El conflicto geopolítico venezolano en clave gramsciana

 

*Nicolás Canosa

El pensamiento de Antonio Gramsci posee una vitalidad enorme para analizar fenómenos políticos actuales. Comprender los diferentes niveles que componen las disputas de poder entre distintas fracciones sociales, es decir, establecer los múltiples grados de las correlaciones de esas fuerzas, es imprescindible para realizar el análisis de situaciones. En este artículo, trataremos de analizar la coyuntura venezolana desde el esquema para el análisis de situaciones[1] que propone Gramsci y vincularlo a un concepto central: la hegemonía, entendida como la capacidad de un grupo social de conducir moral, cultural e intelectual a la sociedad civil. Creemos que, en la Argentina contemporánea, es necesario advertir que está sucediendo en un país donde se juega el destino de la región en su conjunto; más aún, cuando las corporaciones mediáticas han otorgado una centralidad enorme a este tema y manipulan intencionalmente la información, dificultando una interpretación precisa acerca de los múltiples elementos que hacen a las tensiones políticas, económicas y sociales que está viviendo Venezuela.

I Las dimensiones de las correlaciones de fuerzas

Gramsci plantea que se debe comenzar por observar las correlaciones de fuerza internacionales. Podríamos extendernos sobremanera analizando este ámbito, pero de acuerdo a la extensión posible, nos centraremos en dos aspectos que se encuentran muy vinculados.

En primera instancia, hay que destacar las conflictivas relaciones que existen desde la llegada del chavismo al gobierno del Estado con los Estados Unidos, que no ha variado con ninguno de los gobiernos con los cuales coincidió desde su emergencia. Tanto Bush, legitimando el golpe de Estado en 2002[2]; Obama señalando a este país como “una amenaza extraordinaria a la seguridad nacional de los EEUU”[3]; como Trump, advirtiendo que “no descartan el uso de la intervención militar en Venezuela”[4]; así como el director de la CIA Mike Pompeo, diciendo públicamente que están articulando acciones con los gobiernos de México, Colombia y Perú para destituir al gobierno de Maduro, son evidencia de esta confrontación[5]. En este marco, Venezuela se constituye como uno de los puntos nodales de la tensión entre el mundo unipolar y el mundo multipolar. Desde esta perspectiva, es posible comprender las declaraciones en defensa de la no injerencia norteamericana en los asuntos internos de Venezuela, por parte de China[6] y Rusia[7], como las crecientes relaciones económicas-comerciales establecidas con estos países, incluyendo a Irán, India y Bielorrusia en menor grado.

El segundo punto en términos geopolíticos que merece destacarse, es el retroceso de la estratégica integración regional soberana que se comenzó a construir desde comienzos de este siglo, a causa del cambio de rumbo en Argentina y Brasil, los dos países con mayor peso específico de América del Sur. De esta manera, las correlaciones de fuerza en los espacios de integración fueron cada vez más desfavorables para el país bolivariano, lo cual decantó en la suspensión/expulsión del Mercosur, bloque al que había ingresado en el año 2012 de manera plena. La Unasur y la CELAC, se encuentran en un inevitable estancamiento y la OEA se configuró como un factor central de la presión diplomática.

Por último, en el aspecto de las correlaciones de fuerzas internacionales, hay que señalar que, al decir de Gramsci, la oposición al gobierno bolivariano se constituye con sobradas evidencias como el partido del extranjero que “representa la subordinación y sometimiento económico a las naciones hegemónicas”[8].

Añadido a esto, Gramsci plantea que, por lo menos, hay tres grados de correlaciones de fuerzas que hay que observar con detenimiento. Las sociales, las políticas y  las militares. Cada una de ellas nos brinda herramientas fundamentales para la comprensión del fenómeno venezolano. Por cuestiones de espacio, realzaremos los aspectos considerados más importantes de cada una, a conciencia de que no se agotan en lo aquí esbozado.

A las correlaciones de fuerzas sociales, las define como “ligada a la estructura, objetiva, independiente de la voluntad de los hombres y que puede medirse con los sistemas de las ciencias exactas o físicas”[9] (población, empresas, etc). De esta definición, realcemos una característica clave: Venezuela es la reserva de petróleo más grande del mundo y como indicaba Klare ya en el año 2001, “considerar el sistema internacional en términos de recursos en disputa ofrece una guía a posibles zonas de conflicto en el siglo XXI”[10]. Desde esta característica objetiva se puede conjeturar la trascendencia geopolítica de Venezuela en la estrategia norteamericana, así como la estructura económico-cultural rentística que no se logró transformar en los últimos años, con lo cual la economía venezolana continua siendo muy dependiente de los vaivenes del precio internacional del petróleo.

Las correlaciones de fuerzas políticas son vistas por el italiano como la “estimación del grado de homogeneidad, de autoconsciencia y de organización alcanzado por los varios grupos sociales”. Brevemente, podemos visualizar que esto ha tenido oscilaciones por parte de los dos bloques en disputa, el nacional-popular “bolivariano” y el oligárquico o partido del extranjero como vimos antes. Cuando el chavismo más pudo conformarse como fuerza motora de las “energías nacionales” fue cuando más dispersa estuvo la oposición, que en una elección, por ejemplo, no presentó candidatos (2005), considerado un error posteriormente por quienes lo decidieron. En los últimos años, fundamentalmente luego de la muerte de Chávez (2013) y la abrupta caída del precio del petróleo en 2014-15 pudimos observar una “crisis de coyuntura” en el chavismo y una aglutinación de la oposición en diciembre del 2015 cuando triunfa por una marcada diferencia en las elecciones legislativas. Crisis de coyuntura de la cual pudo reponerse con la convocatoria exitosa a una Asamblea Nacional Constituyente el 30 de julio de este año, ante lo cual el chavismo recuperó la iniciativa política –victoria táctica en el marco de una ofensiva estratégica- luego de un lapso importante de conflictividad política –que no cesa- y también de violencia en las calles, la cual nos lleva al tercer eje que Gramsci sostiene que es preciso considerar, señalando previamente la ratificación de este curso con el importantísimo triunfo en las elecciones regionales del domingo 15 de octubre, en la cual se obtuvieron 18 sobre 23 gobernaciones y se obtuvo un 54% de los votos a nivel nacional. Asimismo, se manifiesta una crisis de homogeneidad y de coincidencias en las tácticas emprendidas en la oposición interna al gobierno venezolano, que se expresa por ejemplo en quienes reconocen los resultados y quiénes no. Liderazgos como el de Capriles se ven deteriorados por su derrota en Miranda a manos del joven dirigente Héctor Rodríguez y la Acción Democrática –que triunfó en 4 de los 5 distritos opositores-, comandada por Ramos Allup, aparece ahora como el sector opositor principal.

Ahora sí, para pensar la dimensión de las correlaciones de fuerza militares en el caso venezolano creo conveniente referirse al golpe de Estado a Hugo Chávez en el año 2002, frustrado por la fidelidad de un sector leal de las Fuerzas Armadas y por la movilización popular que exigía la aparición de Chávez en el Palacio de Miraflores. Sostengo esto porque, tras evitar esta trágica situación que mantuvo en la Isla Orchila incomunicado al presidente constitucional durante 48 horas, el triunfo popular ante el partido del extranjero reflejó en el Estado “como condensación de las relaciones de fuerzas” la potencialidad del bloque nacional-popular conducido por Hugo Chávez, que le permitió a partir de allí avanzar con la profundización de la Revolución Bolivariana. En este marco, la depuración de las Fuerzas Armadas y una política dirigida a la formación de conciencia nacional y anti-imperialismo de sus integrantes, que enfatizó en el rol fundamental que tiene este sector en la defensa de la Patria, se hizo hegemónica en el seno de las fuerzas militares. En efecto, esto explica la imposibilidad de la oposición de filtrarse con efectividad en las mismas y, de la misma manera, el fracaso en la búsqueda de destituir a Nicolás Maduro con sus iniciativas violentas, que tuvieron su pico más alto en febrero/mayo del 2014 y marzo/junio del 2017, mediante la acción de fuerzas paramilitares, como por la violencia en las calles de grupos armados y de manifestantes que han seguido la lógica destituyente mediante la destrucción de instituciones, hospitales, escuelas y las famosas “guarimbas”.

Hegemonía y organización popular

La noción de hegemonía, entendida como la capacidad de dirección moral, intelectual y cultural de la sociedad civil es central para comprender la situación en Venezuela. Explica por qué, a pesar de los obstáculos en términos objetivos, políticos y militares, es posible que se sostenga en el gobierno del Estado el proyecto bolivariano. No porque el gobierno ejerza efectivamente la hegemonía, la cual, como en Argentina, está en disputa. Sino porque, en su lucha y trabajo por conseguirla desde sus inicios, ha logrado consolidar un considerable bloque social (sostenido en la alianza cívico-militar) decidido, preparado y organizado para afrontar con firmeza y patriotismo las adversidades –por supuesto que con dificultades- en los tres ejes mencionados y resistir la ofensiva internacional imperialista con la cual comenzamos el análisis.

Pero, como afirma Gramsci, todo análisis de correlaciones de fuerzas no debe ser un fin en sí mismo. Sin desconocer las contradicciones que todo proceso político contiene, pero advirtiendo la desembozada ofensiva norteamericana, que no descarta una intervención militar, desde aquí, el sur de la Patria Grande, nos preguntamos: ¿No nos esforzaremos por combatir el sensacionalismo mediático que impide una correcta apreciación de uno de los puntos de conflicto geopolítico de mayor centralidad en la actualidad? ¿No vamos a posicionarnos en favor de la paz, el diálogo, la no intervención extranjera y la solidaridad ante este momento trágico?

Venezuela está sufriendo una guerra integral: diplomática, económica, financiera, militar, para-militar, cultural y psicológica, en un contexto muy desfavorable para las fuerzas populares de la región. Terminemos con una cita de Gramsci y otra de Perón en un discurso de imprescindible lectura, que atraviesan y explican en gran medida las conflictividades del proceso político que aquí hemos analizado:

“El elemento decisivo de toda situación es la fuerza permanentemente organizada y predispuesta desde mucho tiempo antes, la cual puede ser lanzada hacia adelante cuando se juzga que una situación es favorable (y será favorable sólo en la medida en que exista una fuerza así y esté llena de ardor combativo); por eso la tarea esencial consiste en curarse sistemática y pacientemente de formar, desarrollar, homogeneizar cada vez más y hacer cada vez más compacta y consciente de sí misma a esa fuerza” (Gramsci)[11].

“Es indudable que nuestro continente, en especial Sudamérica, es la zona del mundo donde todavía, en razón de su falta de población y de su falta de explotación extractiva, está la mayor reserva de materia prima y alimentos del mundo (…) precisamente en estas circunstancias radica nuestro mayor peligro, porque es indudable que la humanidad ha demostrado -a lo largo de la historia de todos los tiempos- que cuando se ha carecido de alimentos o de elementos indispensables para la vida, como serían las materias primas y otros, se ha dispuesto de ellos quitándolos por las buenas o por las malas, vale decir, con habilidosas combinaciones o mediante la fuerza. Lo que quiere decir, en buen romance, que nosotros estamos amenazados a que un día los países superpoblados y súper industrializados, que no disponen de alimentos ni de materia prima, pero que tienen un extraordinario poder jueguen ese poder para despojarnos de los elementos de que nosotros disponemos en demasía con relación a nuestra población y a nuestras necesidades. Ahí está el problema planteado en sus bases fundamentales, pero también las más objetivas y realistas (…) Es esa circunstancia la que ha inducido a nuestro gobierno a encarar de frente la posibilidad de una unión real y efectiva de nuestros países, para encarar una vida en común y para planear, también, una defensa en común” (Perón)[12].

 

*Por Nicolás CanosaDirector de Relaciones Internacionales del Centro de Estudios Nuestroamericano Chávez Kirchner (CENACK-Peronismo Militante). Integrante de la Comisión de Integración Regional y Asuntos Internacionales del Instituto Patria.

 

[1] GRAMSCI, A. (2011): Antología. Buenos Aires, Siglo XXI. (Selección)

[2] Recomendamos ver aquí el documental “La revolución no será transmitida”.

Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=Cko8R2ZSEzE&t=4s

[3] Recuperado de: http://www.bbc.com/mundo/ultimas_noticias/2015/03/150309_ultnot_eeuu_venezuela_sanciones

[4] Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=yM0iCoWmzSs

[5] Recuperado de: http://www.jornada.unam.mx/2017/07/25/mundo/020n1mun

[6] Recuperado de: http://www.hispantv.com/noticias/china/350436/venezuela-eeuu-trump-opcion-militar-injerencia

[7] Recuperado de: http://www.resumenlatinoamericano.org/2017/07/19/putin-lanzo-una-advertencia-a-eeuu-por-venezuela-no-intenten-desestabilizar/

[8] GRAMSCI, A. (2011): Antología. Buenos Aires, Siglo XXI. (Selección)

[9] Ídem

[10] KLARE, M. (2001): La nueva geografía de los conflictos internacionales. Foreign Affairs.

[11] GRAMSCI, A. (2011): Antología. Buenos Aires, Siglo XXI. (Selección)

[12] PERÓN, Juan Domingo (11-11-1953). En la Escuela Superior de Guerra. http://archivoperonista.com/sites/default/archivos/discursos/juan-domingo-peron/discurso-en-escuela-nacional-guerra-426.pdf