Cambiemos: una política exterior sin “imaginación creativa” (I)

 

*Julián Velázquez

*Nota publicada en politicaentrenaciones.com

Ha pasado un año y medio desde que Mauricio Macri asumió la presidencia de Argentina, imprimiéndole un brusco giro a la política exterior desplegada durante 12 años por el kirchnerismo. De este modo, se reafirma una constante de lo que ha sido el vínculo de nuestro país con el mundo, y las estrategias que han adoptado los sucesivos gobiernos en sus múltiples relacionamientos con los actores del sistema: su carácter errático y pendular entre modelos de desarrollo diferenciados. Así, la alternancia entre los proyectos “nacional y popular” y “neoliberal”, en términos de Aldo Ferrer, “refleja la dificultad para construir un proyecto de desarrollo hegemónico viable y de largo plazo”.Tal, y no otro, es nuestro drama como país.

Escuchar que las nuevas gestiones deshacen lo que hicieron las anteriores es una expresión vox pópuli que se escucha en cada esquina del país. Ese dicho intuitivo tiene su correlato en la realidad: si Néstor Kirchner primero y Cristina Fernández de Kirchner después privilegiaron una integración regional positiva[1], la lucha contra los hold-outs y el reclamo soberano sobre las Islas Malvinas, Cambiemos tomó otro camino: el redireccionamiento de la asociación con los países vecinos, el oneroso pago a los tenedores de deuda y un cambio de estrategia (o la falta de una) respecto al archipiélago.

Es motivo del presente artículo caracterizar la naturaleza de la política exterior macrista y, en un segundo posteo, pasarle revista a las variaciones de rumbo ya mencionadas, para concluir con unas reflexiones teóricas. Antes, sin embargo, resulta preciso definir algunos conceptos.

Corazonadas equivocadas

Hans Morgenthau, en su libro Política entre las naciones. La lucha por el poder y la paz, acuñó el concepto de “imaginación creativa”, la cual permitiría “detectar los desarrollos germinales del futuro” mediante el conocimiento de las corrientes de poder actuales y presentimientos sobre escenarios venideros (1986, p. 199). Para el padre del realismo moderno:

El éxito o el fracaso de una política exterior, en tanto dependa de las especulaciones sobre el poder, se determina por la importancia relativa de las corazonadas correctas o equivocadas que tuvieron los responsables de una política exterior determinada en una nación, como así también por las de aquellos que conducen la política exterior de otras naciones (1986, p. 194).

¿Por qué sostengo entonces que el equipo de Macri, considerado por él mismo como “el mejor en 50 años”, no posee dicho atributo? Porque la lectura de la realidad internacional que realiza es errónea, como veremos a continuación.

A contramano del mundo

Detrás de los enunciados voluntaristas o expresiones de deseo emanados desde Cambiemos (“volver al mundo”, “construir relaciones maduras y sensatas con todo el mundo”, etc), lo que en realidad se busca es, como advierte Luis Leandro Schenoni, “revigorizar las relaciones con Estados Unidos de América y Europa, a costa de las relaciones con Rusia y ciertos vínculos con China cultivados por CFK”[2].

¿Es negativo per se el hecho de querer intensificar la relación con EEUU y el Viejo continente? Antes de brindar cualquier respuesta, es necesario preguntarse cuáles son los objetivos detrás de esa meta (1) y analizar el contexto internacional en el que nuestro país está inserto (2).

Existen tres respuestas para el primer interrogante:

  • Se sostiene la idea equivocada de que amigarse con los Estados Unidos le permite a nuestro país ubicarse del lado de los triunfadores de la globalización,algo que mencionan los especialistas Damián Paikin y Daniela Perrotta[3].
  • El macrismo, en su búsqueda de inversiones para la reactivación de la economía argentina, ve en el país del norte una fuente importantísima de IED[4]. La cancelación de la deuda con los fondos buitre y la flexibilización de las regulaciones cambiarias constituyeron “señales amistosas” a los mercados, que tienen por objeto el reingreso del país al circuito financiero internacional.
  • Potenciar las relaciones con el Viejo Continente busca destrabar el TLC Mercosur/UE,tema que desarrollaremos en el apartado correspondiente.

Respecto al contexto internacional, y aquí falla Cambiemos en la evaluación de las corrientes de poder actuales, Estados Unidos no es el hegemón que alguna vez fue, mucho menos Europa, aún sumida en una crisis económica cuya conclusión no es sencillo vislumbrar. No obstante, Cambiemos está empecinado en fortalecer el nexo con tales jugadores, en tiempos donde las potencias emergentes, con China a la cabeza, cuestionan el orden nacido tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial, con sus reglas e instituciones. En vez de integrar esa coalición revisionista de países, Macri insiste en volver al tradicional realineamiento con Washington y la UE.

La historia demuestra que en tiempos de crisis, y frente a una arena internacional turbulenta (estado de cosas que se aprecia hoy por hoy), el margen de maniobra de los países de poder medio, como Argentina, se incrementa, posibilitando la adopción de senderos de crecimiento más autonómicos. La política exterior tendría que perseguir este objetivo. Pero la actual administración está dejando pasar el tren, descartando alianzas con potencias alternativas que permitirían, si no terminar con la dependencia, al menos diversificarla (Dallanegra Pedraza, 2009).

Imposible referirnos al contexto internacional sin brindar precisiones sobre el “pulso” de la economía: sus desequilibrios han revitalizado planteos proteccionistas en distintas latitudes del planeta, a tal punto que el FMI se apresuró a advertir contra sus efectos. Veamos si no el caso de Donald Trump, quien más allá de que se considere a sí mismo un free-trader, en realidad sus planteos son más propios de los de un economic nationalist[5]En Francia, a pesar del triunfo de Emmanuel Macron en las elecciones de mayo último, el “proteccionismo inteligente” formulado por la ultraderechista Marine Le Pen tuvo una calurosa acogida entre los votantes galos. Tampoco debemos ignorar que el Brexit la ha significado un duro golpe al libre comercio en Europa. Y a contramano de este estado de cosas, Macri ha enarbolado las banderas del neoliberalismo, caracterizado por:

  1. Confianza en las virtudes del mercado
  2. Apertura incondicional al orden mundial
  3. Prescindencia en la distribución del ingreso
  4. Énfasis en la producción y las exportaciones primarias y las finanzas[6]

Posiblemente, el colmo de esta miopía por parte de la administración Macri para comprender el derrotero actual de las relaciones internacionales, haya sido su expreso deseo de integrar en un futuro el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, por sus siglas en inglés), del cual EEUU terminó de retirarse.

Un último comentario: la estrategia de inserción internacional de Cambiemos pareciera ser una reedición light o descafeinada de las “relaciones carnales”, preconizadas en su momento por Guido Di Tella, quien fuera canciller durante el mandato de Carlos Menem. En la década de los 90, con la aplicación del Consenso de Washington, el supuesto “final de la historia” de Fukuyama y la consolidación del neoliberalismo económico, el margen de acción de nuestro país era demasiado estrecho como para permitir una política exterior autónoma. En esos años, parecía no haber alternativa a encolumnarse tras el dominio norteamericano y obedecer los dictámenes del Consenso de Washington. Pero hoy la historia es otra.

Ideología, y mucha

Con este apartado concluiremos lo que nos propusimos al inicio del artículo: caracterizar la naturaleza del macrismo.

Desde el inicio de la actual gestión, sus principales referentes han insistido en la “desideologización” de la política exterior. Pero Norberto Bobbio declaró en su momento que “no hay nada más ideológico que declarar la muerte de las ideologías”. De modo que, pese a todo, Cambiemos posee “un conjunto de ideas y de valores concernientes al orden político que tienen la función de guiar los comportamientos políticos colectivos”[7]. Así lo afirma Nicolás Comini:

Detrás de cada proyecto político subyace un paquete de ideas, intereses, preferencias y programas que lo caracterizan. El gobierno de Cambiemos cuenta con el propio, aun cuando no tenga interés en denominarlo ´ideología’ y aunque existen, en su interior, diferentes compromisos políticos, económicos y hasta religiosos[8]

Y cuando se trata de caracterizar dicha ideología, el politólogo José Nun es taxativo:

El presidente y sus principales colaboradores –varios de ellos fueron CEOs de grandes empresas –suelen negarse a aceptar filiaciones ideológicas sin advertir que el propio sentido común que guía sus decisiones es de cuño neoliberal[9]

Aldo Ferrer es de la misma opinión que Nun. En una nota titulada “El regreso del neoliberalismo”, el reconocido economista inscribió al macrismo en esa corriente. Por su parte, el historiador Ezequiel Adamovsky se pronunció de igual manera: “Para mí no hay dudas de que el macrismo es una fuerza neoliberal”. Aunque sí lo diferencia de la experiencia noventista, al señalar que la actual gestión ha recurrido al gradualismo y no a una “terapia de shock” para implementar su plan económico, y también porque “a nivel discursivo por lo menos el PRO no plantea un retiro del Estado”.

En la próxima publicación analizaremos los cambios de rumbo ejecutados respecto a la integración regional, el reclamo sobre las Malvinas y el pago a los hold-outs, tema que necesariamente demandará una breve mención del proyecto económico macrista. A modo de conclusión, esbozaré algunas reflexiones, desde lo teórico, sobre la política exterior argentina, a fin de comprender más acabadamente los lineamientos de Cambiemos en esa línea.

[1] Como explican Paikin y Perrotta (2016), retomando los aportes de Scharpf (2001) sobre el tema, una integración positiva es aquella generada a partir de políticas distributivas, mientras que la negativa está vinculada a la eliminación de barreras al comercio.

[2] Schenoni, Luis Leandro. La política exterior argentina después de los Kirchner. Iberoamericana, N° 61, marzo 2016.

[3] Paikin, Damian y Perrotta, Daniela. La Argentina y la Alianza del Pacífico: riesgos y oportunidades de una nueva geopolítica. Revista Aportes para la integración latinoamericana. Junio 2016.

[4] Aquí la evaluación es correcta: EEUU encabeza el ranking en lo que se refiere a inversión, seguido de España y los Países Bajos. Los anuncios en ese rubro por parte de empresas de capital estadunidense, hasta fines de marzo del presente año, contabilizaban 7.600 millones de dólares. Respecto al comercio bilateral, Estados Unidos es el tercer socio de Argentina, después de Brasil y China. Desde hace 12 años que dicho intercambio es deficitario para nuestro país (unos USD 2.529 millones en 2016), a pesar de que en comparación al 2015 el rojo de la balanza se redujo en un 40, 6 %. Consultado el 12 de junio de 2017 en http://www.infobae.com/economia/2017/04/26/eeuu-se-consolida-como-el-tercer-socio-comercial-de-la-argentina/

[5] The Economist, may 13th-19th 2017.

[6] Ferrer, Aldo. El regreso del neoliberalismo. Le Monde Diplomatique. Edición Cono Sur. Marzo 2016.

[7] Bobbio, Norberto. Diccionario de Política. Ed. Siglo XXI, 1991.

[8] Comini, Nicolás. La ideología de la desideologización. Le Monde Diplomatique. Edición Cono Sur. Junio-Julio 2017.

[9] Nun, José. Avatares y sesgos del capitalismo criollo. Revista Ñ. Sábado 1 de abril de 2017.

*Por Julián Velázquez. Periodista / Licenciado en Relaciones Internacionales (UNLa)