Correr detrás de los acontecimientos

*Mariano Memolli

Los vuelos militares de la Fuerza Aérea Británica a Malvinas existieron, de eso no queda duda. Pero sí queda duda sobre la política y esfuerzos que la actual gestión de Macri le dedica a sostener la soberanía en Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur, con los espacios marinos circundantes y el rol de esta política en la escala de vuelos militares británicos a su fortaleza militar.

El acuerdo (aunque se lo llame oficialmente de otra manera) entre Gran Bretaña y Argentina fue un éxito contundente para la diplomacia británica al demostrar al mundo su posición dominante respecto a la Argentina en los temas vinculados a las islas del Atlántico Sur. El comunicado conjunto, como prefirió llamarlo la actual Canciller junto con la carta de Theresa May a Macri en dónde utilizó el topónimo de “Flakland Island” en una carta dirigida a un Presidente de la Nación Argentina, marcaron un cambio en la política exterior intentando bajar la supuesta conflictividad del gobierno anterior y mostrar el “cambio”.

En medio de la efervescencia del inicio de una gestión se implementó este sistema de política hasta que la presión de la opinión pública los obligó a morigerar el discurso macrista de apertura indiscriminada a Gran Bretaña, e incluso generar la salida del vicecanciller Carlos Foradori. Lo que no cambió fue la política internacional.

A comparación de la posición anterior de plantear el asunto Malvinas en todos los foros internacionales, tomarlo como una política de Estado real, la temática perdió agenda por falta del impulso del propio Estado interesado. Sin un impulso propio los demás tampoco levantaran el problema, en especial los países con gobiernos conservadores y abiertos a colonizaciones culturales en dónde el conflicto de Malvinas los incomoda. Esos gobiernos no serán más papistas que el Papa. En cambio sí se siente más cómoda la diplomacia británica que uno de los enclaves colonialistas más antiguos sale de la prioridad de la agenda en varios foros internacionales a instancia del propio interesado.

La Argentina venía de excelentes logros políticos y diplomáticos en la comunidad internacional, apoyos en muchos foros a la posición del anterior gobierno, pero al llegar el “cambio” hubo sorpresas. La propia República Argentina cambiaba de posición y sería más complaciente con el Reino Unido, le abrió sus mercados y una política de acercamiento en dónde el asunto Malvinas sería de baja intensidad y con miras a trabajos conjuntos muy beneficiosos en Antártida y zonas pesqueras subantárticas. No hace falta ser un gran analista para entender la lógica de los terceros involucrados en tomar una posición más tranquila y ventajosa para sostener mejores relaciones con una potencia económica y militar como el Reino Unido.

La falta de integración regional también jugó un papel importante en la falta de políticas para Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur con los espacios marinos adyacentes. Si una política de Estado es cancelar acuerdos entre países por problemas ideológicos con sus gobiernos, la discusión pasa por alentar desacuerdo y rupturas en vez de trabajar por la positiva y mejorar los puntos de contacto en coincidencias.

En momentos de recesión y de despidos, se gastan excesivas sumas de dinero para mantener embajadas con personal que debe evitar que ocurran estos inconvenientes. Esos aviones jamás debieron aterrizar en suelo brasileño porque la diplomacia nacional y los agregados militares de la Embajada Argentina en Brasil tendrían que haber operado con urgencia para que el Reino Unido no pudiera lograr su cometido.

Si la Embajada Argentina comunicó a la Cancillería y esta no actuó con la premura del caso, el problema es mayor. El conflicto y los reclamos tuvieron lugar luego de un programa periodístico de C5N, y por el impacto en la opinión pública. Es inaceptable para un sistema diplomático como el argentino que tiene especialistas destacados en la materia en dónde la iniciativa la marca un programa de televisión.

La falta de presencia de Malvinas en la agenda internacional provoca el desinterés de los terceros estados para dar paso a esta situación consumada. El gobierno británico logró su objetivo. Los aviones aterrizaron, cumplieron con el enlace logístico para su fortaleza militar en Malvinas y, un objetivo no menor concretado, generar un conflicto y recelos entre dos países hermanos que meses atrás tenían una posición sólida respecto a la soberanía argentina en Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y espacios marinos circundantes.

Sería injusto creer que Itamaraty otorgó un permiso a aviones militares británicos a sabiendas, también puede ocurrir que algún militar brasileño no considerara importante notificar a su cancillería sobre estos movimientos. Pero sí es muy relevante anticiparse a los hechos y resaltar siempre el interés sobre la causa Malvinas en todas las embajadas de Argentina en el exterior, recordar en toda Latinoamérica, en todas las reuniones entre militares y funcionarios vinculados a la defensa, que no hay claudicación por Malvinas, aunque las señales desde las altas esferas del gobierno hayan sido otras. Volver a tener a Malvinas y su entorno en lo más alto de la agenda de la Política Internacional.

Los hechos no ocurren solos. Se dan por un entrelazado de circunstancias que llevan a una situación de conflicto. No es correcto pensar que la culpa es solo de Brasil, es muy posible que se trate de una ingeniería diplomática del Foreign Office del Reino Unido con una excelente eficacia en su objetivo no advertida o no valorada correctamente por las autoridades nacionales, llevando a que Argentina corra detrás de los acontecimientos.

Por el Dr. Mariano A. Memolli Presidente ECOAntártida