2008 con el golpe cívico prefectural. Estos grupos financiados por la oligarquía alejada del poder, recurrieron a la toma de instituciones de forma violenta, esa esencia anti boliviana se denominó “La media luna”. Derrotadas esas últimas trincheras de oposición recalcitrante, se promulga el 2009 la Nueva Constitución Política del Estado dando paso al Estado Plurinacional y a la revolución democrática y cultural.

Debemos estar conscientes que en 10 años, 5 fueron de recuperación del Estado para los bolivianos, arrebatándolo de los intereses ultraconservadores y neocoloniales de esa derecha reaccionaria anti-patria y anti-pueblo. Y otros 5 años de gestión pública propiamente dicha con un Estado Plurinacional en plena consolidación, deconstruyendo aún viejas estructuras del estado republicano.

Desafíos posneoliberales

La base política social de este proceso es evidentemente la clase popular y la indígena originaria campesina, pero para ser un proceso totalizante no debe limitarse única y exclusivamente a esta base social. Debemos apartarnos paulatinamente de la vergüenza social (esa de la que nos habla Pierre Bourdieu) característica de nuestra clase popular y empezar a perforar capas sociales que hace 10 años eran impermeables.

Adquiere suma importancia hoy más que nunca la formula Gramsci – Lenin – Gramsci de construcción de la hegemonía en un campo político de superestructuras en constante cambio y donde se debe derrotar al enemigo esgrimiendo las ideas revolucionarias socialistas, los nuevos paradigmas civilizatorios y los logros de este gobierno. En el campo de batalla ideológico debemos derrotar e incorporar.

Me permito parafrasear a la profesora Ana Esther Ceceña cuando en una de sus clases no instaba a trabajar categorías propias de la mano de nuestra rica historia para resignificarla. Desde lo cultural el desafío es la construcción de un horizonte civilizatorio en contraposición al “american way of life” que es la construcción cultural neoliberal.

Principalmente la juventud debe formarse de forma integral con el humanismo revolucionario del Che Guevara, luchar por ser aquel hombre nuevo. Cada acción nuestra debe ser con el compromiso y la disciplina legados por Lenin. Y fundamentalmente debemos formarnos coherentemente articulando la teoría y la praxis del intelectual orgánico que a cabalidad lo definió y vivió Gramsci.

Los desafíos posneoliberales son enormes, porque la estrategia geopolítica de dominación imperial se reconfigura de forma proporcional a los logros de nuestros procesos. El socialismo se construye con una economía fuerte tal cual nos enseño el Che, jamás debemos perdernos en esa lección.

Un lastre que cargamos son los funcionarios públicos (ahora “servidores públicos”), en su mayoría, sujetos inconscientes del momento histórico que estamos viviendo. Los servidores públicos sin formación política no sirven de nada, y peor aun los servidores públicos que ni siquiera tienen la predisposición o el interés de formarse políticamente. Así, estos sujetos no defienden el proceso actual y se avergüenzan de salir a las calles porque son ignorantes de los campos de acción política. No entienden la calle como la entendemos los revolucionarios, como nuestro habitad natural. La identidad política se la debe defiende en todas partes. Acá no nos sirven los tibios, o se es radical o no se es nada.

La sociedad debe reconfigurarse imponiendo los valores de la juventud como los valores de la nueva sociedad. Nuestro discurso político debe ser reinventado y debemos enamorar al pueblo cada día combatiendo sin misericordia la corrupción, más aun si es dentro de nuestras filas. Se deben fortalecer y promover nuestros liderazgos juveniles para seguir construyendo alternativas posneoliberales con perspectivas innovadoras.

Por Gabriel Alejandro Villalba Pérez, abogado, militante de la Generación Evo, conductor del programa radial y televisivo Sangre Combativa y escritor para diversos medios sobre coyuntura nacional e internacional.