Crónica para hoy

*Ismael “Manelo” González

Fidel

De nuevo te ciñes la estrella al pecho

Para emprender el viaje,

Como aquel 25 de noviembre

En que el Granma -en azarosa noche-

Inició su travesía hacia la Historia.

Conociéndote, resulta insuficiente

El azar concurrente lezamiano

Para explicarnos hoy la coincidencia,

Aunque sé que ahora partes hasta siempre

Para dejar fijado el rumbo a la Victoria.

Ismael González (Manelo)

La Habana, noviembre de 2016

Hoy aparentemente se inició una nueva semana, pero en realidad salimos este lunes a empezar una era, y apenas unas pocas palabras y unos sobrios gestos nos indican que algo muy importante ha cambiado para nosotros, y lo resume una frase contundente, apenas audible, que no parece expresar duda: “ahora vamos a saber cuánto hacía él todavía”, y entiendo que refiere esa compañía suya que tanta seguridad nos aporta, su alerta permanente y oportuna.

Hoy 5 de diciembre, por supuesto, nunca hubiese pasado inadvertido, pues son decenas las obras que están de aniversario este día que honra a los constructores cubanos, muchas inauguradas por él con el ansia de crear círculos infantiles y escuelas, industrias y centros de investigación, viviendas y urbanismos; pero sus celebraciones ahora se cargan de un peculiar sentido de recuento y compromiso, con el que se reverencia su fecundo quehacer.

Hoy ya sabemos que no habrá monumento ni estatua que lo represente, que ninguna plaza o calle adoptará su nombre, y como ya alguien dijo, es propio de él y hay que respetarlo; tanto se le conoce desde siempre, que en todos estos años muchos lo evocamos nombrando Alejandro a nuestros hijos, en íntima complicidad de que no pareciese un culto a Fidel, pues no le gustaría, y esa larga tradición no está ni podrá estar ceñida a leyes que no sean las de la admiración y el amor.

Hoy se conoce, como nunca antes, el lugar donde habita, misterio y leyenda de todos estos lustros en que nunca supimos dónde pernoctaba, o simplemente pasaba sus consabidas escasas horas en que se apartaba de la perenne vigilia; ahí está el monolito impresionante, cuya dureza nadie osa dudar, asentado firmemente para la posteridad; aunque se supiera -ganado por derecho propio- no está resultando fácil imaginarlo en el panteón de los héroes con quienes ha cerrado filas para siempre.

Hoy su mirada de la foto parece llegar desde Santiago, serena y convocante, propicia el diálogo sincero, el examen de conciencia que demanda la frase que nos dimos de “Yo soy Fidel”, que es cosa tremenda repetírsela mientras lo tienes frente a frente; es entonces cuando se hace más notable que al despedirse nos instó a revelar lo mejor de cada quien, a lucir cuánto valioso tenemos dentro como pueblo, cuánta firmeza nos acompaña para mostrar al enemigo, cuánto podemos hacer todos unidos.

Hoy estamos a 445 días del 24 de febrero de 2018, y hay que avanzar “sin prisa, pero sin pausa”, emplear cada hora en estudiar y encontrar respuestas y soluciones, en decidir y actuar a favor de nuestro socialismo próspero y sostenible, en fomentar y enaltecer los valores humanos que caracterizan al verdadero revolucionario; estos días han tornado el dolor en fervor, han afianzado la unidad en la diversidad, nos han hecho mejores y más patriotas, y es deber de todos y cada cual preservar y cultivar este invaluable aporte que Fidel sabiamente nos supo legar durante su travesía, en estas horas que compartimos ese silencio ensordecedor, como alguien advirtiera.

Hoy de nuevo ondea la bandera en lo más alto del mástil, y al mirarla el cielo es más azul y brilla más el Sol, como entonces -que es también ahora y será siempre- cantamos a la Patria, que aspiramos nos contemple orgullosa.

Por Ismael “Manelo” González, coordinador del ALBA Cultural.